Es la hora de las tortas!!!

Es la hora de las tortas!!!

Sandman Mystery Theatre 1

Sandman Mystery Theatre 1
Guion
Matt Wagner y Steven T. Seagle
Dibujo
Guy Davis, John Watkiss y R.G. Taylor
Color
David Hornung y Android Images
Traducción
Ernest Riera
Formato
Cartoné. 528 páginas. Color
Precio
60€
Editorial
Panini Cómics . Enero 2026
Edición original
Sandman Mystery Theatre #1-20 (Vertigo, DC)

Con Shade y este Sandman Mystery Theatre, Panini cumple con los dos grandes olvidados de la línea Vertigo, que llevaban cerca de dos décadas fuera de circulación en librerías. En cualquier caso, si bien la primera es un ejemplo flagrante de lo que nos ofrecía aquel recién creado sello capitaneado por Karen Berger, Sandman Mystery Theatre es una especie de oxímoron con viñetas.

De acuerdo que, por un lado, no puede ser más una serie de Vertigo de 1993. Veamos, evidentemente ese «Sandman» en la portada es un intento manifiesto de explotación de la marca que Neil Gaiman estaba desarrollando con tantísimo éxito, casi como uno más de tantísimos derivados que le salieron. Pero atentos a ese «casi» porque volveremos sobre él.

Por otro lado, esta serie es, como tantas otras en los primeros tiempos de Vertigo, en el pre-Vertigo e incluso antes, una reimaginación/puesta al día de un viejo personaje olvidado de DC, como tantas otras que se venían haciendo durante gran parte de los años 80. Los mismos Shade o Sandman son ejemplos de ello, pero también la Doom Patrol, Orquídea Negra, Kid Eternity o Animal Man, e incluso podríamos irnos antes a The Question, Hawkworld, Demon, BlackHawk, Starman y tantos otros. Con el final de Crisis en Tierras infinitas, escarbar en el fondo del barril se volvía cada vez más atractivo. Por más distantes que puedan parecer tebeos como Crisis y Sandman, de algún modo, la segunda es consecuencia de la primera.

Sandman Mystery Theatre 1

La tercera pata que emparenta a Sandman Mystery Theatre con sus hermanas de hornada es la elección de sus autores. De acuerdo que Vertigo es conocida por nutrirse de la invasión británica, pero también por fijarse en nombres que venían despuntando en el mercado independiente. De ahí surgirían los tres autores principales de esta serie: Matt Wagner, Steven T. Seagle y Guy Davis.

Pero retomaremos sus figuras un poco más adelante porque, si decía que esta serie es un oxímoron histórico dentro de Vertigo, aún nos queda un ala completa que explorar. Y es que, aunque sea una expresión sobada y rancia, Sandman Mystery Theatre es una serie adelantada a su tiempo. La propuesta que lanzó Matt Wagner se adelantaba varios años a la irrupción completa del noir en Vertigo en la frontera entre siglos, con títulos como La escena del crimen o 100 Balas. Sandman Mystery Theatre también se adelanta a la ola del reivindicación del pulp que encabezarían Alan Moore y Warren Ellis con la línea America’s Best Comics y Planetary, respectivamente. Tal estar tan fuera de su tiempo es lo que ocasionó que nunca se convirtiera en un éxito del calado de otros títulos Vertigo que a todos nos vienen a la cabeza. Tampoco estoy seguro de si podríamos achacarle influencia en lo que vendría después, pero de lo que no hay duda es de que supo ver antes que la mayoría el potencial de todos estos conceptos.

Pero vayamos a lo más básico por si alguien se acerca por primera vez a esta máscara de gas y esta gabardina. Sandman es un personaje creado por Gardner Fox y Bert Christman en 1939. Wesley Dodds, no tan diferente entonces de un Bruce Wayne o un Lamont Cranston, se enfundaba una máscara antigás, un sombrero y una pistola somnífera para combatir el crimen. Matt Wagner y Guys Davis aprovecharían el éxito que la reimaginación del Neil Gaiman había dado a la marca para rescatar el concepto original y traerlo a sus días, en una serie que mezcla los conceptos de partida, con sus precedentes pulp, el noir clásico de Dashiel Hammet o Raymond Chandler — o el más moderno de nombres como James Ellroy—, una pizca del thriller cinematográfico noventero con énfasis en lo truculento y un componente de carga social, con una sensibilidad moderna.

Aunque la vecina Dark Horse ya lo venía haciendo con las franquicias de Alien y Predator, por ejemplo, Sandman Mystery Theatre también es un ejemplo temprano de la fórmula de serie de miniseries que ahora toma por bandera, por ejemplo, todo el mignolaverso y, en muchos aspectos, el universo Hellboy sí podría considerarse muy deudor de este título.

En este primer tomo de Panini, tenemos los 20 primeros números de la serie USA, con las cinco primeras sagas, que pueden ser leídas de forma autoconclusiva. Cada una tiene su inicio, su final y todo lo necesario para ser comprendidas y disfrutadas por separado. No obstante, hay todo un culebroneo de fondo que se continúa entre sagas, fundamentalmente con la historia de la relación entre Wesley y Dian, nuestros dos protagonistas. Y es que aunque sea el bueno de Wes quien se enfunda la máscara, en muchos casos, Dian tiene un protagonismo incluso mayor, se hace en varios momentos con la narración y es un personaje más poliédrico, carismático e interesante que el que da título a la serie.

Dado que cada historia es autónoma, entraremos un poco más adelante en detalles de cada uno, pero es preciso antes, en este primer tomo, introducir a sus autores. La mayoría son hoy en día figuras consolidadas, pero conviene ubicarlos en su situación al llegar a esta serie.

Matt Wagner es el principal impulsor, junto con su editora, Karen Berger. Wagner se había labrado un nombre como estandarte de la editorial Comico con sus personajes Mage y Grendel. De hecho el crossover de este último con Batman fue lo que le abriría las puertas a una larga — aunque intermitente— colaboración con DC, sobre todo con el caballero oscuro, pero también otros títulos como Trinidad o, en Vertigo, esta misma y Madame Xanadu.

Sandman Mystery Theatre 1

Fue Wagner quien se fijó en un dibujante de Michigan, que estaba haciendo una versión punk de Sherlock Holmes que llegó a España como Honor entre Punks (Baker Street) con Caliber, editorial, hoy olvidada, que guardaba bastantes aspectos en común con Vertigo. Tras Sandman Mystery Theatre, triunfaría con AIDP en el hellboyverso, que, a su vez, le supondría la entrada en el mundo del diseño conceptual para cine por la vía de Pacific Rim.

El tercero en discordia será Steven T. Seagle, quien curiosamente había trabajado tanto en Comico como en Caliber. Entraría de apoyo para poder seguir un ritmo mensual que superaba a Wagner. Esto sería también el trampolín que le valdría a Seagle la posibilidada de hacer El Tribunal de los Secretos y su posterior salto a montones de series en Marvel y DC, hasta recalar como uno de los fundadores de Man of Action, el millonario estudio responsable de Ben 10.

Estos tres serían los tres autores principales, hoy en día figuras indiscutibles, que eran poco más que promesas al llegar aquí. Completan el equipo los dibujantes John Watkiss y R.G. Taylor, que suplen a Davis en dos arcos, el colorista David Hornung y el portadista Gavin Smith, en una versión más moderada de lo que ofrecía Dave Mckean en The Sandman.

Todos ellos pondrán el foco en distintos argumentos y temas más o menos de fondo en cada una de los arcos. Comentábamos que son independientes, pero hay, sin embargo, algunas ideas que son comunes a todos ellos. Como buen noir, nos da un reflejo, normalmente un tanto oscuro, de la sociedad de su época, pero también —de un modo donde la cantidad de metáfora puede ser variable— de aquellos años noventa en que fueron hechos estos cómics y hasta quizá, en algunos casos, de nuestros días.

Sandman Mystery Theatre nos ubica a comienzos de los años 30, con la Gran Guerra terminada, los efectos de la Gran Depresión dejándose sentir, casi recién derogada la Ley Seca y con el fantasma de la Segunda Guerra Mundial comenzando a asomarse. Sin embargo, no hay una sola Nueva York de los años 30 y Wagner, Davis y compañía quieren que lo descubramos poco a poco. Partimos de los clubs nocturnos de Jazz de Harlem con la óptica de los blancos acomodados que los frecuentaban, para ir adentrándonos en las grietas tras la fachada de bohemia y modernidad. Las desigualdades sociales, el racismo o la discriminación sexual serán algunos de los temas que se abordan con la década de los treinta como marco, pero con un prisma mucho más de los años 90 en que fueron hechos estos cómics y del sello Vertigo en particular.

Habrá otros personajes recurrentes, pero son dos los fundamentales para recorrer este escenario. Obviamente uno de ellos es Wesley Dodds, el alter ego de Sandman, que ya no es aquella especie de análogo de Bruce Wayne, héroe de una pieza, de sus historias de Adventure Comics, sino un tipo tirando a rechoncho, miope y apocado, aunque con un cierto misterio y trasfondo que se atisba más allá. Sería injusto, de todos modos, decir de él que es el protagonista, ya que hay otro personaje que no solo compite por el primer papel, sino que se llega a adueñar de la narración. Se trata de Dian Belmont, que, fiel al concepto de sus creación en los 40, parte de la idea de «hija de» y «novia de», pero rápidamente se emancipa para convertirse en el segundo personaje principal y probablemente el más carismático. Dian es la hija del fiscal del distrito y se nos presenta como una mujer culta e instruida, de sensibilidad moderna y carácter. Y sí, podría decirse que es el interés romántico de Wesley Dodds, pero también que Dodds es el de ella. En cualquier caso, sus devaneos con tintes folletinescos serán en muchos casos los verdaderos protagonistas incluso por encima de la trama noir.

Y es que el folletín, aunque sea con un aura más grave, que podríamos llamar adulta, es fundamental en Sandman Mystery Theatre. Este tipo de revisión del pulp no era algo tan común en 1993 y tal vez llamar a Wagner pionero en este aspecto no sea justo con toda la ola de recuperación de la década de los 70 de personajes como Doc Savage, La Sombra o Conan o con el trabajo de autores como Howard Chaykin o Dave Stevens en la década posterior, pero hay en Sandman un rescate del pulp en un mundo de cómic adulto en el que tal vez Wagner sí fue uno de los primeros en marcar tendencia.

Obviamente, el personaje de Sandman es un claro deudor de La Sombra y no se hace ningún esfuerzo en ocultarlo. El aura de misterio, los coqueteos con los orientalismos, el aire nocturno y furtivo… incluso hay un guiño más o menos explícito en un momento concreto, pero más allá del pulp, hay otros personajes con los que Sandman Mystery Theatre engrana. El primero sería obviamente la versión de Sandman que había desarrollado Neil Gaiman y cuyo éxito, por más que poco tenga que ver con Wesley Dodds, había posibilitado la existencia de esta serie. En este primer tomo empezaremos con sutiles alusiones en sueños, pero, poco a poco, tomará mayor presencia en la serie. En este mismo sentido referencial, Sandman Mystery Theatre también hará ciertas alusiones y encajes a otros elementos del universo DC — tal vez más en próximos tomos— aunque siempre de manera un tanto lateral con participación de un cierto juego posmoderno a la referencia. Aunque de un modo mucho menos dependiente de la continuidad DC —nada dependiente casi podríamos decir— hay ciertos despliegues de referencias y pequeñas subversiones de conceptos conocidos que recuerdan levemente al trabajo de James Robinson en Starman, donde la posmodernidad y el pastiche ocupaban también un lugar privilegiado.

Sandman Mystery Theatre 1

Con todo, cada una de las sagas de este primer tomo tiene su propia entidad, sus propios temas y códigos en los que centrar el foco. Así, comenzamos con La Tarántula, una especie de guiño-reimaginación del Adventure Comics #40, donde una serie de secuestros de mujeres encierra toda una turbia trama, donde descubrir al secuestrador y asesino encierra revelaciones aún más truculentas. La Cara, también alude, de manera algo más tangencial a otra vieja historia, la del Adventure Comics #44, y nos lleva a Chinatown, donde se están produciendo varios asesinatos con decapitaciones. Obviamente los asuntos raciales serán troncales en esta saga, muy vinculados además a aspectos de clase. Precisamente las clases más desfavorecidas de aquella empobrecidas EEUU, que se ocultaban bajo las fiestas de los ricos en los clubs de Jazz, serán en centro de La Bestia, donde el destino de un boxeador, que lucha por sacar adelante a su hija enferma, se cruzará con una nueva oleada de crímenes.

Tal vez los tintes sociales se hacen algo menos sutiles, más subrayados y demandantes del primer plano con la llegada de Steven T. Seagle. La vampiresa es el arco donde esto tiene lugar, con ciertos toques de los años noventa donde abordar las cuestiones sexuales o raciales de un modo en concreto resultaba casi obligatorio para estar en la vanguardia Vertigo y que tal vez hoy día se ven algo impostados. Cierto que Seagle haría de esto casi una bandera en el Tribunal de los Secretos, pero lo que encajaba como un guante en una serie de adolescentes torturados, empaña un poco el tono que le estaba imprimiendo Wagner en Sandman. Culmina el tomo con El Escorpión, donde se cruza una mirada crítica a las altas esferas empresariales con una especie de trasunto de enfrentamiento entre La Sombra y El Zorro, en claro juego de homenaje.

Para todo esto, es cierto que el estilo, a veces feísta, de Guy Davis no siempre complace a cualquiera, pero no hay duda que la atmósfera que aglutina en un solo estilo el aroma pulp, los ecos de la ilustración de la época, el carácter Vertigo y ambiente noir es la suya, sin la más mínima duda, y cuando otros dibujantes se hacen cargo, se le echa de menos. Tal vez menos cuando se trata de John Watkiss, que aunque opte por otra propuesta, su estética que recuerda por momentos a Gene Colan y hasta clásicos de la onda de Milton Caniff o Noel Sickles y también termina por engarzar con lo que Matt Wagner plantea. Correcto, pero tal vez no tan acomodado con el tono de la serie es el arco de dibujado por R.G. Taylor, un dibujante de fugaz carrera que provenía de Caliber, cuyo acabado podríamos encajar más en esa idea de estilo Vertigo genérico que ha trascendido con el tiempo.

Tres tomos más nos aguardan hasta completar los 70 números — más algún especial— de esta serie frecuentemente olvidada e injustamente minusvalorada por quienes nunca se han acercado a ella. Ojalá sea este el momento en que muchos puedan descubrirla como se merece.