Madre mía, la cosa está que arde. Apenas queda una entrega española para que finalice The Ultimates. Estamos ante un título que se encuentra entre los más importantes publicados por Marvel Comics en lo que va de siglo. Llamadme exagerado si queréis pero, aunque esta serie no haga tanto ruido como los Vengadores definitivos originales de Mark Millar, la historia que nos está contando Deniz Camp es una epopeya de dimensiones siderales que no está recibiendo toda la atención que se merece, posiblemente por culpa de la mala situación creativa que atraviesa la Casa de las Ideas en general.

Los tres números (19 a 21 USA) de este volumen ponen el píe el acelerador con la vista puesta en el desenlace de Ultimate Endgame, miniserie también a cargo de Camp. En las 80 páginas que tenemos por delante, el guionista pone el foco nuevamente en distintos protagonistas, demostrando que es todo un maestro a la hora de planificar un tablero de juego con muchos personajes participantes. El espacio dedicado a cada uno está medido a la perfección. Además, el desarrollo es claro, permitiendo llevar un seguimiento de la acción de manera sencilla.
Los Ultimates reclaman el poder para el pueblo
Desde que comenzó la serie, ha quedado claro que estamos ante un cómic mucho más político de lo que podría parecer. De manera creciente, el guionista de 20th Century Men ha ido siendo cada vez menos sutil para plantear una clara crítica sobre el poder de las clases dirigentes. Da igual que pensemos en el alto consejo de los Ultimates o en el mandato presidencial de Donald Trump. Sea como sea, Camp clama contra los regímenes dictatoriales y lanza a los cuatro vientos que el poder lo debe esgrimir el pueblo.

Una metáfora social que en el noveno arte se ha visto representada por la red Ultimate creada por Tony Stark. Ahora, la apuesta sube con la puesta en escena de otro elemento muy importante en cualquier campaña política: el poder y el control de los medios de comunicación. Y es que, en muchas ocasiones, da igual la verdad. Lo que importa (más de lo que debería) es lo que muestras o lo que puedes demostrar.
Para colmo, en lo referente a la parte más lúdica y superheroica del título, The Ultimates es un cómic endiabladamente divertido, repleto de acción, momentos espectaculares y grandes diálogos que nos dejan con el culo apretado.
En esta séptima entrega me quedo sobre todo con el primer capítulo dedicado a la Avispa. Nuestra querida Janet muestra todas sus cartas a Hank en un relato emotivo y lleno de sorpresas que hace que cambiemos nuestra opinión sobre la heroína e incluso lleguemos a empatizar con los motivos que la llevaron a ser la traidora del grupo. Luego tenemos otros dos números que no le van a la zaga, protagonizados por la Visión y por los Ultimates de Luke Cage. Cada página está repleta de guiños a la continuidad original. A destacar, especialmente, el ritmo que adquiere el desarrollo de una trama que, a las puertas de su final definitivo, no se molesta en hacer prisioneros.
La parte menos positiva la encontramos en el apartado artístico. No porque no tenga calidad, sino porque se tuvo que recurrir a tres artistas (los habituales Juan Frigeri y Phil Noto y al español Pere Pérez) para realizar un número cada uno. Esta lacra asola Marvel desde hace unos años y llega a ser realmente molesta. Esperemos que la llegada del nuevo editor Stephen Wacker pueda cambiar las cosas.

Por su parte, Panini sigue ofreciendo la serie en su formato grapilomo, que, a juzgar por el ruido en redes, no gusta a nadie, pero que debe funcionar muy bien puesto que casi todas las series principales se publican de esta forma. Personalmente, la única pega que le encuentro es que así no hay manera de coordinar los crossovers entre títulos, pero qué le vamos a hacer.
En definitiva, es una pena que Deniz Camp haya firmado en exclusiva por DC, porque leer unos Vengadores “clásicos” o una Patrulla-X salida de su procesador de textos sería un sueño hecho realidad.


