Todos comemos. Todos los días y, por lo general, varias veces. La mayoría de ellas, en el ajetreo diario, le dedicamos mucho menos tiempo del que nos gustaría y sobre todo menos atención, pero hay mundos, ciencias, dimensiones y, sí, tal vez algo de magia detrás de la comida. Por cotidiana, tenemos la comida y el acto de comer por algo muchísimo más mundano de lo que podría llegar a ser y tal vez nos convendría masticar un poco más, y no me refiero únicamente en el plano literal. Al fin y al cabo si lanzásemos bolas de fuego a diario o nos transformásemos en rana, también nos parecería de lo más trivial. Pero he aquí que Ram V y Filipe Andrade, los autores tras Las muchas muertes de Laila Starr, convierten con Sabores únicos un acto de sustento vital en una celebración de la vida.
Todo comienza cuando el extravagante Rubin Baksh contacte con Mohan, un joven artista un tanto perdido en su vida, para rodar un documental. Recorrerán la India para indagar y degustar diferentes platos y las historias tras de ellos. Sin embargo, Baksh es…digamos peculiar, sin entrar en más spoilers, y durante su viaje, no faltará quien vaya a la caza tras de él.
Así, nos uniremos al viaje de Mo, Baksh y sus perseguidores y descubriremos la magia tras los ingredientes, los sabores, los procesos y las historias que traen tras de sí. La comida es algo más que una simple mezcla y procesado de ingredientes. Acarrea consigo experiencias, trae recuerdos, guarda un poco de la dedicación y el cariño de los cocineros, de los estados de ánimo de los comensales, de los ambientes donde fueron cocinados los platos… toda una serie de sensaciones que van más allá de lo puramente material., o al menos, esta es la visión romántica o tal vez mágica que Ram V y Filipe Andrade quieren trasladarnos.
Sabores únicos es la historia de un recorrido donde las paradas no son tanto lugares como pequeñas delicias culinarias, que traen consigo lugares, ¡momentos vitales y, como todo viaje, se experimenta tanto en la geografía como dentro de uno mismo. Hay un proceso de desarrollo personal en cada uno de los protagonistas, hay una serie de misterios con los que Ram V y Andrade nos ponen el cebo para que los acompañemos, hay una historia tras cada receta, o incluso varias, que hay que desgranar, paladear y separar con cada bocado.
Esta pareja de autores sabe del poder evocador de los olores y los sabores, los recuerdos, lugares, personas y vivencias que nos traen a la cabeza y por eso construyen Sabores únicos como una historia de historias. Cada capítulo es una receta, pero también una historia tras de ella, tradiciones, mitos y una trama de fondo que se continúa, nuevas pistas sobre quién es cada personaje y cómo encaja su misterio en el conjunto de la narración… todo se mezcla al fuego para un bocado final que, durante el viaje, transforma los ingredientes iniciales en algo distinto al terminar.
En cualquier caso, Sabores únicos no es un plato donde la química suceda como un proceso calculado, sino algo más espontáneo, digno de esa magia de los caprichos de la que nos habla. No hay necesidad de que cierre absolutamente todo. Como bien dicen, «siempre hay que dejar hueco para más». No se trata tanto de que Mo encuentre su lugar en el mundo sino de que sienta la emoción de buscarlo. Sabores únicos está narrado en forma de epístola, pero hay fragmentos escritos en momentos imposibles y tratar de explicarlo carecía de sentido, ya que precisamente en la ambigüedad está la magia.
Es por eso, y vista la sintonía anterior entre guionista y dibujante, que no sorprende ver a Andrade más suelto, inacabado en apariencia, eliminando textura y concreción y dejando que otros ingredientes como el color infusionen con el resto. Aún más expresionista, deshinibido y caprichoso de lo que lo vimos en Laila Starr, juega con las lineas de contorno y los planos de color en un juego que tan pronto nos puede traer a la cabeza a Tradd Moore, como incluso, dejandola un poco libre, a Geoff Darrow, el Keith Giffen de la era Trencher o incluso a una versión sintetizada de unos Druillet o Toppi . Me temo que en este aspecto debo caminar más en el terreno de lo evocativo, ya que su estilo parece escapar a definiciones, al menos a las que este torpe reseñador llega. Su dibujo parece casi más preocupado de generar un ritmo visual que en la mera ilusión de representación de una determinada realidad y pone mucha más energía en las sensaciones que en lo académico.
En su segunda obra juntos Andrade y Ram V le suben un peldaño a la sincronía que demostraron con Las muchas muertes de Laila Starr y que los hace parecer un solo autor. Una nueva celebración del capricho de vivir, lleno de poética y bocados apetitosos.





