Durante la pasada década, podríamos decir que las dos grandes editoriales de superhéroes nos han dejado dos corrientes generales. Por un lado tendríamos una...

Durante la pasada década, podríamos decir que las dos grandes editoriales de superhéroes nos han dejado dos corrientes generales. Por un lado tendríamos una tendencia más renovadora, que podría estar encabezada por nombres como Brian Bendis, Mark Millar o Warren Ellis. Por otro lado estaría una corriente más clasicista, que podría tener sus cabezas visibles en Geoff Jonhs y (aunque parezca raro), Grant Morrison.

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Dado que vivimos una era de guionistas, incluso las tendencias más clásicas tienen que dar vueltas y jugar con lo novedoso. Sin embargo, obras como la JLA de Morrison los Flash, JSA o Green Lantern de Johns, aun aportando mil giros y vericuetos, se han mantenido en torno a los conceptos más clásicos de cada personaje, si acaso, complementándolos y haciéndolos más ricos sin por ello cambiarlos en un ápice. Es esta la tendencia que ha seguido el universo DC bajo el mandato de Dan Didio. No obstante también el reinado de Didio ha supuesto la nueva proliferación de crossovers y el desvirtuación de la palabra Crisis. ¿Cómo es posible que estas dos afirmaciones sean ciertas? Hasta hace unos años pensar en Crisis (con mayúscula) era pensar en DC. Puede que ahora también, pero me atrevo a pensar que la mayoría de los fans seguirían pensando en la Crisis en Tierras Infinitas.

Ya comentaba cuando hablé de Crisis de Identidad que la palabrita en el título fue una imposición de Didio, que veía cómo se acercaba el aniversario de la épica saga de Wolfman y Perez y tenía que sacar dividendos de la ocasión. De este mismo propósito nació Crisis Infinita, una serie correcta sin más pero lejos de su predecesora. Se salvó por el profundo oficio del que sus autores (Geoff Johns y Phill Jimenez) hacen gala, pero ni a nivel individual ni en cuanto a sus implicaciones en el universo DC terminaría de sobresalir, si no fuera por 52, claro.

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En cualquier caso, sí terminamos sacando algo en claro con Crisis Infinita. Para dar mayor empaque al evento, durante casi dos años, el universo DC en general fue añadiendo mayor dosis de cohesión y coherencia, en pos de confluir en la Crisis a gran escala. Esto dotó de una dirección a todo un universo, gracias a un esfuerzo conjunto de autores y editores, que culminaría en 52.

Las grandes obras suelen surgir de la confluencia de varios factores. En 52 se dio algún tipo de conjunción de astros que solo puede darse una vez cada varios años. A la la mencionada mayor coherencia, se sumaban las posibilidades argumentales que dejaba una Crisis con mayúscula que dejaba un montón de incógnitas. Eliminaron de la ecuación a la Trinidad principal (Superman, Batman, Wonder Woman) permitiendo centrarse en otros personajes menos explotados. Mediante el evento Un Año Después dieron un salto en todas las series dejando en misterio lo que sucedería en 52 y, por si fuera poco, unieron a los cuatro mejores guionistas de la editorial para escribir una misma serie: Geoff Johns, Grant Morrison, Mark Waid y Greg Rucka.

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Los cuatro contarían con un experimentado Keith Giffen para dar una coherencia a la narrativa gráfica mediante los bocetos de cada número (a un ritmo de uno por semana). Probablemente no existe actualmente otro dibujante en activo capaz de salir airoso de la misión de la que desempeñó Giffen. Pero como nadie es tan efectivo, sus bocetos fueron acabados por dibujantes como Joe Bennett, Chris batista, Patrick Oliffe o Eddy Barrows. Ninguno de ellos era una gran estrella, pero cumplieron su cometido con un moderado éxito

Una de las mayores novedades que aportaba 52 era que se contaba en tiempo real (aunque con bastantes licencias, todo sea dicho). Así, contaba todo un año de DC en 52 entregas a una por semana. La cadencia semanal unida a la habilidad de los guionistas daría lugar a la obra que ha recuperado el efecto ‘continuará’ como se merece. Es cierto que nunca se ha perdido este fenómeno en el mundillo del comic, pero con 52 trajeron de vuelta el espíritu de los antiguos folletines, dejando el momento de máximo suspense para la última página. Volvieron a conseguirlo, cada semana esperábamos expectantes el nuevo número comiéndonos las uñas.

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Y lo más sorprendente es que la historia enganchara de ese modo con el reparto que protagonizaba 52. No sólo nos faltaban Superman, Batman y Wonder Woman, sino que los otros pesos pesados, como Flash o Green Lantern, apenas se dejaban ver. Esto convertía 52 en un rincón de segundones, muchos de ellos olvidados. Pero en manos del póquer de ases que escribía esta serie, el olvido se transformó en falta de ataduras y con ella crearon algunas de las historias mas grandes en la vida de estos personajes. Booster Gold, Black Adam, El Hombre Elástico, René Montoya, The Question, Steel, Animal Man, Starfire, Adam Strange o Will Magnus vivieron momentos gloriosos que no serán fácilmente olvidados.

Como colofón final, 52 cierra de manera sobresaliente los cabos sueltos y sienta las bases de un nuevo universo DC tan sólido como lleno de nuevas posibilidades. Descubrimos el secreto de 52 y el nuevo estatus del universo. En muchas otras obras este destino final hubiera bastado. En 52 es tan apasionante el camino que llegar a la meta, por gloriosa que sea, nos deja con ganas de haber caminado un poco más.

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Alain Villacorta "Laintxo"

Fue picado por un cómic radiactivo y ahora ve el mundo a través de viñetas y tiene el sentido de la realidad proporcional de un tebeo. No os preocupéis, no es peligroso... creo...

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