Hace año y medio os hablaba, en la reseña del primer tomo, del último trabajo como dibujante de Frederik Peeters junto a Serge Lehman, con quien ya había coincidido en El hombre garabateado. Os comentaba lo mucho que me había gustado, hasta el punto de incluirla en mi votación particular de lo mejor del año. Este año y medio que ha pasado hasta poder leer por fin Saint-Elme. Integral tomo 2 se me ha hecho largo, pero tengo que reconocer que la espera ha merecido mucho la pena. Con creces. La edición de Astiberri contiene los tres últimos libros de la serie publicada originalmente en la editorial francesa Delcourt.

Habíamos dejado la historia cuando el detective Franck Sangaré había recibido una paliza y llegaba a la población de Saint-Elme su hermano Philippe. Recordemos que Franck había sido contratado para investigar la desaparición, precisamente, del tipo que le ha dejado en tal estado. La pequeña población es explotada por una rica familia que construye su negocio alrededor de unas aguas termales provenientes de la montaña, y está habitada por personajes muy variopintos, que le dan a la serie un tono que se mueve entre lo incongruente y lo pintoresco, haciendo dudar continuamente al lector si estamos ante una serie con temática sobrenatural o no es más que una trama detectivesca y de intrigas de poder con elementos extravagantes.
Si algo destaca de esta serie es precisamente la cantidad de personajes que tiene, y lo relevantes que son cada uno de ellos. En ocasiones tienen importancia para la trama, y en otras son meros vehículos catárticos que dan sentido a otros personajes, pero todos tienen su momento especial y su sentido en esta historia. De hecho, una de las características más interesantes de esta maravillosa edición de Astiberri, en cartoné y con papel estucado de gran calidad, es que comienza el tomo con un resumen somero pero muy detallado de lo que habíamos leído en el primer tomo. Es un detalle muy de agradecer, dado el tiempo transcurrido desde la publicación del anterior tomo, en una serie tan coral en la que continuamente se arrojan sobre la mesa nombres de personajes que no están presentes en la escena.

En una trama tan ramificada como esta, en la que hay varias líneas argumentales, tramas de poder, y ese elemento sobrenatural omnipresente, en el que hay numerosos misterios planteados sin explicación, cabe esperar que el desenlace debía ser muy claro y masticado para el lector. De otro modo corremos el riesgo de habernos perdido en alguno de sus muchos cabos sueltos. Lehman no es complaciente, y se gusta a la hora de revelar algunas de las cartas, de un modo narrativamente inteligente pero que obliga al lector a ir uniendo todos los puntos por sí mismo. Ese tipo de propuestas tiene dos escenarios posibles: le sale mal y el lector se pierde y no entiende lo que acaba de leer; o le sale bien, y nos quedamos con una sensación de haber leído una historia bien planificada y con un manejo de la narración soberbio. Spoiler: Esta es de las segundas…
Comentaba en la reseña del primer tomo el excelente trabajo de Peeters a la hora de colorear la serie y, leída esta segunda parte, tengo que decir que sigue siendo probablemente el punto más llamativo que tiene junto al guion. Las paletas saturadas y sobrecargadas ambientan y predisponen al lector para lo que está leyendo, con algunas escenas en las que la lectura será intencionadamente incómoda, con códigos de color particulares que se limitan a escenarios, personajes o… para otras cosas. El dibujo de Peeters es muy homogéneo, y aporta esa estática documental como si el foco estuviera a un lado, sin participar en ningún momento salvo para mostrarnos lo que está sucediendo. Eso no afecta al dinamismo de las escenas de acción y a momentos emocionales intensos de la historia.

En definitiva, Saint-Elme. Integral tomo 2 es un cierre de oro para una historia muy bien escrita, compleja y original. Personajes muy polarizados y pintorescos que dan color a una historia de tramas de poder para explotar recursos naturales algo especiales y conforman un puzzle en el que el propio lector tendrá que poner de su parte para poder formar la imagen final. Historia nada complaciente a la hora de establecer la resolución de sus muchos flecos, pero que aporta al lector una satisfacción extra al validar la comprensión de todo lo que ha sucedido. Es algo que, pese a parecer fácil, no lo es tanto, en tiempos en los que muchas veces el intento de sorprender al lector desemboca en historias involuntariamente confusas o complejas.
Lo mejor: Lo compleja de la historia y lo bien desarrollada que está por Lehman. La cantidad de personajes y subtramas sin que ninguna de ellas resulte de relleno. El color de Peeters, absolutamente atmosférico.
Lo peor: La cantidad de personajes implicados puede resultar, a veces, algo confusa, obligando a dar marcha atrás para recordar de quién hablan.


