Aunque el autor comenzó a preparar esta obra antes de que la pandemia de Covid se extendiera por todo el planeta… la verdad es... Un fantasma

Aunque el autor comenzó a preparar esta obra antes de que la pandemia de Covid se extendiera por todo el planeta… la verdad es que Un fantasma  es de esas obras que aparecen en un momento muy oportuno. Astiberri publica una obra que gira en torno la expansión de un virus mortal que está asolando el planeta, y cómo una organización militar en el poder intenta controlarla de una manera más bien drástica. Efectivamente, no tiene mucho que ver con la situación actual, pero solo con decir «virus mortal que se expande», ineludiblemente se nos viene nuestra situación a la mente.


Y es curioso cómo Arnau Sanz se esfuerza por mostrarnos una situación que premeditadamente intenta alejarse de la ficción a la que estamos acostumbrados. Vemos escenas en las que un personaje que es tiroteado o acuchillado se muestra incapaz de decir frases molonas «como en las películas», sino que el shock por las heridas dan pie a muy poco. Pero el destino ha querido reforzar su intención a través de una situación en la que la comparación con la realidad es inevitable.

La historia se narra, principalmente, desde dos puntos de vista: el de una superviviente que intenta huir de la purga que están realizando los militares; y el de un sargento de la organización en el poder, que cumple sus órdenes y se deja arrastrar por la jerarquía militar. Esto permite que analicemos los puntos de conexión y de divergencia entre ambas posturas. Y son más de los que podríamos imaginar antes de leer la obra: la superviviente va a tener que tomar decisiones moralmente discutibles, y va a dejarse llevar por su instinto de supervivencia. El general tiene su propia familia y va a tener momentos  en los que difiera en opinión con las directivas de su organización. Muestra así el autor dos personajes que comienzan aparentando ser la buena y el malo pero que, a medida que avanza la historia, pierden los límites de esa polarizada moralidad.


El dibujo de Sanz es muy original, mostrando los personajes como formas geométricas de colores planos, sin apenas rasgos faciales y con contrastes muy marcados en el color. A pesar de la falta de expresividad facial, el autor tira de recursos sutiles como líneas faciales a modo de lágrimas o de marcas en la cara por el adelgazamiento de algún personaje. Además, los militares uniformados están representados con una calavera en el casco, dejando bien claro con el dibujo que son los malos de la historia. A pesar de lo original y de que demuestra que la narrativa no viene marcada por el detalle del dibujo, tengo que reconocer que es un estilo arriesgado, que puede provocar cierto rechazo en un alto porcentaje de lectores más acostumbrados a un estilo «mainstream».

Sanz se formó en la Escola Joso y no es un novato en el mundo del cómic, teniendo varias obras editadas y viniendo de un pasado en el mundo del fanzine bastante prolijo. No obstante, el estilo que muestra aquí, es un giro en su obra. Si bien mantiene esa narrativa minimalista y esas formas sencillas, el tipo de dibujo no contorneado y con colores planos difiere del de otras de sus obras como Albert contra Albert  o Llavaneres .


En definitiva, Un fantasma  supone una crítica al poder y una reflexión sobre la moral humana cuando es llevada al límite. Una obra que muestra el azote de una pandemia y cómo es contenida cuando las curvas de crecimiento se disparan, aunque no esperéis ver una obra con un análisis sanitario de la situación. La infección no es más que la excusa para hablar sobre la naturaleza humana y cómo la moral puede ser algo lábil en determinadas situaciones. Con un estilo gráfico potente y original, plantea el tratamiento de la situación contado desde los dos extremos enfrentados de la historia.

Lo mejor: La reflexión moral sobre la naturaleza humana. El debate que puede generar la obra. El riesgo que asume el autor con ese estilo gráfico tan peculiar.

Lo peor: Precisamente ese estilo gráfico puede provocar cierto rechazo a un sector de los lectores potenciales.

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Alejandro Martínez

Alcalde no electo de Star City. Conocido en determinados círculos como "El páharo". Era el único que justificaba sus artículos en esta web, pero los caciques que la dirigen me han obligado a dejar de hacerlo... Sniff sniff.

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