Es la hora de las tortas!!!

Es la hora de las tortas!!!

Soy un ángel perdido

Soy un ángel perdido
Guion
Jordi Lafebre.
Dibujo
Jordi Lafebre.
Traducción
Eva Reyes de Uña.
Formato
Cartoné, 128 págs, color. 22X29 cm.
Precio
26€.
Editorial
Norma Editorial. 2026.
Edición original
Je suis un ange perdu (Dargaud).

Dos años después de la aparición de Soy su silencio, llega Soy un ángel perdido, la obra con la que confirmamos que Jordi Lafebre pretende quedarse con el personaje de Eva Rojas para contarnos más misterios sucedidos en Barcelona. Norma Editorial publica este segundo título que se puede leer de manera independiente puesto que cuenta un caso diferente. Como suele suceder, se disfruta más si has leído el anterior porque ya conoces a los personajes y se perciben mucho mejor los detalles de las relaciones y dinámicas entre ellos. La psiquiatra bipolar metida a detective involuntaria tiene un nuevo caso, y por más que se pueda reducir a «otra historia de caso a resolver» la habilidad de su autor para desgranar los matices de los personajes y la excelente capacidad expresiva de su dibujo convierten esta lectura en un placer mucho menos culpable que su villano.


El caso que nos ocupa en esta ocasión es el de la desaparición de un joven futbolista brasileño que juega en un equipo de la ciudad. Eva es su psiquiatra y es interrogada por el club para saber si ha podido influir en su desaparición, dada su controvertida personalidad. La protagonista se tomará el asunto como algo personal y comenzará a investigar su desaparición, pero… ¿qué tiene eso que ver con el tipo que ha aparecido muerto con el cuerpo enterrado en una plancha de cemento fresco?

Con los años, se han popularizado las historias de detectives con rasgos de personalidad rimbombantes: desde la pedantería de Hércules Poirot, a las adaptaciones y versiones cada vez más cercanas al síndrome de Asperger de Sherlock Holmes, o la excentricidad del reciente Benoit Blanc, un misterio investigado por un detective infalible sin demasiado filtro social es sinónimo de éxito entre el público. Eva Rojas podría entrar por méritos propios en este grupo, teniendo en cuenta que cumple con todos los requisitos pero, a su vez, tiene algo que la diferencia de todos esos ejemplos: A ella nos la muestran con mucho más detalle. No es solo su excentricidad, la magnética personalidad rayando en lo antisocial… Lafebre nos muestra su pasado, sus fantasmas, y ello nos lleva a tomarle mucho cariño, a ser indulgentes con sus fallos, y a que nos parezca un personaje simpático que si lo tuviéramos en nuestras vidas no nos daría más que dolores de cabeza.


Como decía al principio, no es imprescindible haber leído el primer libro, o leerlo antes que este, porque se nos proporciona la suficiente información en este para saber que Llull es el psiquiatra actual de Eva, la “Merkel” y García son dos policías y las tres mujeres que hablan continuamente a Eva son su tía, su abuela y su bisabuela. Aquí la tía M.ª Dolores deja paso a la generación más antigua de la familia, pero se deja constancia de que son personas que siempre han acompañado a Eva y a su madre, con la suficiente ambigüedad para que pensemos si se trata de un síntoma más de su enfermedad o tienen un componente sobrenatural, como espíritus que acompañan a la familia. Igualmente vemos a la madre de Eva, ingresada en un hospital psiquiátrico y que refuerza inteligentemente la personalidad de su hija. El trastorno bipolar es una de las enfermedades psiquiátricas con mayor carga genética, se nota que Lafebre ha contado en todo momento con el asesoramiento de profesionales para la creación de estos personajes porque, con lo fácil que puede resultar caer en la parodia o estereotipia, son personajes creíbles y coherentes.

A pesar de haber leído tantas obras suyas, sigue sorprendiéndome la plasticidad del dibujo de Jordi Lafebre, y su capacidad para transmitir la expresión corporal y gestualidad de los personajes, permitiendo momentos de comedia completamente deliciosos, y haciendo que personajes relativamente planos como García adquieran una relevancia enorme gracias a las reacciones e interacciones con Eva. Es sin duda uno de los mayores fuertes de esta serie, si la analizamos comparando con otras historias de detectives: sus personajes y el lenguaje corporal que desprende el dibujo de Lafebre.


En definitiva, Soy un ángel perdido es una historia de detectives como tantas otras que vamos a disfrutar como pocas, gracias a la construcción de los personajes, los mensajes y el trasfondo que oculta (la homofobia y persecución de los transexuales por ciertos sectores), y un dibujo fuera de lo normal. La obra viene acompañada de un capítulo final en el que el autor nos cuenta sus referencias vitales por los recuerdos de la Barcelona de la infancia, acompañado de bocetos y pruebas de diseño de personajes. Una obra cuya sinopsis puede dar la sensación de que no es nada novedosa, pero con unos personajes tan bien matizados y con tantas subcapas que consiguen que la resolución del caso te resulte lo de menos. Acabarás detestando encariñarte tanto con Eva, pero es que es mucho más que un personaje creado para molar, sus debilidades son su principal fuerte.

Lo mejor: El personaje de Eva. Los secundarios.

Lo peor: La eterna espera hasta la siguiente historia… si es que llega.