Anticipo honestamente que raramente me vais a leer hablar mal de un cómic de Shintaro Kago, lo cual no quita para que pueda comentar aspectos negativos puntuales que le pueda ver a alguna de sus obras. Hoy voy a comentaros la última de sus obras editada por el sello Moztros, Tract, un manga que contiene dos obras cortas del maestro del eroguro: Tract y Industrial Revolution and World War. La primera de ella, de 64 páginas a color se publicó originalmente en 1991 y la segunda, de 26 páginas en blanco y negro, en 2015. Ambas comparten como rasgos comunes el hecho de ser obras sin ningún diálogo ni texto, y como casi todas las obras de Kago, el género, el gore y que parecen sacadas de una pesadilla. Lo que viene a ser un cómic cualquiera de este autor…

La primera de las dos historias, que da nombre al tomo que hoy nos ocupa, está formada por algunos capítulos en los que el elemento común son estructuras vermiformes, sean unos fideos que comen los personajes protagonistas, cables de televisores o robots, o desagradables gusanos que infestan las tuberías de una casa. Las historias muestran cómo en todas las situaciones, dichas estructuras van abriéndose paso y acabando con la vida de cualquier humano que se cruce con cualquiera de ellas. Industrial Revolution and World War, por otro lado, es una historia mucho más corta y se centra en una especie de guerra entre unos roedores industrializados frente a unas mujeres robot que parecen estar imponiendo su autonomía.
Cuenta el periodista Christopher Butcher, en uno de los dos artículos o prólogos que presentan cada una de las dos historias, que Kago le reconoció que solía introducir tanto sexo o violencia en sus historias porque la única fórmula que encontró en su día para ver publicadas historias tan retorcidas como las suyas fue hacerlo en revistas para adultos. En ellas, mientras la historia contuviera algo de sexo, le permitían hacer todo tipo de experimentaciones gráficas y el público además estaba garantizado que serían lectores supuestamente maduros que contarían con algún recurso más para asimilar este tipo de historias que él quería contar.

Si bien ninguna de las dos historias del tomo defraudará a cualquier lector habitual de este autor, hay que reconocer que el principal handicap que tiene este tomo es una de sus características más llamativas: el hecho de no contener un solo texto. Eso hace que la lectura de todo el tomo no lleve más de veinte minutos, independientemente de lo que nos detengamos a analizar cada una de las viñetas y sus detalles, e incluso si retrocedemos y volvemos a leer alguno de los capítulos para buscar analogías con lo que estamos leyendo. No es necesariamente algo malo, pero hay que reconocer que, en los tiempos que corren de un mercado saturado de publicaciones y a unos precios que no parecen alcanzar techo, invertir un dinero en algo que te lees en tan poco tiempo suele ser una de las cosas que más nos duele a los lectores.
En todo caso, si dejamos eso de lado, esa atmósfera de pesadilla que Kago consigue transmitir a todas sus historias, sumado a un dibujo muy expresivo, cargado de experimentación formal, es probablemente lo que más nos gusta a los seguidores de este autor. Las constantes son uno de sus fuertes más evidentes, como el caso de las estructuras con formas de gusano, que sirve de vínculo entre historias distintas, y se centran en la forma más que en un elemento maligno concreto, como si todo lo que tenga esa forma de espagueti fuera lo peligroso, y no unos gusanos alienígenas o unos cables de robots que cobren vida.

En definitiva, Tract es una obra menor de Shintaro Kago, pero que nos permite seguir ampliando nuestras bibliotecas con uno de los autores más carismáticos que ha dado el mercado del manga, con historias sin filtros de violencia o sexualidad en lo que esos elementos no son el motor, no van buscando servir de gancho para los lectores, por más que las revistas donde fueron publicadas sí tengan esa intención de aprovechar esos elementos. Una obra que se lee muy rápido y permite la relectura temprana o incluso continuada, que cumple con ese elemento constante en los trabajos de Kago, en los que las formas geométricas o los diseños recargados tienen una función mesmérica, hipnótica, que ayudan a sumergir al lector en un mundo tremendamente bizarro pero que tiene algo que invita a quedarse en él.
Lo mejor: El dibujo y la atmósfera.
Lo peor: Te lo lees en menos de lo que probablemente te haya llevado leer esta reseña.


