Impresionado. Así me he quedado tras leer el tercer volumen de The E.C. Archives dedicado a Two-Fisted Tales, el título bélico del cómic americano más importante de los años cincuenta. Esta entrega recopila los números 30 a 35 de la serie original. Recordemos que la numeración empezaba en el 18, recogiendo el testigo de otra serie de la editorial, en este caso The Haunt of Fear.

Estamos ante un volumen muy especial que ofrece al lector información muy interesante sobre cómo era el funcionamiento del método de trabajo en E.C. Joe Kubert, que apenas firmó unas cuantas historias sueltas para ellos, comenta que Harvey Kurtzman era un editor bastante inflexible (no llega a llamarle tirano, pero se queda corto). En su faceta de escritor no se mostraba menos rígido, mandando unos guiones sumamente detallados que ofrecían muy poco margen de maniobra a los artistas.
Y vaya plantel. Lo mejorcito de la época desfiló por Two-Fisted Tales, con relatos ilustrados por el mencionado Joe Kubert, los habituales Johnny Craig o Jack Davis, o dibujantes que luego tuvieron su particular edad de oro con los superhéroes, del estilo de Wally Wood o Gene Colan. Un reparto de auténtico lujo.
Ahora bien, Two-Fisted Tales es una serie cuyas historias cortas merecen ser leídas con atención y detenimiento. Harvey Kurtzman era un pacifista reconocido. Por eso a menudo le gustaba poner el foco en el bando más desfavorecido de cualquier conflicto bélico: la gente inocente, los llamados daños colaterales. Para darnos cuenta de la magnitud de sus guiones, en este volumen hay una muestra perfecta de esto, la escalofriante “¡Bomba atómica” con arte de Wood. En esta ocasión, el escritor se centra en el punto de vista de los habitantes de Nagasaki en el momento en que los Estados Unidos soltó la segunda bomba atómica sobre su ciudad.

Barbaries e injusticias ha habido en cada conflicto armado que se recuerda en la historia de la humanidad. Two-Fisted Tales pretende dar voz a todas. De esta forma, la variedad de las historias es enorme, pasando por batallas aéreas de la Primera Guerra Mundial o la travesía de Aníbal el cartaginés. Eso sí, al final la cabra acaba tirando al monte, por lo que la presencia de historias cortas centradas en la Guerra de Secesión yankee es especialmente notoria, con un equilibrio bastante ajustado entre el protagonismo de ambos bandos.
Como siempre, entre las treinta historias de este tomo, hay unas cuantas de lo más destacables. Por ejemplo, la cómica “Caballeros”, que casi parece una fuente de inspiración para cierta película de Monthy Python. Del mismo modo, tenemos la curiosa “El juicio de las armas” o “El batallón perdido” con un Johnny Craig en estado de gracia absoluta.

También me parece digno de mención, el rigor con el que Kurtzman (y su sustituto habitual Jerry De Fuccio) trata las diversas aproximaciones a guerras, batallas concretas o situaciones que han sido más que documentadas por los historiadores. Otro ejemplo más del mimo a todos los niveles con el que fue tratada Two-Fisted Tales.
No son cómics precisamente baratos, lo sé. Pero la oportunidad que nos está dando una pequeña editorial como Diábolo de poder disfrutar de todo este material, es algo que no debería desperdiciarse.


