La historia llega a su fin. Aún recuerdo cuando, después de leer La Sociedad de los Dragones de Té , comentaba lo interesante que... El Tapiz de los Dragones de Té

La historia llega a su fin. Aún recuerdo cuando, después de leer La Sociedad de los Dragones de Té , comentaba lo interesante que habría sido explorar más este mundo. Decía eso sin imaginar que aquel web cómic que comenzara Kay O’Neill, catapultándola a premios y a una edición en papel acabaría propiciando nuevas historias. Con El Tapiz de los Dragones de Té  llegamos al final del camino. Un camino agradable, placentero, lleno de una paz necesaria en tiempos revueltos, y que nos transporta a la inocencia de la infancia. La historia de los Dragones de Té puede parecer una trilogía infantil, y de hecho, son obras que seguro disfrutan los niños, pero más que dirigirse a ellos, la autora busca lectores con esa inocencia, ese optimismo por la naturaleza humana que suele perderse a medida que crecemos, y eso es algo maravilloso. La Cúpula y Brúfalo Lector completan esta trilogía con un tomo en cartoné de 21×30 cm que permite disfrutar al máximo la candidez del dibujo de O’Neill.


Este tomo arranca pasados un par de años desde los dos tomos anteriores. Si en el primero conocimos a la aprendiz de herrera Greta y a la dulce Minette, y en el segundo a la aprendiz de cocinera Rinn y el dragón Aedhan, en este tomo las historias acabarán confluyendo. Greta sigue al cuidado de Ginseng, el pequeño dragón que no se repone de la pérdida de su anterior dueño y tendrá la oportunidad de convertirse en la aprendiz de la leyenda Kleitos, quien a pesar de sus reticencias iniciales accede a enseñar a algún pupilo todo lo que sabe sobre la forja.

Voy a decir algo, probablemente, poco políticamente correcto: la historia da igual. Entendedme, ayuda mucho a dirigir todo lo que sucede y es imprescindible para dar una motivación a los personajes y ayudarles a evolucionar, sí, pero… disfrutaría esta trilogía igualmente si los personajes se limitaran a pasear por los bosques recogiendo hierbas. O’Neill construye un mundo de buenas intenciones, amor desinteresado y afán por ayudar al prójimo y permitir que los demás sean felices. «¡Buah, qué pastel! Esto no es para mí…» No os equivoquéis, Kay O’Neill no se limita a construir un mundo de tartas de ruibarbo y brisas que ondean los cabellos de las protagonistas, sino que muestra las recompensas de ser generoso con el prójimo, de amar desinteresadamente, sin etiquetas, y de respetar el entorno que nos rodea. Con esta historia fantástica de dragones a los que les crecen hojas con las que preparar infusiones con propiedades únicas, en realidad hace un alegato por las tradiciones y el amor a la naturaleza. Y está escrita con mucha sutilidad, de un modo en absoluto obvio, que exige una lectura a corazón abierto, sin defensas.


En este tercer libro, el dibujo explora paisajes y escenas nocturnas, en los recurrentes sueños de Minette, lo cual permite a la autora explorar paletas diferentes a las que nos tiene acostumbrados, con tonos más fríos y basados en el azul. Resulta refrescante ver ese cambio, y ver cómo evoluciona también con esos fondos algo más detallados, ahora llenos de detalles en forma de hojas que vuelan o ramas que monopolizan todo el escenario. Los personajes que ya conocíamos han crecido un poco y lo vemos así reflejado en sus diseños.

El tomo se completa con una serie de artículos en la línea de los anteriores libros. Son extractos de La historia ilustrada de los Dragones de Té , la obra imaginaria que supuestamente recoge toda la información acerca de estas criaturas en la ficción. Así, conoceremos la historia del primer Dragón de Té, más acerca de estas criaturas e incluso un apartado acerca de la Sociedad, cómo se creó y con qué fin. La edición sigue siendo toda una delicia, con un papel offset de alto gramaje que aporta al dibujo ese aspecto de antiguo que acompaña a la historia, y un tamaño ampliado en el que los preciosos diseños de O’Neill brillan en todo su esplendor.


En definitiva, El Tapiz de los Dragones de Té  es un cierre perfecto para una trilogía que apuesta por la naturaleza humana, el respeto al prójimo, a las tradiciones y a la naturaleza. ¿Quién sabe si O’Neill acabará volviendo de algún modo a este mundo algún día? En todo caso, nos quedarán tres libros con los cuales es difícil no acabar la lectura con una sonrisa en los labios. Estoy convencido de que la autora los ha realizado pensando en plantar una semilla dentro de los niños que los lean y que, tal vez, algún día crezca entre ese bosque de espinos en que se está convirtiendo la sociedad de las redes sociales y del insulto anónimo. Si entre todo ese espesor, algún día crece una flor, el esfuerzo habrá merecido la pena. Si no, sigue siendo bueno que haya quien aspire a intentar con su trabajo cambiar un poco las cosas y buscar un clima de armonía y respeto…

Lo mejor: El mensaje que envía. El buen rollo que rezuma por los cuatro costados y la sonrisa con la que terminas de leerlo.

Lo peor: Que haya quien no consiga captar ese mensaje y lo vea como una obra infantiloide o ñoña.

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Alejandro Martínez

Alcalde no electo de Star City. Conocido en determinados círculos como "El páharo". Era el único que justificaba sus artículos en esta web, pero los caciques que la dirigen me han obligado a dejar de hacerlo... Sniff sniff.

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