A día de hoy, gracias a obras como PTSD, Frontier o Loba loca, Guillaume Singelin se ha puesto a la par de sus compañeros en el Label 619 Neyef, Bablet, Run o Madoux. Sin embargo, y aunque PTSD es de 2019, tengamos en cuenta que, como casi todo el resto de su obra, en España nos ha llegado en el último par de años y tenemos un autor por descubrir que lleva en activo más de 15 años con títulos como este The Grocery.
Algo similar sucede con el guionista Aurélien Ducoudray. Si bien por nuestros lares no goza de la popularidad de su compañero en The Grocery, le hemos podido leer su puesta al día del personaje de Bob Morane, El cumpleaños de Kim Jong-il o KidZ. Sin embargo, cuando ambos autores comienzan The Grocery en su Francia natal en 2011, se encontraban dando sus primeros pasos. Al final de este integral que nos trae Nuevo Nueve, se relata cómo Ducoudray se fijó en una pequeña tira en la web de Singelin, que le llevaría a contactar con él y terminaría siendo el germen de este tebeo. Casualidad que, cuando esto sucede, Singelin estaba de prácticas en Label 619, las primeras páginas llegan a los ojos de Run y, con el tiempo, se terminará convirtiendo en este gigantesco tomo. Si los artistas tuviesen una historia de origen, como los superhéroes, casi podríamos decir que esta es la de Aurélien Ducoudray y Guillaume Singelin.
En aquella tira primigenia, se podía ver dos tipos con una enorme cabeza que recordaba a la de un pez, vestidos a la The Wire y apuñalándose uno al otro. Cuando Ducoudray contactó con el dibujante, este le sugirió que le gustaría hacer algo inspirado en la ahora mítica, pero entonces muy reciente serie de David Simon. El resultado es The Grocery.
Evidentemente, The Wire es el primer referente, pero si algo nos ha enseñado la lectura de Doggy Bags, Low Reader, Mutafukaz o Loba Loca es que en el Label 619 son los reyes del exploit moderno y, partiendo de la base de The Wire, la cosa e irá luego por otros derroteros que mezclan mil y una referencias.
Todo comienza cuando el señor Friedman abre un ultramarinos en un barrio de Baltimore, pero la trama se abre y me costaría elegir algún actor para el papel protagonista: Friedman; su hijo, Elliot; Sixteen, un joven camello de esquina; Wash, un marine que vuelve de Irak para ver que se lo han quitado todo; Vickie, una miembro de una mara, y montones de personajes más. La trama que mueve a este enorme elenco coral se articula en torno a la llegada al barrio de Ellis One, un jefe mafioso, salido de la cárcel tras haber sobrevivido a la silla eléctrica y con vínculos con organizaciones supremacistas blancas. La violencia a lo bestia no se va a hacer esperar en este tebeo donde el reparto está formado por montones de cabezones con cara de pez o lo que demonios sean.
La verdad es que reconozco que, pese a lo voluminoso del tomo y lo que eso tiene que decir en el precio, el formato integral le sienta particularmente bien a The Grocery. Admito que no sé si habría seguido con una segunda entrega si esto se hubiera publicado siguiendo la edición original en cuatro álbumes. El reparto es tan grande y la historia necesita tanto espacio para ir asentándose, que, más allá de la ambientación general y el reclamo de la violencia a lo bestia, no tenemos nada en el primer capítulo que nos mantenga en la historia, como sí va a suceder solo unas páginas más tarde, cuando hayamos tenido tiempo de hacernos con los personajes. Y esto es en parte por la magnitud de la historia, pero también porque puede verse crecer a los autores casi página a página. Los 5 años que pasaron desde la edición en Francia del primer álbum hasta el último son claves en la formación artística de ambos autores. La historia va mutando y creciendo con las tablas y el registro de ambos. Incluso se permiten una especie de punto y aparte a mitad de historia, saltos temporales… y cuando termina la obra tenemos un mosaico, tal vez algo disperso, pero trabajando para formar una sola sola imagen. Acabar la lectura y echar un vistazo a los arcos de personaje al final de la historia es bastante sobrecogedor.
Aún con todo, uno no puede evitar cierta sensación de sindiós en ciertos momentos, incluso de estar un poco perdido al inicio. The Grocery tal vez peca de ese mal endémico de las obras primerizas de querer hablar de demasiadas cosas: las desigualdades sociales, los males del neoliberalismo, los medios de comunicación, la desconcienciación de clase… añadido además todo esto a ese tono hiperbólico y grueso del exploit que quiere tener la obra y que hace complicado abordar con cierta delicadeza y profundidad todos estos temas.
Y es que, no lo olvidemos, The Grocery empieza en The Wire, pero acaba en peli de la Cannon. El exploit es la razón de ser de esta historia. Todo es hiperbólico y tanto la violencia como otros temas más delicados aún son presentados de ese modo casi frívolo y a calzón quitado de los blockbusters de acción de los 80 y 90 y de sus hermanos menores de serie B. Los malos son malísimos, todo es hostil: la policía, los mafiosos, los bancos, las grandes empresas, la tele… El Label 619 parece haber hecho marca de fábrica de una idea pop de la violencia. Son los hijos de la generación que se crió con todo estos productos de los 80 y 90 y los ha procesado ahora con una especie de visión posmoderna, que es capaz de abordar temas muy peliagudos y conflictivos con esa mirada de ligereza casi irónica que permite la ficción precisamente por ser ficción.
The Grocery está lleno de violencia explícita, se habla de drogas, de racismo e incluso cosas peores mientras se hace referencias a Asalto a la comisaría de distrito 13, Colegio Degrassi, Cazafantasmas o incluso Buffy o Arnold… Incluso gran parte de los protagonistas implicados en toda esta movida son niños. Y es que precisamente este aire exagerado de exploit y esos dibujos que son a la vez cuquis e incómodos son la manera de poder abordar ciertos temas complicados que hoy día a la ficción le cuesta tocar, incluso siendo ficción. Muchísimas de las historias del Label 619 se sirven de los tópicos que la ficción americana ha ido construyendo y los mira desde fuera con una visión pop y salida de madre.
Me vais a permitir un gruñido de abuelo Cebolleta, pero echo de menos los tiempos en que teníamos clara la diferencia entre realidad y ficción. Cuando sabíamos que lo que veíamos en la tele o en los tebeos era «de mentira». Antaño todo eso era muy americano y, hoy en día, con el Label 619, es muy francés.





