A ver por dónde empiezo… Autsaider Cómics nos brinda ahora la segunda oportunidad de disfrutar de Tokyo Zombie. Ya pudimos verlo en 2016 y ahora regresa con esta nueva edición donde tampoco falta el fieltro en el afro que luce el protagonista en la portada.
Por ubicarnos, podríamos decir que Tokyo Zombie se puede englobar dentro de esta corriente de nuevo underground flipado, desacomplejado, pasado de vueltas y desvergonzado donde cabría incluir el Pudridero, de Johnny Ryan; cualquiera de las obras de Benjamin Marra o, mirando por nuestros lares, el Kann, de Victor Puchalski. Supongo que con esto ya nos vamos situando, pero el caso de Tokyo Zombie llegar aún más bestia y temerario.
Partamos de la base de que se considera a Yusaku Hanakuma uno de los principales exponentes del estilo heta-uma, que viene significar «malo pero bueno», es decir, cómics dibujados con una apariencia muy torpe, pero siempre como algo buscado dentro de la historia que se propone. Sin embargo, leido Tokyo Zombie y, sobre todo, la página final de epílogo que nos deja Hanakuma, sería cuestión de pensarse si no rebautizar esta corriente como jeta-uma porque la caradura de este señor no tiene nombre… y es maravilloso.
Tokyo Zombie es el tebeo que haría un chaval de 14 años muy mal de lo suyo, sin la más mínima vergüenza o sentido común. Comenzamos con Fujio y Mitsuo, dos currantes a los que no llegamos a ver dar palo al agua porque se dedican a entrenar Jiu-Jitsu en la fábrica. Cuandos se terminen cargando a su jefe, descubriremos el Fuji negro, una montaña de basura donde la gente tira sus residuos, entierra cadáveres y hasta personas vivas. De ahí surgirá el apocalipsis zombie y ya está liada
No hay que leer mucho para darse cuenta de que todo esto es una locura y una desfachatez absolutamente improvisada y que se la suda por completo que tenga el más mínimo sentido, cosa que, con todo el morro del mundo, confiesa abiertamente el autor al final del manga. Pero es que si leéis la contraportada y por casualidad os fijáis en eso de que Tokyo Zombie es «un alegoría sobre la enfermiza estructura de clases de nuestra sociedad», no os lo creáis, ¡os están tomando el pelo!
Pero tranquilos, os aseguro que Tokyo Zombie vale hasta el último de los 15 euros que cuesta, porque esto va de justo de improvisar la próxima animalada sin sentido y ver hasta dónde se puede flipar esta historia. Y es que, pese a no tener pies ni cabeza y estar dibujada como el culo, lo que hace Hanakuma no es para nada sencillo. Una cosa es que le importe todo treintaitrés y que esté ahí para pasarlo bien él. Pero otra cosa es que esa energía y ese entusiasmo gamberro pueda llegar a ser tan contagioso.
Así, cuando de repente gire la historia para meter ese supuesto componente de crítica social nivel primaria, dejas el tebeo en la mesa, te levantas y aplaudes. Y que conste que digo todo esto sin la más mínima ironía. Tokyo Zombie destila tal desfachatez, que resulta increíblemente refrescante.
Es obvio que si todos los tebeos fuesen así, la cosa no tendría gracia, pero es que ser completamente distinto al resto es una de sus bazas, darte lo que no puedes ver en otros sitios. Tokyo Zombie es un majadería absolutamente disfrutona que, para más inri, su autor define como «obra culmen de la masculinidad de fin de siglo». Un cachondo Yusaku Hanakuma, sin duda. Y no es que le hayan hecho una película, es que habría que hacerle un monumento.




