No todas las obras de cómic que leemos tienen que ser tebeos de acción adrenalínica, historias que nos hagan reflexionar sobre el sentido de... El Sr. Joaquín y la Mecánica Celeste

No todas las obras de cómic que leemos tienen que ser tebeos de acción adrenalínica, historias que nos hagan reflexionar sobre el sentido de la vida o experimentos sobre las posibilidades narrativas del medio. A veces, nos apetece leer historias pequeñas sobre personas cotidianas. Sobre alguien con quien podríamos cruzarnos por la calle, esas vidas anónimas de las que no sabemos absolutamente nada y, salvo que ocurra algo excepcional, nunca llegaremos a saber nada. El Sr. Joaquín y la Mecánica Celeste es una de esas historias.

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Joaquín es un anciano viudo que vive en un desvencijado edificio de apartamentos de un barrio de clase baja de Barcelona. Vive anclado en el pasado, pensando constantemente en su difunta mujer y con una habitación dedicada a su carrera como dibujante de los tebeos de la Capitana Fragor -una versión del Capitán Trueno- en los años 50 y 60. En su edificio vive también Moyo, una niña que es prácticamente lo único que le hace sonreír en el día a dia, con su madre prostituta y las constantes visitas de su chulo, un tipo despreciable y peligroso. También viven allí una pareja joven a punto de tener una hija, y el padre tiene un problema interno que le obsesiona. Y hay también una anciana que vive sola, olvidada, a la que se le ha ido la cabeza pero nadie lo sabe.

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El punto fuerte de lo que nos cuenta el guionista Raule (Isabellae, Jazz Maynard) aquí no es la historia en sí, que es bastante sencillita llegando hasta un clímax un tanto inesperado, sino en las caracterizaciones de los personajes y las relaciones entre ellos. Aunque alguno sea bastante plano, como el proxeneta, el protagonista es un personaje creíble, con una cierta profundidad -toda la que se puede conseguir en una obra de cien páginas- y con el que es posible empatizar. Quizás la parte más emotiva de toda la lectura es la relación entre Joaquín y Moyo, y tiene su interés la idea planteada de que cada persona lleva su propia carga, pero el anonimato de la vida en las grandes ciudades hace que tenga que llevarla en soledad. «Tonight I won’t be alone but you know that don’t mean I’m not lonely», que cantaba Bon Jovi hace treinta años, vamos.

Al dibujo tenemos a Martín Saurí (La Odisea, Arturo), con un estilo mucho más suelto y abocetado que en sus obras más conocidas, pero que consigue transmitir a la perfección las emociones que tienen -que sufren, en algunas ocasiones- los personajes de la obra. Quizás sea lo más interesante del tomo.

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El Sr. Joaquín y la mecánica celeste es un trabajo menor en la bibliografía tanto de guionista como de dibujante, pero es una lectura agradable dentro de su tristeza. Un álbum que posiblemente no vayamos a releer muchas veces pero que nos dejará pensando un rato al cerrarlo. Y eso ya es mucho más de lo que consiguen muchas de las lecturas por las que pasamos cada mes.

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Enrique Acebes

Enrique Acebes

Quien con monstruos lucha cuide de no convertirse a su vez en monstruo. Cuando miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti.

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