El mundo literario necesita una revolución cada cierto tiempo. De lo contrario, está condenado a estancarse y, como con las aguas estancadas, llega un...

El mundo literario necesita una revolución cada cierto tiempo. De lo contrario, está condenado a estancarse y, como con las aguas estancadas, llega un momento en que empieza a oler mal. Nivel 26 ha nacido con esa intención, aunque, como leeremos más adelante, su llegada ha sido algo prematura.

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El creador de la exitosa serie de televisión CSI Anthony E. Zuiker se une al escritor Duane Swierczynski (conocido por escribir, además de novelas policíacas, series como Caballero Luna, Cable y El Inmortal Puño de Hierro) para llevar al papel la historia del peligroso asesino en serie Sqweegel y su persecución por parte de una organización gubernamental que se dedica a cazar a estos peligrosos criminales.

Lo que podría pasar por una novela policíaca más, en la línea de El Silencio de los Corderos, busca diferenciarse de las demás obras de este género mediante un portal de internet con noticias, un foro de lectores y, atención, vídeos que desvelan detalles de la trama.

Estos vídeos constituyen uno de los principales alicientes de esta “diginovela”, puesto que están profesionalmente dirigidos por Zuiker y protagonizados por actores solventes de la talla de Michael Ironside (Terminator: Salvation), Kevin Weisman (Alias) o Glenn Morshower (24). Sólo se puede acceder a los vídeos a través del portal de internet www.level26.com, introduciendo los códigos correspondientes, que vienen intercalados en puntos claves de la novela.

En realidad, es posible disfrutar de la novela sin ver los vídeos, puesto que lo que en ellos se muestra es explicado en el capítulo siguiente del libro. Pero los vídeos proporcionan una experiencia añadida a la lectura, si bien es necesario tener un ordenador a mano para poderlos ver en el momento.

Y ése es el principal inconveniente de este sistema. El hecho de tener que ver un vídeo cada veinte páginas hace que la lectura de este libro apartado de un ordenador se presente algo incómoda. Aunque, como ya he dicho, los vídeos no son imprescindibles para disfrutar de la lectura, uno siente que se pierde algo si se salta dos o tres vídeos de golpe. Por tanto, la lectura en la cama o en el transporte público se convierte en un pequeño desasosiego para el lector “completista”.

De ahí mi comentario inicial acerca de que esta novela está adelantada a su tiempo. La estructura de vídeos intercalados en la lectura hace de esta novela un producto perfecto para los lectores de libros electrónicos. Un e-reader con conexión a internet (y reproductor de vídeo, ya puestos) permitiría acceder en cualquier momento al vídeo deseado con sólo un click en el hipervínculo en cuestión. Y, desafortunadamente, la gran mayoría de estos aparatos (salvo el iPad y pocos más) no cuentan con esta función. Vale, hay una aplicación para iPhone, pero es de pago (!!!). Tal vez, en un futuro próximo, los best sellers se diseñen de esta manera, sobre todo los “hollywoodables”, o hechos con la intención de adaptarlos al cine (que se hacen, creedme), puesto que los vídeos constituyen un adelanto de la película en ciernes.

Sobre la novela en sí, si dejamos de lado la innovación audiovisual, cumple con todos los clichés de la novela policíaca con asesino en serie: un malo malísimo, de crueldad desmedida y habilidades casi sobrehumanas; un detective lo bastante habilidoso y atractivo como para soportar el protagonismo de la obra, y con suficientes demonios interiores y un pasado oscuro (de hecho, su apellido es Dark) para hacerlo humanamente creíble; el jefe veterano de vuelta de todo; la compañera de trabajo atractiva a la par que inteligente, con la que existe la inevitable tensión sexual…

La gran ventaja de la obra es que los capítulos son breves y agiles, y sus casi 400 páginas se leen en un suspiro. Además, en el tercio final de la novela la acción se acelera tremendamente, y cuesta abandonar la lectura.

Nivel 26 es una lectura interesante para los amantes de la novela policíaca y de suspense, si uno es capaz de abstraerse de los clichés y lugares comunes en los que abunda. Es inevitable compararla con la antes mencionada El Silencio de los Corderos, de la que es inevitable deudora. Pero los autores son lo bastante competentes como para dotar a su historia del punto de intriga necesario para que su lectura sea un ameno pasatiempo.

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Antonio Hidalgo

Anteriormente conocido como El Tete, abandonó los sellos y las RCLTG para encargarse de esta web. Y no volvió a mirar atrás. Bueno, algún vistacillo ocasional sí que ha echado.

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