Garth Ennis es uno de los mejores guionistas que ha dado el medio del cómic. Probablemente, de haber querido, estaría en el ojo del huracán bajos todos los focos, pero de un tiempo a esta parte, ha decidido dedicarse a proyectos pequeños y en los que se siente cómodo, la inmensa mayoría de ellos dentro del género bélico donde está como en casa. Rogue Trooper: El valle de las heridas es uno de ellos.
A estas alturas de su carrera, el guionista norirlandés tiene muy claro lo que quiere hacer y su posición en el mercado afortunadamente se lo permite, con lo que , aunque leamos su nombre al lado del Castigador u otros productos de franquicia, al final, nos está contando una de sus historias de guerra. Y aquí que regresa muchos años después a esa 2000 AD que le dio algunos de sus primeros trabajos para contarnos una historia de Rogue, el último soldado de infantería genética, donde también, en cierto modo, arrima el ascua a su sardina.
Sorprende la decisión por parte de Dolmen de saltar en su publicación desde ese primer tomo, con las primeras historias de Gerry Finley-Day, Dave Gibbons y otros, directamente a saltar a este material publicado en UK en 2023. Sorprende, pero no se le puede poner pega alguna, dado que, más allá de ser una historia autocontenida y el nombre de Garth Ennis como reclamo, lo que aquí vemos enlaza con el espíritu de esas primeras andanzas y si nos dijeran que esta historia tiene 30 o 40 años, tampoco sería tan difícil de creer.
En cualquier caso, llevarse a Rogue a una historia de guerra nada parece tener de especial. Aunque nos vayamos al futuro y a la desolada Tierra Nu, Rogue Trooper siempre ha sido un tebeo bélico. Pero cuando decimos que lo ha vuelto a hacer es porque Ennis se las termina apañando para meternos en una historia de la Primera Guerra Mundial.
Sin destripar demasiados detalles del argumento y el cómo de esta pequeña locura — que para eso es un tebeo de ciencia ficción y la permite—, Rogue se terminará topando con un grupo de soldados británicos de la Primera Guerra Mundial y, junto a ellos, tendrá que sobrevivir a ella y, al fin y al cabo, vivirla.
El compinche de Ennis para esta ocasión será Patrick Goddard, un artista británico muy poco conocido en España, pero también habitual de los derroteros bélicos. Lo pudimos ver en Sniper Elite o ya acompañando a Ennis en la historia de Nina Petrova en Battle Action. Es complicado dar con un solo nombre que sea una influencia clara y pueda servir de referencia para definir su estilo, pero de algún modo se pueden ver en él ecos de algunos clásicos tanto de 2000 AD como de la vieja revista Battle, con lo que no podemos estar en mejores manos.
Y es que Garth Ennis es la estrella, pero la tarea que le pone delante a Goddard no es sencilla y su labor impecable. Más allá de la excusa de ciencia ficción, lo que propone Ennis en Rogue Trooper: El valle de las heridas es un pequeño ensayo sobre la misma guerra a través de distintas visiones, es decir, a través de personajes y sobre todo de personas. Es ya una constante que cuando Ennis nos cuenta una batallita bélica, no le interesa la guerra como devenir histórico tanto como las personas que están dentro de ella. Sin embargo, aquí cada uno de los personajes principales encarna un arquetipo desde cuyo prisma mirar el conflicto: el ultranacionalista, el idealista, la víctima de las circunstancias, el inconsciente… Ennis es un maestro de los diálogos y, como tal, sabe como tirar de arquetipos o incluso estereotipos y seguir resultando natural, verosímil a un nivel emocional e incluso lograr momentos sobrecogedores con algunos de estos personajes.
Ahora bien, por mucho que el norirlandés brille en los diálogos, y sepa sacar de esta estructura de historia de historias particulares dentro del contexto de la guerra, se trata de conectar estos diálogos a personajes. Y lo que tenemos es un montón de varones blancos anglosajones vestidos exactamente igual y con la cabeza cubierta por un casco… y encima sin el apoyo del color. Sin embargo, viendo el trabajo de Goddard, cualquier diría que eso no es ni mínimamente un problema. cada uno tiene su propia identidad, su propia gestualidad que encaja de manera natural con las palabras que Ennis pone en sus bocas. Goddard no es tanto un dibujante que llame la atención en un primer instante, como un artista de esos que sabe resolver la historia que le echen.
Y aquí además tenemos una historia de guerra, pero también de guerras particulares, conflictos internos, aparte del asunto de ciencia ficción y sobre todo, montones de escenas de gente hablando y aun así este tebeo se devora sin darnos cuenta. Ayuda también esa estructura de pequeños capítulos de seis páginas con cliffhanger al final, con ese efecto de enganche constante tan de tira de prensa, pero sin duda el trabajo de Goddard es el que realmente saca las castañas del fuego.
La elección de Rogue Trooper no es además arbitraria y aprovechan el contrapunto que supone esta máquina de guerra sobre dos piernas, ajena a todas las cuestiones morales, éticas y personales que se lanzan en este tebeo a través de sus compañeros. No se trata de hacer de él tampoco un monstruo inhumano y robótico. Rogue es al fin y al cabo otro punto de vista más donde la guerra no es una situación extraordinaria como para el resto, sino su misma vida. Se dice que la misión de un ejército es ganar la guerra, pero la de un soldado es volver a casa. Rogue Trooper: El valle de las heridas explora también lo que ocurre cuando la guerra es tu casa.
Rogue Trooper: El valle de las heridas es a la vez una historia de guerra, una historia sobre la guerra y una que introduce además todo lo necesario para entrar en Rogue Trooper por primera vez si aún no lo has hecho. Los amantes del bélico ennisiano no podemos pedir más.





