Cuando Norma Editorial publicó en mayo el segundo volumen de The Dead Lucky me lleve una gran alegría. Y es que no había noticias del Massive Universe desde el mes de octubre de 2024, cuando llegó a las librerías la quinta entrega de Radiant Black. Llegué incluso a pensar que debía haber algún problema de derechos, puesto que durante el año pasado el cosmos de ficción creado por Kyle Higgins tuvo una cadencia casi mensual. Sea como fuere, estamos de enhorabuena. De hecho, para cuando leáis esta reseña, seguramente ya estará en las tiendas el sexto volumen de la mencionada Radiant Black con el que se cerrará la fase uno con la conclusión de la Guerra Catalyst.

Entrando ya en materia, lo primero de todo, debo quitarme el sombrero ante Melissa Flores por el título del volumen “We didn´t start the fire”. Clara referencia a la mítica canción de Billy Joel que llegó a ser número uno en varios países en 1989. Paradójicamente, la crítica no supo (o no quiso) entrar en el juego metalingüístico planteado por el artista, por lo que el tema también aparece en varias listas de las peores canciones de la historia.
Durante los casi cinco minutos que dura el tema, el cantante hace un resumen de los principales hechos históricos que tuvieron lugar en Estados Unidos entre los años cincuenta y ochenta. Pasado e historia. Esas son las claves que definen a Bibi, la protagonista de The Dead Lucky. La guionista utiliza un acontecimiento traumático sucedido hace mucho tiempo atrás para forjar el carácter de la heroína.
De hecho, aunque con cuentagotas, en esta tanda de episodios finales se nos darán algunos detalles adicionales sobre sus poderes, habilidades, etc… Sin embargo, lo verdaderamente importante son los traumas que mencionaba más arriba. Flores aborda con eficacia el dolor que puede llevar a una persona a sufrir de trastorno de estrés postraumático el resto de su vida. En este caso, Bibi se nos mostrará como todo un ejemplo de superación y arrojo, sin permitir que estos sucesos que, aunque sí dan forma a su carácter, la arrastren. Por lo tanto, el mensaje está claro: aprender del pasado para afrontar el presente y prepararse lo mejor posible de cara al futuro.

Sin duda, el desarrollo del personaje principal de The Dead Lucky es lo mejor. El resto de la trama principal, con la ex-soldado aceptando sus nuevas obligaciones como heroína a sueldo del sistema o su conflicto con Morrow se desarrolla de manera un tanto abrupta debido al cierre de la serie. Sí es cierto que la historia queda más o menos cerrada, y hay sorpresas y algunos mazazos emocionales muy chulos, así como diálogos entre camaradas de armas que tienen varias capas de profundidad. Ahora bien, en la reseña del primer volumen comentaba que la serie empezó con el píe en el acelerador y ha acabado terminando de la misma forma.
Una pena, la verdad. Esta San Francisco distópica gestionada por una corporación privada (como la Detroit de Robocop o las ciudades ficticias que estamos viendo en Alien Earth) ofrecía muchas posibilidades.
Mención aparte se merecen French Carlomagno y Mattia Iacono, dibujante y colorista de The Dead Lucky respectivamente, que se han currado unas páginas más que decentes, brillando especialmente en las escenas de acción y fallando un poquito en los rostros de los personajes que, por lo general, me han parecido muy poco trabajados.

La edición de Norma, clavada a la americana, ofrece como extras una galería de portadas y de diseños de personajes así como la reproducción de las recetas culinarias a las que se hace referencia en la serie. Curiosas como poco.


