El material clásico de DC no interesa, no vende… o eso decían. Bueno, no pretendo caer en el cuñadismo facilón y hablar de cifras de ventas que no tengo, pero que un material como el que encontramos en Archivos DC. Superman en los cincuenta ha despertado interés… es innegable. Siendo cierto que es un material seleccionado con primeras apariciones de personajes clave en la historia de Superman, es un punto de entrada perfecto para unos cómics que son hijos de su época y que no se pueden leer con la misma mentalidad que leemos su serie actual. En España hemos tenido acceso, y en ediciones muy diferentes, a los primeros cómics de Spiderman, Thor o el Capitán América, pero no podemos decir lo mismo de los de Batman, Superman y ya ni te digo Wonder Woman, Flash o Green Arrow. Y ojo… es que no es lo mismo. Desde un punto de vista objetivo, resulta muy distinto acceder a cómics de la década de los 60 donde, a pesar de sus diferencias narrativas y sus tics machistas o de otros asuntos en los que las diferencias sociales son palpables, pretendían comenzar un modo de contar historias de superhéroes que acabarían derivando a lo que conocemos hoy día. Nada que ver con esos cómics de los años 40 o 50 de DC en los que las diferencias eran aún más evidentes. Panini comienza su línea editorial Archivos DC con una selección de los cómics de Superman de la década de los 50 (que en su mayoría eran más cercanos a la de los 60, además.).

La edición española calca a la americana, dividida en cuatro secciones diferentes, y con un artículo introductorio a cargo de Mark Waid. Las cuatro secciones son: Historias clásicas, La familia Superman, Los villanos y Los amigos de Superman. En la primera sección tenemos una selección de historias donde la colección se vio influida por la serie de televisión Las aventuras de Superman, protagonizada por George Reeves. El principal motivo de dicha simbiosis entre ambos medios era que el editor de Superman en aquella época era el productor de la serie, y por si eso fuera poco, uno de los asesores de guion de dicha serie no era otro que Mort Weisinger, quien acabaría siendo editor de la serie de cómic. Fundamentalmente encontramos aquí historias sencillas, autoconclusivas que no pretendían más que entretener, sin que el lector tuviera que devanarse los sesos lo más mínimo. Eran aventuras donde Superman se enfrentaba a situaciones tales como una pérdida de memoria, convencer a una niña ciega que no creía en él, amenazas del espacio exterior o un luchador de wrestling que a pesar de su aspecto, competía por el amor de Lois. Historias muy simplonas, divertidas, y que en ocasiones eran resueltas con un Deus Ex Machina o algo muy parecido.
El lector que vea este tipo de material por primera vez se verá sorprendido por historias que tenían una extensión de 8-12 páginas, pero es que las revistas de aquella época no se parecían en nada a las de ahora, y estaban formadas por diferentes historias cortas dentro de una misma revista. Es el motivo por el cual se pudieron explorar dentro de la misma publicación las aventuras de Superboy, de Lois Lane o posteriormente Supergirl, sin la necesidad de protagonizar su propia cabecera (al menos de inicio). Por eso, en el segundo bloque veremos historias protagonizadas por Jor-El, Superboy, Supergirl, Krypto o Titano el mono, suponiendo además la primera aparición de muchos de ellos. Igualmente el tercer bloque supuso un cambio en los enemigos del personaje, quien en sus primeros trece años de existencia había desarrollado a apenas unos pocos villanos como Lex Luthor o Mr. Mxyzptlk (originalmente Mxyztplk al que un despiste de los guionistas le acabó cambiando el nombre) y que ya en los 50 recibió la llegada de otros villanos míticos como Brainiac o Bizarro, que protagoniza la única historia desarrollada en dos números diferentes del tomo. Puede sorprender a los menos familiarizados con esta época ver a un Luthor muy diferente al que conocemos hoy. Basicamente ese primer Luthor era un científico loco fondón que no soportaba el robo de atención de Superman ante la opinión pública.

La última de las secciones se centra en los amigos de Superman: la redacción del Daily Planet, Lois, Lana Lang, Jimmy Olsen, Batman o Robin. Resulta interesante leer estos cómics ahora que tenemos tan reciente Los mejores del mundo o el Nightwing de Tom Taylor, en los que precisamente estas historias que aquí se recogen tienen cierta conexión con esos cómics publicados más de setenta años después. Una vez más, y aunque parezca innecesario, hay que recordar los años que han pasado y, afortunadamente, los cambios que ha sufrido la sociedad. Y es que hay historias en las que el papel de la mujer va a quedar relegado a ser la aspirante al amor del héroe, por muy intrépidas que fueran Lois o Lana, pero hay que leer esas historias como hijas de su época, y no pretender juzgar su intencionalidad con la mentalidad actual.
En estos cómics veremos grandes nombres como Bill Finger a los guiones, pero también dibujantes de la talla de Al Plastino o Curt Swan, con estilos muy similares en una época en la que la innovación narrativa no era una prioridad, sino que primaba la claridad y la ausencia de «ruido» que pudiese distraer. Al leer este tomo de casi 400 páginas con más de treinta historias, veremos muchos tics propios de la época, con elementos narrativos recurrentes como la suplantación de identidad, la tan socorrida kriptonita (cuya accesibilidad resultaba increíble) o las pérdidas de memoria. Ni que decir tiene que las explicaciones científicas que se daban eran las propias de unos cómics que estaban dirigidos a niños y además en una época en la que no había redes sociales donde poder poner en evidencia las abundantes incongruencias científicas que podíamos encontrar.

En definitiva, Archivos DC. Superman en los cincuenta es un tomo imprescindible para los amantes del Universo DC que llevan años queriendo explorar el material más clásico, con una restauración exquisita del material y una edición accesible en tapa blanda y papel offset, que resulta fabuloso para recoger este tipo de cómics. A pesar de lo variado que es, conviene recordar que es un material duro para los estándares actuales y que conviene leerlo «en tragos cortos» para evitar el riesgo de atragantamiento por unas historias que pueden llegar a hacerse bola si no se leen con mesura. Pero leído aprovechando el intervalo entre otras lecturas, resulta un material muy curioso y es todo un placer ver que tiene cabida en el mercado comiquero de nuestro país… por fin.
Lo mejor: Historias muy variadas con primeras apariciones de personajes de toda la vida. La edición es sensacional.
Lo peor: Si te lo lees de una sentada, se puede hacer bola (como todo el material de esta época).


