Si no llevas mucho tiempo leyendo cómics, probablemente te suene Jaime Martín por sus obras más recientes, algunas de las cuales han merecido un reconocimiento a la mejor obra en el Saló de Cómic de Barcelona, concretamente, Jamás tendré 20 años (en 2017) y Siempre tendré 20 años (2021). La editorial con la que más ha trabajado el autor en las últimas dos décadas, Norma Editorial, publica ahora la que fue su primera obra en solitario, y que le puso en el mapa, consiguiendo ganar el premio a mejor obra en el 8º Saló de Barcelona, Sangre de barrio. Una obra que se comenzó a publicar en la mítica revista El Víbora, y cuyo éxito le auspició a publicar dos secuelas. Esta nueva reedición incluye los tres álbumes completos, acompañados de unq nueva introducción a cargo de Jaume Vidal, un epílogo nuevo a cargo del autor y una lámina de regalo para la primera edición.

Con gran carga autobiográfica, la obra es un reflejo de la juventud de clase obrera de principios de los 80, de aquella Barcelona, reflejando escenas que suceden en una época en la que la droga asolaba nuestra sociedad. La movida, el rock patrio, y el ascenso de la cocaína y la heroína como drogas de consumo cada vez más frecuentes son los principales temas que vemos de fondo en la historia de Vicen, un joven que se muda con su madre y su hermana a L’Hospitalet, huyendo de un padre alcohólico que cada vez era más violento. Allí se instalan los tres, en un municipio donde la ley de la calle es feroz. Seremos testigos de la juventud de Vicen, su madurez y primeros amores hasta un último capítulo con él ya adulto, intentando salir adelante como puede y como sabe.
Los tres capítulos resultan completamente diferentes, casi como si estuviésemos viendo tres temporadas distintas de una serie, o las tres partes de una trilogía literaria o cinematográfica. El tono cambia mucho en cada uno y, si en el primer libro tenemos esa historia de joven que llega a una nueva población, donde conoce a nuevos amigos y aprende de los peores maestros, en el segundo tenemos una historia más madura, donde el protagonista ya no es un niño, y los delitos no son simples robos o peleas callejeras. El último libro o capítulo es un cierre muy distinto, su protagonista es ya adulto, y la vida que ha llevado le lleva a sus últimas consecuencias, tanto en trabajos como en la relación con su familia y su chica.

Sinceramente, el que más he disfrutado he sido el primer capítulo, con un tono muy heredero del cine quinqui de los 70 y 80, que muestra a la perfección cómo un chico que frecuenta dudosas compañías, puede acabar arrastrado a un tipo de vida que le dificultará prosperar. Delincuencia, problemas con la justicia y una salud en continuo riesgo por amenazas o peleas, pero sin abandonar el matiz desenfadado, la inconsciencia de la juventud y el espíritu de cuadrilla que ponía una venda sobre el aciago futuro que les podía esperar de seguir así. Todo ello regado del mejor rock patrio, con una banda sonora omnipresente en toda la obra, con canciones de Ramoncín, la Polla Records, Burning o Rosendo. Las letras de esas canciones conectan con lo que vemos, introduciéndonos en una época en la que más que eran más crónicas de aquella sociedad que meras piezas de entretenimiento musical.
Las obras se publicaron originalmente en los años 1989, 1992 y 2002, y a nivel gráfico es algo que resulta evidente, no solo por la técnica sino por las influencias del autor. Ese primer capítulo, muestra algunas inercias de autor principiante, pero es el que más me ha interesado de todos por la evidente influencia de autores como Jordi Bernet, Alfonso Font o Josep Maria Beà, con un dibujo absolutamente manual, sin tecnología digital. En el segundo y tercer libro, donde ya se comienza a trabajar con técnicas informáticas, no solo hay un cambio a nivel de los acabados, sino que entra también la influencia del manga, con la introducción de líneas cinéticas y encuadres mucho más arriesgados que le dotan de dinamismo, sí, pero se siente diferente.

En definitiva, Sangre de barrio es una apasionante historia que podríamos encuadrar en el género quinqui, muy popular hace 3-4 décadas y que en los últimos años ha experimentado cierto repunte con películas como Las leyes de la frontera o la reciente Enemigos. Con más de treinta y cinco años, es una obra que permite entender por qué Jaime Martín ha seguido siendo un autor respetado y apreciado en nuestro país, realizando historias cercanas y sinceras, sin tapujos y que se sienten muy reales, y unos personajes con los que resulta difícil no identificarse, más aún si eras fan de algunas de las muchas bandas que ponen la banda sonora a esta obra. Gran edición de una obra imprescindible para los seguidores de Martín.
Lo mejor: Su credibilidad. Los personajes, la banda sonora.
Lo peor: Sin ser algo que lastre en absoluto, pero la segunda y sobre todo la tercera parte me parecen menos interesantes, probablemente por las ganas que deja de volver a la época y personajes de la primera.


