Gabrielle Bell pertenece a esa corriente de autoras herederas del cómic underground de los setenta, que se limitaban a contar su vida sin tapujos... Todo es inflamable

Gabrielle Bell pertenece a esa corriente de autoras herederas del cómic underground de los setenta, que se limitaban a contar su vida sin tapujos ni vergüenza, y sin ocultar (ni tampoco presumir) algunos rasgos que rallan en la patología psiquiátrica. Si Voyeurs  nos planteaba el día a día de su autora, intentando anteponer su vida artística a su patología depresiva y sus rasgos de personalidad que rallan en lo disocial, este Todo es inflamable  que nos trae también La Cúpula ahonda un poco en la relación con su madre, y explica mucho de cómo ha llegado a ser la mujer que es.


Un incendio en la casa de su madre provoca que Gabrielle tenga que ayudarla a buscar un nuevo hogar. Ello conlleva que pasen más tiempo juntas y que la conozca aún mejor, e igualmente le hace recordar algunas cosas de su infancia. La obra se centra, casi de tapadillo, en la personalidad de su madre, una persona solitaria, con un tipo de vida muy cercana a la cultura hippy y una manera de ser más bien pasiva, que se deja arrastrar por la vida interviniendo solo cuando es estrictamente necesario.

Todo es inflamable  tiene la misma estructura de tiras que cuentan una escena de su día a día, bien sea cómo intenta desengancharse a su pulsión por hacer búsquedas de síntomas en Google, o de cómo acompaña a su madre a comprar una estufa. Sin embargo, esa estructura costumbrista que, si no sabes lo que estás leyendo, puede dificultar un poco la empatía con la lectura, adquiere una línea argumental cuando la casa de la madre arde y Gabrielle tiene que pasar de su Nueva York urbanita a una California rural. El título es muy exacto. Todo gira en torno a lo volátil que es todo en la vida, de cómo podemos pasar de un polo a otro en un abrir y cerrar de ojos. Y esa filosofía explica muy bien la manera de ser de la autora, y de esa personalidad tan peculiar que tiene.


En ese año de idas y venidas a California, Gabrielle va a exponerse a situaciones que despierten algunos recuerdos: Va a entrar en contacto con la naturaleza y a recordar cómo encuentra en la horticultura su mayor compromiso de cuidar a un ser vivo. Gabrielle tiene mucha afinidad con los animales, siempre lo ha tenido, aunque han sucedido algunas cosas en su vida que la alejan de ellos tanto como se siente atraída, y la invitan a esa tendencia a la soledad. No es lo único, puesto que su madre es una persona uraña, que antepone su sed de soledad a la necesidad de ayuda, y le cuesta aceptar la ayuda de su hija con tal de no romper las barreras de esa zona de confort de sus cuatro paredes que la alejan de aquello que más ansía. Es muy interesante esa reflexión  sobre «la sirena en el camarote», y de cómo su madre siendo una persona con una mentalidad abierta de conexión total con la naturaleza se sentía cómoda encerrada en su hogar.

En cuanto al apartado gráfico, Bell sigue encontrando seguridad en la estructura fija de 3×2 viñetas, incluso cuando la página tiene 2 ó 4 viñetas, y construye la historia a modo de pequeños episodios de su día a día. Probablemente sea algo no premeditado, pero con esa estructura monótona y «aburrida» consigue unos efectos impresionantes cuando le sale una viñeta que rompe por completo con ese tono narrativo tan simple. De vez en cuando, inserta una viñeta donde la protagonista se encuentra hundida en su propia casa, o se ve atada por sus propias ataduras, o lleva un peso continuamente a cuestas… y con ese tipo de recursos sorprende más que de estar insertados en relato con una narrativa más dinámica.


En definitiva, Todo es inflamable  es una obra de una de las mejores autoras underground del panorama comiquero actual. Junto a Simon Hanselmann me parecen dos de los autores con más puntería en cuanto al mensaje que pretenden transmitir, consiguiendo que empaticemos con una personalidad solitaria y con cierta tendencia a la autodestrucción, más autocrítica que nadie y sin ningún ánimo por cambiar. Si eres fan de ese costumbrismo autobiográfico sin tapujos de Robert Crumb o, sobre todo, Harvey Pekar, tienes que conocer a Gabrielle Bell, y vas a encontrar sus obras muy ricas en contenido. Eso sí, no es recomendable leer estas obras si estás atravesando un momento malo de ánimo o si te acaba de dejar la pareja. Corres el riesgo de querer tirarte por la ventana…

Lo mejor: Cómo consigue transmitir el mensaje con una narrativa que rezuma pereza al lector. Los tan escasos como poderosísimos recursos gráficos que inserta Bell. De lo mejor en cómic underground actual.

Lo peor: Si te quedas en que «te está contando su aburrido día a día» y no eres capaz de ver todo lo que se esconde detrás.

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Alejandro Martínez

Alcalde no electo de Star City. Conocido en determinados círculos como "El páharo". Era el único que justificaba sus artículos en esta web, pero los caciques que la dirigen me han obligado a dejar de hacerlo... Sniff sniff.

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