Debo reconocer que cuando Marvel anunció el regreso de la línea Ultimate cogí la noticia con pinzas debido a la calidad media de los tebeos de la Casa de las Ideas en los últimos años, donde la mediocridad campa a sus anchas. Ahora bien, si analizamos la jugada por parte de la editorial, la nueva línea definitiva orquestada por Jonathan Hickman tiene mucho en común con la original. Ambas aunaron el talento de autores potentes y promesas, Bendis y Millar en el lejano año 2000 y el mencionado Hickman y Deniz Camp en la actualidad. Ambas llegaron en un momento en el que la línea “oficial” de Marvel estaba de capa caída. Eso sí, la forma de acometer las historias, es muy diferente.

Mientras que Ultimate X-Men o Ultimate Spider-Man eran tebeos de superhéroes con una narrativa convencional (aunque abusando demasiado del decompressive storytelling), estos nuevos Ultimates (y todas sus colecciones hermanas) avanzan en “tiempo real”. Entre número y número han pasado treinta días, lo que obliga a los equipos creativos a que cada historia cuente y, sobre todo, a preparar esa traca monumental que llegará en el número veinticuatro, cuando los héroes de este universo se enfrenten al Hacedor.
Y así llegamos a esta tercera entrega de Ultimates. Tres episodios en los que Deniz Camp echa el freno para dedicarse a realizar labores de worldbuilding. Un parón muy necesario desde el punto de vista argumental tras la monumental derrota que sufrieron los héroes a manos de Hulk y sus secuaces.

Comenzamos con un número formado por muchas escenas distintas, que nos muestran cierta cotidianidad en las vidas de algunos de los machacados héroes. Aquí Camp demuestra a la perfección su dominio a la hora de representar con un par de frases los rasgos básicos de los personajes. También me gusta como, pese a estar en un momento de calma tensa, cada uno de los protagonistas es fiel a su naturaleza. Steve Rogers y Jim Hammond se toman su tiempo para recordar la camaradería que les hizo ser amigos en los Invasores. Hulka siempre está enfadada porque siente que no puede permitirse un solo momento de flaqueza y Muerte no deja de tramar planes en ningún momento.
Seguimos con un número que es una puñetera locura, pues nos presenta a la versión de este universo de los Guardianes de la Galaxia. La influencia de Hickman se nota sobremanera con la cantidad de ideas propias de la ciencia ficción más hardcore que asoman en cada página. Camp recrea la mitología del grupo cósmico sin olvidarse de la encarnación oficial. Se trata de un capítulo que merece la pena ser leído varias veces, para deleitarse con todos sus detallitos.

Finalizamos con un cambio de escenario y de protagonistas. Y es que en el último episodio de esta entrega (el número nueve americano) Camp hace debutar a Luke Cage. En clave de thriller de acción carcelaria (muy ochentero), asistiremos a una de las mejores representaciones que se ha hecho del bueno de Carlo Lucas. El escritor usa al héroe de alquiler como vehículo para arremeter contra el Trumpismo de manera salvaje, con ecos a los discursos originales de gente como Martin Luther King o Malcolm X. Además, para esta aventura Juan Frigeri se toma un descanso dejando las labores de dibujante a Chris Allen cuyo estilo más sucio le sienta de maravilla al tono de la historia.
En definitiva, The Ultimates sigue siendo una de las mejores series de superhéroes del mercado actualmente. Cada número depara sorpresas y la sensación de amenaza creciente hace que deseemos echarle el guante a la siguiente entrega con más ganas todavía.


