Es la hora de las tortas!!!

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Reseña: Mira que eres perro

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Mira que eres perro, de Vallès
El Víbora Comix
Rústica con solapas, 21,5 x 27,5 cm, b/n, 108 p.
ISBN: 978-84-1640006-5
PVP: 14,50 €
A la venta el 25 de septiembre

Bajar al perro puede llegar a ser una aventura urbana del quince. Y más si el chucho está en celo. Lo mismo que acudir a una exposición de arte moderno, alquilar una peli en el videoclub o lidiar con camellos corruptos. Al menos así ocurre en las historietas irreverentes de Vallès, que en estas páginas nos ofrece varios chutes de humor políticamente incorrecto capaz de curar todos los males. La gente está fatal, pero quien no se ríe es porque no quiere.

Recuerdo que mi padre tenía, hace muchos años, un tomito llamado «Lo mejor de Por Favor», que recopilaba artículos y viñetas aparecidos en dicha revista satírica. Siendo un tierno infante, no entendía ni la tercera parte de los chistes políticos, pero se me quedaron grabados nombres como los de Cesc, Martinmorales y El Perich.

Ahora, más de 30 años después, descubro, gracias a Ediciones La Cúpula, las páginas de otro legendario historietista: Josep Maria Vallés. Este todoterreno ha dejado su huella en la inmensa mayoría de revistas satíricas españolas, como Por Favor o su ahijada Muchas Gracias, además de colaborar en muchas otras como Hermano Lobo, El Papus, Bésame Mucho, Europa Viva, El Víbora, TMEO Makoki.

Con este currículum, podemos esperar no sólo grandes dosis de humor vitriólico, sino también mucha crítica social. Y eso es lo que tenemos en este «Mira que eres perro».

El tomo empieza con una serie de historias cortas que tienen un nexo en común: sacar el perro a pasear. Esta excusa sirve a Vallés para retratar un universo de personajes ruines, sucios y miserables, acompañados de sus perros, representados como pobres criaturas que sufren lo envites de sus amos. Amos que sacan al perro cuando van a bajar la basura, ir al videoclub, o a emborracharse al bar. Al final, que al perro le dé el aire o haga sus necesidades es lo menos importante, tal como podemos ver en los comportamientos de muchos dueños de perros paseando por la calle.

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En estas páginas, Vallés da rienda suelta a su mala baba y su ojo clínico para detectar a esos auténticos hijos de puta a los que se les debería permitir tener un perro (y ya puestos, ni siquiera hijos). Todo en aras del humor más cafre, los pobres chuchos son maltratados, sodomizados, reventados a patadas y ahorcados. Este cómic debería hacer pensar a más de uno antes de decidirse a comprar un adoptar un perro.

La segunda parte del tomo está dedicada a recopilar viejas historias y viñetas del autor, algunas más acertadas que otras. Hay algunas francamente divertidas, como la de «Drogas sí, drogas no», o las de «Paco Container» (es un personaje cómico tan crudo que El Jueves no se atrevería a publicarlo), pero otras son simples ilustraciones sin gracia alguna, y sin siquiera demasiada calidad gráfica.

En estás páginas hay más crítica social. No se critica necesariamente a los poderosos, a las grandes corporaciones o a los políticos, que sería tirar hacia lo fácil. Vallés critica a su entorno más inmediato, el que conoce: se critica a sí mismo, como reflejo de toda la sociedad. El que toma (y trafica con) drogas, el que se pregunta qué ha hecho con su vida, el qué pensarán los vecinos…

El estilo de Vallés es caricaturesco en exceso, con caras que siguen el patrón del 6 y el 4, sobre todo en viñetas con muchos personajes de fondo. Es un dibujo rápido, casi se diría que hecho directamente a tinta, pero que contribuye a esa sensación de sordidez que transmiten sus dibujos.

La Cúpula ha hecho un gran trabajo recuperando las páginas de este autor clásico, con una edición cuidada y con papel de alto gramaje. No obstante, seguro que se podrían haber seleccionado historias que representaran mejor el trabajo del autor. ¿Para cuándo una reedición de «Joder con los Aguire»?