Comentábamos en la reseña del primer tomo de País de pesadillas que, aún siendo un claro producto derivado del legendario Sandman de Neil Gaiman, estábamos ante una serie que tenía una alta y objetiva calidad por sí misma y no como reemplazo nostálgico de una de las mejores obras de la historia del cómic. En esa historia quedaron varios cabos sueltos que podían dar lugar a una continuación -todas las series de Universo Sandman ambientadas en el Sueño han tenido varios volúmenes-, que han dado lugar a una nueva miniserie, La casa de cristal.

Y las mismas sensaciones que nos dio el primer volumen las tenemos en el segundo, pero amplificadas en todos los aspectos. Si la sensación en País de pesadillas era opresiva, en La casa de cristal es abiertamente terror. Si teníamos algunos elementos de Sandman, en esta nueva entrega James Tynion IV utiliza directamente todos los recursos de la creación de Neil Gaiman… y otros del mismo autor, pero de fuera del cómic. Y si la primera incursión de Tynion en el Sueño fue francamente interesante, aquí directamente nos ha dejado con ganas de más y queriendo que DC le haga un contrato indefinido de cronista del Reino de Daniel.
Argumentalmente, La casa de cristal continúa donde lo dejó el tomo anterior. Seguimos teniendo por aquí a Kells y a Madison, pero en un estado un poco más perjudicado del que tenían a principios de la primera miniserie de País de pesadillas, como consecuencia de lo que ocurrió a lo largo de esa serie. También tenemos al Corintio, que sigue teniendo un papel importante, pero ya no es parte central de la trama. Nuestra pesadilla preferida se hace a un lado y deja paso a más, muchos más, personajes de la legendaria serie de la que salió.
Entramos en La casa de cristal de la mano de Max Lee, un hombre que trabaja en una empresa de tiburones para inversores, que se encontrará con lugares, personas y sucesos que entenderá cada vez menos. Su jefe es un tal Ken, al que solo con el nombre identificarán los lectores veteranos de Sandman, más aún con la portada que hace referencia a los sueños que el personaje en cuestión tenía en La casa de muñecas. Vaya, parece que el muy capullo consiguió el éxito que buscaba. Ken se lleva a Max a un turbio local llamado El rey del dolor -ese nombre ya lo vimos en Tres septiembres y un enero-, donde tus deseos se hacen realidad.

Así, iremos viendo por aquí a trabajadores del Sueño, a demonios del infierno, a brujas (Tesalia tiene un número dedicado en exclusiva a ella), a algún que otro Eterno, y más de una encarnación de alguno de ellos, a musas… un toque de La casa de muñecas por aquí, algo de Estación de nieblas, el momento más turbio de Un juego de ti… incluso el título de esta serie, País de pesadillas, es una referencia a País de sueños. Tynion tiene claro qué es lo que quieren ver los lectores de País de pesadillas y se lo da, pero teniendo una personalidad propia y no intentando imitar el estilo de Neil Gaiman a cada palabra que escribe, por mucho que su presencia sea omnipresente. Incluso tenemos por aquí al Ángel Moroni, una figura clave del mormonismo. ¿Y acaso hay una religión más americana, más American Gods, que los mormones? Quizás Tynion no se separe tanto de la obra de Gaiman como Mike Carey cuando hizo Lucifer, pero es una obra con clara voz propia, no como muchos de los pastiches descafeinados que leímos en los 90.
El arte de Lisandro Estherren complementa a la perfección el tono oscuro y sórdido del guion de Tynion. Estherren tiene un estilo suelto y expresivo que encaja totalmente con el ambiente onírico y distorsionado de la historia. Las figuras antropomórficas están dibujadas de forma estilizada, casi abstracta, lo que contribuye a esa sensación de inquietud y desorientación. Los fondos, especialmente en las secuencias que transcurren en el reino de las pesadillas, están cargados de detalles que parecen sacados de un sueño desquiciado. Sombras que se retuercen, arquitecturas imposibles y criaturas grotescas pueblan cada página, haciendo que el lector se sienta tan incómodo como los personajes protagonistas.
El especial protagonizado por Tesalia está dibujado por la artista barcelonesa María Llovet. Su estilo es totalmente diferente al de Estherren, pero consigue crear la atmósfera que esta serie necesita, aunque con un estilo más etéreo y menos irreal que el de el otro artista. Ambos hacen un trabajo impecable.

Si bien el primer volumen de País de pesadillas quedaba razonablemente cerrado aunque con posibilidades de continuación, éste termina directamente con un «continuará». Y nos ha gustado tanto que aquí estaremos como un clavo cuando salga la tercera entrega. Eso sí, tocará esperar. Este segundo tomo en castellano salió a la venta seis meses después de terminar la serie en grapa americana, y aún ni siquiera ha sido anunciado el primer número de la siguiente serie, con lo que hasta finales de 2025 no tiene pinta de verse por aquí. Paciencia.


