Hace algunos años defendía en una conversación con unos amigos que ya no se hacen tebeos para niños. Nuestro compañero Kiko, para más INRI...

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Hace algunos años defendía en una conversación con unos amigos que ya no se hacen tebeos para niños. Nuestro compañero Kiko, para más INRI librero, compartía mi opinión en un artículo en esta misma web.

Es cierto que hace veinte y treinta años la oferta de tebeos para niños y preadolescentes era mucho mayor. Uno podía comprar un tebeo de Spiderman o Batman sin miedo a encontrarse muertes violentas, desmembramientos o escenas de sexo explícito. Hoy hay que andarse con un poco más de ojo.

Por suerte, la tendencia se ha ido corrigiendo, y podemos encontrar series como El Intrépido Batman, Hora de Aventuras o las colecciones de Mamut, más adecuadas para los benjamines.

Pero los lectores más talluditos recordamos con nostalgia esos tebeos que leíamos (devorábamos) una y otra vez hasta casi sabérnoslos de memoria, porque no existía la competencia de múltiples cadenas de televisión, videoconsolas, etc, y en los días de lluvia en que había que quedarse en casa, los tebeos eran la única fuente de entretenimiento y evasión.

Recuerdo con infinito cariño uno de esos tebeos que tantas veces leí: venía una historia del pequeño Pulgarcito, un niño pequeño, pero muy valiente e inteligente, que acompañado de su gato Medianoche, era capaz de vivir fantásticas aventuras con la única ayuda de su imaginación. Esta historia en concreto situaba a Pulgarcito en medio de una guerra en que dos ejércitos se enfrentaban a cañonazos en campo abierto.

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Recuerdo vivamente la emoción y la sensación de aventura que esta historia me transmitía, y el hecho de saber que no era más que una fantasí no atenuaba en absoluto mi deseo de sumnergirme en ella una y otra vez. Este tebeo acabó desapareciendo de mi estantería. Lo regalé, o lo perdí, o lo cambié o incluso puede que se lo comiera mi perro. Pero en mi cabeza puedo seguir viendo a Pulgarcito cabalgando a lomos de una bala de cañón, volando de un lado del campo de batalla al otro (no fue hasta algo después que descubrí que el autor era Jan, el mismo que el de Superlópez)

De modo que cuando Ediciones B anunció la reedición de estos tebeos, el niño que llevo en mi interior (y que aún toma muchas de las decisiones de mi vida cotidiana) dio un brinco y me obligó a leerlos. Y menudo viaje a mi infancia.

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Todo es tal como lo recordaba. Las historietas no han envejecido en lo más mínimo. Aventuras, imaginación, fantasía, y un Pulgarcito que se sale de la página, que se come con patatas a mil otros personajes infantiles de ahora y entonces.

Las primeras aventuras de Pulgarcito tienen un corte costumbrista, pues tan sólo son las aventuras del héroe y sus cinco hermanos en un pequeño pueblo con su escuela, sus granjas, su cine de barrio… La idea era recrear cuentos clásicos como la Alicia de Lewis Carroll, El Gigante Egoísta de Oscar Wilde o el propio Pulgarcito de Perrault, pero más adelante Pulgarcito empezaría a vivir mil aventuras soñando despierto, ¡o directamente dormido!

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No hay duda: Pulgarcito es uno de los tebeos de mi infancia que más ilusión me ha hecho recuperar, y espero que mi hijo lo disfruté tanto como yo lo disfruté entonces (y lo disfruto ahora).

Se agradece que Ediciones B haya respetado la rotulación original, que es parte inseparable del encanto de los tebeos de Jan, aunque tal vez para los próximos tomos tal vez querría considerar poner el nombre de la colección en los lomos, en atención a los que nos gusta almacenar los tebeos en las estanterías con el lomo hacia afuera.

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Antonio Hidalgo

Anteriormente conocido como El Tete, abandonó los sellos y las RCLTG para encargarse de esta web. Y no volvió a mirar atrás. Bueno, algún vistacillo ocasional sí que ha echado.

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