Recuerdo un diálogo de Karra Elejalde en la película La pistola de mi hermano de Ray Loriga: “De pequeño me gustaba Thor. Ahora nadie...

Recuerdo un diálogo de Karra Elejalde en la película La pistola de mi hermano de Ray Loriga: “De pequeño me gustaba Thor. Ahora nadie lee Thor”.

Algo parecido debieron pensar en Marvel cuando decidieron dar por terminado el segundo volumen de Thor, coincidiendo con el cambio de guardia que Brian M Bendis estaba a punto de realizar en las filas de Los Vengadores.

Michael Avon Oeming reemplazó a Dan Jurgens al frente de la serie para narrar el último Ragnarok sufrido por los habitantes de Asgard, cuyo desenlace, caída y muerte de todos los dioses nórdicos, sería por fin el definitivo.

Oeming, apasionado de la mitología nórdica, consciente del suceso cíclico que supone el Ragnarok en las aventuras marvelianas de Thor, resurgiendo demasiadas veces cual fénix de sus cenizas, rompe esta situación en boca (y decisión) de Thor, sumiendo a todo Asgard en el definitivo descanso eterno.

De este modo, Marvel obtuvo una página en blanco para rehacer la cabecera de Thor de igual manera que hicieron Warren Ellis y Ed Brubaker en Iron Man y el Capitán América respectivamente. Durante casi tres años de silencio editorial, a excepción de determinadas miniseries y especiales, el Universo Marvel se encontró huérfano del Dios del Trueno.

A lo largo de estos meses de incertidumbre, varios nombres se barajaron para el génesis de Thor. Neil Gaiman, Mark Millar, sonaron con fuerza, pero siempre detrás del nombre de Oeming, que con su buen hacer había calado hondo dentro de los aficionados. Siendo justos, debía ser él el encargado de continuar las nuevas aventuras de Thor; la situación actual era obra suya. Nadie mejor para reflotar el barco.

Con todo esto, Joe Michael Straczynski se hacía cargo de Los Cuatro Fantásticos, en una de las peores etapas que han sufrido Reed Richards y sus compañeros. Entre lo poco significativo que ocurrió durante los escasos números que escribió, fue la aparición de un extraño objeto en medio del desierto de Oklahoma. El martillo del dios del trueno, Mjolnir, caía cómo un meteorito en mitad de la nada, despertando la curiosidad de los escasos lectores y de un Doctor Muerte deseoso de conocimientos y poder.

Cómo es de suponer, Muerte es incapaz de levantar el martillo; ni él ni la legión de curiosos son capaces de hacerse con los poderes divinos que esconde el objeto. Un desconocido, cuyas siglas vemos en un maletín, D.B., consigue alzar con facilidad el martillo en medio de un luminoso trueno. Nos encontramos con el primer paso para el regreso anunciado tiempo atrás.

Era inminente. Todo el mundo hablaba, rumores corrían por toda la red, pero desde Marvel nadie daba noticias al respecto, hasta que estalla la Guerra Civil. En la última página del tercer número aparece Thor en todo su esplendor. Había vuelto.

El cuarto número de Civil War se espera con ilusión. El Dios del Trueno estaba vivo e iba a formar parte del conflicto, seguramente en el bando del Capitán América. Todas estas suposiciones se derrumban al comprobar que Thor es un clon creado por Tony Stark, Hank Pym y Reed Richards, asesinando al Doctor Foster.

Marvel hace oficial que JMS y el artista Olivier Coipel serán los encargados de la nueva serie de Thor. Mientras en el último número de Civil War, Hércules destruye al clon.

El Thor de JMS es deudor del trabajo realizado por Oeming, pero sobre todo de Dan Jurgens. Jurgens, autor controvertido, muy criticado durante la totalidad de su periplo al frente de la serie, en un giro inesperado se atrevió matar a Odín, tomando su hijo el manto de El Padre de Todos. A regañadientes, comienza a cumplir su nuevo cometido, y en un intento de inspirar el bien, coloca la mítica Asgard en medio de la isla de Manhattan, acto que nos lleva a un futuro dónde Thor ha perdido su martillo, donde tiene un hijo con La Encantadora, que se une a la resistencia opuesta al poder despótico de su padre. Intentando enmendar su error, Thor regresa al pasado, nuestro presente, para evitar ese futuro, que al final da lugar al famoso Ragnarok.

Straczynski, ávido lector de la etapa de Kirby, recupera la dualidad Donald Blake/Thor (descubrimos así quién se escondía detrás de las siglas D.B.), de este modo, la función del buen doctor es ser Pepito Grillo, la conciencia de Thor, su amigo más íntimo.

La presencia de Donald Blake induce una cuestión ¿De dónde ha salido? Pues nada más y nada menos del vacío, del Limbo, lugar del cual escapó en el preciso momento que Thor murió, lugar donde está ahora, ocupando el lugar de Donald Blake, sumido en el merecido descanso eterno.

De igual manera que la energía no puede almacenarse y mantenerse quieta, el alma inmortal de un dios termina por despertar, con la mente repleta de dudas y preguntas, más aún cuando nada más despertar te habla alguien al que creías desaparecido, cuyas palabras definirán tu presente y tu futuro:

No corresponde a los dioses decidir sí el hombre debe existir o no, sino a los hombres decidir si los dioses existen o no.

La respuesta es el punto de partida de la primera saga. La conversación mantenida por Thor y Blake marca el ritmo de los seis primeros números, de la misión que debe realizar Thor, convencer a los hombres que los dioses son necesarios para su bienestar.

Para ello, Donald Blake ubica su hogar en un pueblecito de Oklahoma, Thor reconstruye Asgard en el desierto cercano a esa población. Qué mejor manera de establecer el primer contacto con aquellos que debes salvar que convivir con ellos; pero en su regreso, Asgard se encuentra desierta.

Tanto Thor como Donald Blake, se embarcaran en la búsqueda de todos los dioses nórdicos, cuyas esencias habitan en las almas de humanos a lo largo del planeta. Encontraremos a Heimdall dormitando dentro de un superviviente del huracán Katrina en Nueva Orleans, protegiendo a los más desprotegidos. En situación similar están Volstagg, Fandral y Hogun, los Tres Guerreros, cómo voluntarios de Médicos sin Fronteras en un campo de refugiados en África.

Está bastante clara la intención de Straczynski al situar aquellos individuos donde habitan las almas pérdidas de los asgardianos en lugares de desastres, conflictos humanos y políticos. Pretende mostrar a Thor cuan necesaria es su presencia en el mundo de los hombres, dando premura a la búsqueda del resto de dioses, pero sin despertar en el trascurso a los enemigos de Asgard.

Sin embargo, de premura la serie no rebosa. A los retrasos propios del guionista, sumando la lentitud de Coipel a la hora de dibujar, la historia avanza de manera pausada, quizás demasiado. Consciente de esta situación, aderezada de los retrasos de salida, Straczynski comienza acelerando los acontecimientos a partir del quinto número, curiosamente el más importante de los diez episodios publicados actualmente.

En breve tiempo, Thor ha ido rescatando a sus compañeros asgardianos, aunque no con facilidad prevista; algo o alguien está impidiendo la búsqueda. Ayudado por el poder de Heimdall, descubre en un cuartel militar abandonado a numerosos humanos retenidos por el Destructor, máquina de guerra creada por su padre Odín. El Destructor necesita un anfitrión para funcionar, que resulta ser Balder.

Para detener al Destructor de mundos, Thor recurre a su poder divino, invocando las almas que habitan dentro de los rehenes, para de esta manera obtener un ejercito de dioses que lo ayuden. Entre ellos, una figura femenina llama la atención de Thor. Para sorpresa de todos se alza Loki, reencarnada ahora en un cuerpo de mujer.

No resulta difícil descubrir que Thor ha sido engañado para invocar aliados y enemigos, ocultos entre los humanos retenidos por el Destructor. Este plan, tan bien orquestado por Loki y su socio en las sombras, el Doctor Muerte, nos irá dando las pistas necesarias para una lucha de poder, poco a poco mostrada en números aún inéditos en España.

Consciente del engaño sufrido, Thor realiza un último intento para terminar de reunir las almas que restan por regresar a Asgard, esfuerzo que lo deja exhausto. De esta manera termina el sexto número y primer arco de la serie.

La trama principal deja espacio a dos tramas secundarias de gran importancia. Por un lado conocemos a los personajes secundarios que representan los habitantes del pueblecito cercano a la situación de Asgard. Los continuos contactos entre los dioses y los mortales, resultan un constante río de información para comprender parte de los hechos futuros, por no decir, un descanso de la angustia que sufre Thor por la soledad de su papel de líder.

En contraposición está la visita de Iron Man. Conocedor de la creación de un clon, de la muerte del Goliat Negro por sus manos, y el destino de su amigo el Capitán América, son motivos más que proclives a un reencuentro movido. Sus consecuencias futuras por ahora sólo las conoce Straczynski.

Con la serie por fin encauzada, será tónica general la sorpresa, pero no adelantemos acontecimientos. Las buenas críticas, pero sobre todo, el buen sabor de boca que Thor ha conseguido en el lector, gran culpa es de su dibujante.

El cómic, medio visual, tiene siempre a su mayor exponente en la figura del ilustrador. Dará lo mismo sí el guión es brillante o pésimo, sí los protagonistas poseen carisma o no interesan en lo más mínimo. Sí la historia está bien narrada y el dibujo es espectacular, el éxito está garantizado.

Olivier Coipel, de trazo sencillo, realista, pero sobre todo espectacular, en Thor ha encontrado SU serie, el lugar donde poder acampar a sus anchas y desarrollar todo su potencial. La reinterpretación de Thor es magistral. Nos muestra al fin un dios en todo su esplendor, una mole de músculo en bruto, que impone y desprende carisma a la vez. Un dios que actúa como tal.

Se desprende del halo de superhéroe para vestir un ropaje real, un magnífico uniforme de guerrero, influenciado por la saga de El Señor de los Anillos. De esta manera Tolkien devuelve el favor prestado de la mitología nórdica en la creación de su universo de fantasía.

Todas y cada una de las viñetas recuerdan a batallas, paisajes o arquitectura de la trilogía. Desde Arthur Adams no se ha visto un Asgard tan bello… y a su vez cruel. Straczynski y Coipel muestran a Thor dentro de un mundo real, contraste entre mitología y realidad (del Universo Marvel actual, que trata de ser un reflejo de nuestra sociedad)

El futuro de la serie está más que garantizado. La lentitud de Coipel está escudada por dos números ilustrados por Marko Djurdjevic. Para ir tapando los meses de retraso, Matt Fraction, con ayuda de Patrick Zircher y Khari Evans, nos narrara en tres especiales la juventud de Thor en el momento de mayor soberbia del príncipe de Asgard, conociendo los motivos que llevaron a su padre a enviarlo al mundo de los mortales, Midgard.

Esperemos que las conocidas disputas de Straczynski con Joe Quesada no sean motivo para el abandono del primero, y que de este modo podamos seguir disfrutando por mucho tiempo del nuevo Thor.

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Marcos Miguel González "Markitos"

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