En 2008 Capcom lanzó por todo lo alto en los salones recreativos de todo el mundo “Street Fighter IV”. No obstante, el juego alcanzó todo su esplendor cuando fue editado para los sistemas domésticos del momento al año siguiente. Como era de esperar, la editorial UDON, un pequeño estudio que se independizó de la editorial Devil´s Due Publishing (también estudio que se emancipó unos años antes de Image), publicó una serie de cómics que, en este caso, sirvieron de precuela para los acontecimientos narrados en el juego de marras. De hecho, UDON lleva publicando los tebeos de la franquicia desde 2003 y a día de hoy sigue editando nuevas series.
Antes de nada, si no habéis jugado a “Street Fighter IV” no pasa nada. El cómic ofrece toda la información suficiente para conocer a los nuevos personajes de un modo parecido a lo que ofrecieron otros tebeos de juegos de lucha, como la macrosaga “Injustice” o “Mortal Kombat X”. Ahora bien, si le habéis dado un tiento al juego, la familiaridad adquirida con los luchadores será un plus añadido.

Street Fighter IV, de las cenizas de Shadaloo llega SIN
Ken Siu-Chang, guionista habitual de “Street Fighter”, nos ofrece una historia que se sustenta sobre la figura de Crimson Viper, una mercenaria-espía que se encuentra trabajando para el misterioso Seth, un ser sintético cuyas técnicas de lucha son el resultado de absorber el ki de otros luchadores. Viper tiene una misión clara: debe capturar a todos los practicantes del estilo Satsui No Hado (la técnica de Ryu, Ken y compañía), por lo que empieza por los eslabones más débiles de la cadena. Estos son Sakura y Dan.
También conoceremos a Abel, un enigmático combatiente que no recuerda su pasado, pero que muestra una clara determinación por eliminar a todos los agentes posibles de SIN, la nueva organización criminal que sustituye a Shadaloo y que es liderada por el mencionado Seth.

El juego de “Street Fighter IV” se centra en un nuevo torneo de World Warriors, siendo Seth el jefe final a batir. Pues bien, los cómics dejan el terreno preparado para dicha competición.
Hay que reconocer que el guionista sale airoso, logrando que la miniserie sea interesante. Y ello, pese a que el peso de la trama recae sobre todo sobre personajes de nuevo cuño, sin el carisma de los consabidos Ryu, Chun Li; Guile y compañía. Siu-Chang ofrece una historia llamativa, con un equilibrio muy bien logrado entre el thriller de espías y la acción habitual de los juegos de tipo Versus. Por otro lado, también sale airoso dosificando con eficacia algunas píldoras de humor centradas en nuevos personajes como Rufus (un tipo con sobrepeso que hace Kung Fu) o El Fuerte (un wrestler mexicano que quiere abrir un restaurante).
Como de costumbre, uno de los principales alicientes de la franquicia es el apartado artístico. “Street Fighter IV” no es una excepción y cuenta con el dibujo de Joe NG, un viejo conocido de los luchadores callejeros que se encargó de buena parte de los números de la primera serie de UDON. Su estilo amerimanga y el dinamismo que le da a las escenas de acción le sientan como un guante a la miniserie.

El tomo se completa con un puñado de historias cortas de complemento, centradas en algunos de los personajes de la obra. Por lo general no aportan gran cosa, pero hay una centrada en Haggar y Guy (sí, dos de los tres personajes seleccionables de “Final Fight”) que es muy buena y deja con ganas de más.
En definitiva, “Street Fighter IV” es un cómic muy divertido. Muy autoconsciente de su naturaleza, que hará las delicias de los fans de la saga y de todos aquellos que busquen disfrutar de un tebeo de acción sencillo y sin complicaciones.
Por su parte la edición de Moztros viene presentada en rústica cosida. Toda una novedad, porque los anteriores tomos de la saga “Street Fighter” fueron publicados en cartoné. Puede que esto rompa con la homogeneidad estética de la estantería pero (llamadme loco si queréis) los tebeos son para leerlos, no para decorar. Cualquier ahorro en el PVP final es más que bienvenido, y si de paso ahorramos también espacio, pues mejor que mejor.


