Dice Cédric Sapin-Defour, autor de la novela Su olor después de la lluvia que recibió propuestas de adaptaciones a cine o cómic y su primera reacción fue de rechazo, puesto que se trata de una historia muy personal que temía se pudiera desvirtuar al ser tratada por personas ajenas. Pero le bastó un par de conversaciones y otras tantas muestras de páginas de José Luis Munuera para darse cuenta de que era la persona adecuada y que podía no ser una mala idea permitir que alguien ajeno contase su historia. Astiberri recupera la adaptación a cómic, de igual título que la novela que se convirtió en best-seller en Francia y que cuenta la historia de su Cédric con su perro Ubac. Una obra muy personal, con dosis elevadas de sentimentalismo y una ausencia de pretensiones más allá de dejar constancia del recuerdo de la relación entre humano y perro, que acaba desarmando al lector por la sinceridad con la que el autor la cuenta.

Cédric es un profesor de gimnasia con inquietudes literarias que, tras fallecer su perra, decide adoptar a otro perro de la raza Boyero. La llegada de Ubac a su vida supone algunos cambios, que Cédric no duda en afrontar, por profundos que lleguen a resultar. Seguiremos la relación de ambos a lo largo de trece años, con cambios de trabajo, de residencia, de personas en la vida de Cédric, y hasta la llegada de nuevos miembros a la familia. Para ello Cédric cuenta con la ayuda de dos adorables ancianos que conoce del barrio, que ven en el espíritu del joven un reflejo de estilo de vida muy poco habitual.
La sensibilidad con la que Munuera adapta la novela da un nuevo giro (otro más) a la obra del autor murciano. Hemos visto su capacidad de adaptarse al tebeo europeo humorístico más clásico en obras como Merlín o Zorglub, adaptar novelas clásicas como Peter Pan de Kensington o Bartleby, el escribiente, o dibujar una historia tan divertida como La carrera del siglo. Pero en esta ocasión, el autor se acerca a un registro muy diferente, que le asemeja a autores como Taniguchi o Zidrou, contando una historia que no tiene conflictos, que nos hace acompañar sin más a Cédric y Ubac a lo largo de sus vidas, permitiendo que veamos cómo se refuerzan los vínculos entre ellos y se forja una relación sincera y sin fisuras.
Y cuando digo que no hay conflictos, alguien que la haya leído puede pensar que no es del todo cierto, pues surgen situaciones en las que el protagonista debe realizar cambios como el de mudarse de vivienda porque los perros no son permitidos, o alguna enfermedad de Ubac que produce la lógica intranquilidad en su dueño… pero no son conflictos que dirijan la narrativa, simplemente son hechos que suceden y se nos muestran, del mismo modo que se nos muestra cuando se van a la montaña juntos. Eso produce una sensación similar a las que produce la lectura de algunas obras de Taniguchi: como si estuviéramos viendo la vida en común de ambos desde un agujerito, como meros espectadores, con la tranquilidad de que ninguna sensación va a sacarnos de esa placentera tranquilidad que impera en toda la obra.

Probablemente ahí radique gran parte del éxito que tuvo la novela y ahora el cómic, la de unos autores que intentan mostrar las relaciones tan fuertes que se pueden establecer entre un hombre y un perro… teniendo incluso en cuenta el punto de vista del animal. Y es que la obra se divide en varios capítulos, donde el punto de vista del narrador va cambiando, y en alguno de ellos se centra en el de Ubac, con un planteamiento muy interesante como el de la percepción de los estados de ánimo de Cédric, mostrados con recursos de color, identificando la alegría o cansancio pero también sensaciones desconocidas como cuando se enamora. Es un punto de vista muy interesante, permite comprender cómo Ubac percibe a su compañero de vida, y aunque sin ninguna base que permita confirmar que así es como realmente sucede en los animales, funciona de manera simbólica perfectamente, y da lugar a algunas escenas que dejan con una sonrisa en la cara difícil de borrar. Lo mismo sucede con el resto de relaciones de la obra: con los abueletes entrañables o con Mathilde y cómo se forja el amor entre ellos.
La sensibilidad del texto, con algunas licencias por parte de Munuera, se complementan con un dibujo más contenido que en otras ocasiones, sin ningún tipo de efecto, y que parece apoyar la normalidad de la historia, esa sensación de la que hablaba de estar mirando por un agujero evitando el ruido y permitiendo una lectura muy fluida y agradable. La obra incluye algunas frases literales de la novela, que consiguen calar muy hondo, como el «La vida, para quien quiera verla, está en todas partes. Y quien dice estar solo está ciego» con la que abre este cómic o una de las frases que mejor definen la pérdida de un ser querido que he leído jamás: «Aún no había terminado de quererla».

En definitiva, Su olor después de la lluvia es una obra sobre el amor desinteresado entre un humano y un perro, narrada con naturalidad, sin más pretensiones que recordar las sensaciones tan bonitas que ambos vivieron juntos. Un canto de amor a la naturaleza y a la convivencia con animales que permite que termines la lectura pensando que has leído una historia con una estructura lineal que, en teoría, debería haberte dejado con cierta sensación de indiferencia, y sin embargo tiene un alcance tal que te hace acabar con una sonrisa en los labios, pensando en muchas de las frases y momentos que contiene. Una de esas obras que te deja tan buen recuerdo que va a hacer querer volver a ella de vez en cuando, en busca de revivir esas sensaciones.
Lo mejor: La naturalidad y sensbilidad con la que está tratada. La contención de Munuera para evitar restar protagonismo a la historia. El capítulo de la percepción de estados de ánimo con colores.
Lo peor: Si no tienes sensibilidad animal, puede que la obra te resulte intrascendente.


