Hace mucho, mucho tiempo que se llevan contando historias sobre el final de los grandes iconos superheroicos. Todos tenemos en mente grandes historias como... Veneno: El fin, de Adam Warren

Hace mucho, mucho tiempo que se llevan contando historias sobre el final de los grandes iconos superheroicos. Todos tenemos en mente grandes historias como Qué le sucedió al Hombre del Mañana, en la que Alan Moore nos narra los últimos días de Superman, o El regreso del Caballero Oscuro, la inmortal obra de Frank Miller protagonizada por un inolvidable Batman crepuscular. Pero no han sido las únicas. Aquí y allá, periódicamente, han ido apareciendo últimas historias, todas ellas no canónicas, dado que las grandes editoriales no van a acabar definitivamente con ninguno de sus grandes personajes, y aunque fueran a hacerlo, es imposible predecir los bandazos de la continuidad. Con esa idea en mente, Marvel crea en 2002 la línea El fin, en la que se narrarían historias de este tipo. Las hubo muy interesantes, como la de Hulk, escrita por Peter David, la del Castigador, de Garth Ennis, o la de los Cuatro Fantásticos, con Alan Davis como autor completo. Por supuesto, también las hubo totalmente olvidables, como las de los X-Men o Lobezno. El caso es que en 2010 la línea cayó en el olvido, pero en 2020 resucitó con seis especiales más. Aprovechando que acaba de terminar la memorable etapa de Donny Cates al frente de la serie de Veneno, Panini ha incluido, muy acertadamente, en la colección regular uno de ellos, el protagonizado por nuestro simbionte preferido.

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Uno de los puntos más interesantes que tenían los tebeos más inspirados de la línea El Fin era que cogían características importantes, incluso definitorias, de los personajes y las llevan hacia el final de la vida de los personajes. Y con esa idea en mente se plantea este número dedicado a Veneno, pero centrado en ideas planteadas por Donny Cates en los últimos tiempos, que ha hecho una reinvención del personaje comparable -salvando las obvias distancias- a la que hizo Alan Moore con la Cosa del Pantano. Aprovechando el concepto de los Códex, aquí se juega con la idea de que los simbiontes tienen un intercambio genético con los huéspedes que los llevan -como se vio en Matanza Absoluta– y con ella plantea una historia que lleva hasta el final de la vida biológica en el universo.

La reconversión de Veneno, de versión oscura de Spiderman a entidad cósmica, da mucho juego. Tiene todo un nuevo campo de historias que explorar, más interesantes que el bicho que hace treinta años pululaba por las calles de Nueva York buscando sorber los sesos de sus víctimas. Y la historia que nos cuentan en este número es… densa. Aquí, la línea del tiempo nos cuenta la historia de Veneno, desde los últimos tiempos de su simbiosis con Eddie Brock hasta un punto un trillón de años en el futuro. Espera, ¿«la línea del tiempo nos cuenta»? Sí. Este tebeo es… rarito. Un tanto confuso en su narrativa, y plagado de jerga pseudocientífica, pero tiene conceptos potentes. Una narrativa bastante diferente a lo que estamos acostumbrados en el medio. La historia se nos va narrando en cuadros de texto, y las ilustraciones son pin ups que acompañan al texto. Es, en definitiva, un relato ilustrado con apariencia de cómic, pero no es un cómic.

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El guion de Veneno: El fin viene firmado por Adam Warren, una de las figuras más destacadas del Amerimanga noventero, al que recordamos por Dirty Pair, Bubblegum Crisis o Gen13, pero aquí está en un registro diametralmente opuesto a lo que recordamos de él. Las ilustraciones corren a cargo del recién llegado Jeffrey Cruz, un autor del que sólo hemos visto en castellano un cómic basado en el videojuego Overwatch, y aunque estéticamente cumple, habría que verle en un cómic más tradicional para poder juzgar sus capacidades narrativas.

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En resumen, Veneno: El fin es un cómic… diferente. No es ni de lejos la típica grapa que te ventilas en dos minutos. Requiere una lectura mucho más atenta, y quizás incluso una relectura para terminar de pillar lo que nos quiere contar el guionista. Se aprecia el esfuerzo de hacer algo que no sea lo de siempre, pero quizás se haya pasado de frenada haciendo algo que, en su corta extensión, se hace una lectura un tanto ardua.

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Enrique Acebes

Enrique Acebes

Quien con monstruos lucha cuide de no convertirse a su vez en monstruo. Cuando miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti.

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