La carrera de K. O’Neill hasta el momento va por un rumbo bastante fijo. Todas sus obras están ambientadas en un mundo de fantasía (que bien podría ser un universo compartido) y tienen una temática y un dibujo que las convierte en muy aptas para lectores infantiles. La última obra publicada suya es Una canción para dos y llega una vez más de la mano de La Cúpula y Brúfalo Lector, donde una vez más se aboga por historias de promoción del respeto y de inclusión, contadas con suma delicadeza, de una manera muy natural. Se suma así a obras como La guardiana de las polillas, Bahía Acuicornio, o La Sociedad de los dragones de té y sus dos secuelas.

Rose es una joven aspirante a Guardabosques que se encuentra en su último año de aprendiz. Para su disgusto, su último destino está en un sitio muy tranquilo donde apenas tiene que pasear por el bosque y acompañar a un joven pastor, Leone, quien apenas presta atención a su trabajo y pasa el tiempo ensayando con su violín. Una imprudencia de la joven Rose provocará que acabe herido su fiel yegua alada, lo que provocará, desde ese momento, que se replantee si es apta para desempeñar ese trabajo. Y no será lo único que se replantee.
O’Neill habla, una vez más, de los temas que le interesan: expresión de género, identidad… pero lo hace de una manera muy natural. Prefiere contar historias con muchas lecturas y moralejas diferentes, que no están centradas exclusivamente en esa temática, sino que el hecho de que su protagonista atraviese una crisis la hace pasar por una fase de incertidumbre a nivel general, en el que la crisis de identidad no es más que otra pieza más que suma lo mismo que su síndrome del impostor o las diferencias en sus relaciones con los compañeros. Creo que no hay mejor manera para mostrar estos temas a lectores jóvenes que no tomarlos por tontos, entre otras cosas porque lo que refleja esta obra es lo mismo que se van a encontrar en la vida real: un mundo plural, lleno de gente diferente a la que se debe respetar. En ese aspecto, es fabuloso el personaje de Leone, un alma libre que, si bien es algo alocado y descuidado en su trabajo, no juzga a nadie y acepta a todo el mundo tal como es. La propia protagonista se sorprende al verle reaccionar así, haciendo una clara alusión al mundo real, en el que por mucho que se abogue por una libertad de identidad sigue habiendo un gran peso de prejuicios con respecto a los demás. Además, es un personaje que tiene su propio arco evolutivo y funciona muy bien.

Lo más bonito de estas obras es que están cargadas de valores, algo imprescindibles para lectores jóvenes: respeto, sí, pero también responsabilidad en tu trabajo, cómo se deben aceptar las consecuencias de nuestros errores y trabajar para remendar el posible daño que podamos causar. Anima a los niños a no venirse abajo cuando las cosas no salgan como uno desea, y les muestra cómo al final la situación va tomando el cauce predestinado, sin que a veces necesitemos más que aceptarlas desde un primer momento para evitar tristeza y preocupaciones innecesarias. Para ello crea unos personajes que son todos amables y empáticos, incluso los más «negativos» tienen un lado bueno sin que haya ninguno que nos vaya a producir sentimientos negativos, más allá de la frustración de la injusticia de algunas situaciones, pero son cómics muy positivos por lo general, con un ritmo y unas ambientaciones pausadas, bucólicos en todo momento.
En cuanto al dibujo, O’Neill sigue evolucionando e investigando técnicas. En esta ocasión está realizado íntegramente con la herramienta Procreate, lo cual se nota especialmente en el coloreado, con algunos efectos acuarela bastante agradables. Además, la obra cuenta con un apartado final de bocetos, muy completo y en el que se puede apreciar cómo ha necesitado trabajar previamente, sobre todo para las escenas con caballos, animales que no siempre resultan fáciles de dibujar, y menos cuando tienen alas y vuelan… Es un catálogo de bocetos que incluye desde diseños de personajes, pruebas para portadas, estudios de animales, o previas de página y storyboards.

En definitiva, Una canción para dos es una obra fabulosa para poder dejar a un niño. Una historia fantástica, con escenarios naturales preciosos y un canto de amor hacia la naturaleza, que transmite valores cada vez más importantes para las nuevas generaciones venideras: respeto tanto a uno mismo como hacia otras personas y una llamada a la responsabilidad. Un dibujo que los fans de O’Neill ya conocemos bien, pero que para los que aún no hayáis leído nada suyo veréis en las muestras incluidas en esta reseña que es muy amable, con tonalidades pastel que enamorará a los más pequeños. Igualmente, creo que es muy apta para lectores adultos, como ya comenté en obras anteriores, son cómics que dejan una sensación de paz en el cuerpo y una sonrisa en los labios.
Lo mejor: Los valores que transmite siempre O’Neill, y la manera de hacerlo. La manera tan natural en la que se abordan que pueden resultar tan complejos para un niño.
Lo peor: A pesar de lo bien hecho que está, no la recomendaría a lectores que se opongan al abordaje de temas como la identidad o expresión de género.


