Hay que reconocerle una cosa a Frantz Duchazeau, es todo un placer leer su obra. Ese lápiz que casi parece que tiene vida propia,...

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Hay que reconocerle una cosa a Frantz Duchazeau, es todo un placer leer su obra. Ese lápiz que casi parece que tiene vida propia, logrando dar un ritmo frenético a cada imagen que casi parece que estemos viendo las viñetas proyectadas en una pantalla y no en un papel.

Con unos simples trazos todo parece posible. El escenario está completo, aunque realmente apenas haya un fondo real, y logra a la perfección trasladarnos al centro de la América segregacionista, con una obra que tiene una fuerte carga racial. O más bien la época en la que se ambienta, con la sociedad que tan bien conocemos y que ha llegado a nosotros también a través de numerosas muestras pop.

Pero que nadie se confunda. No estamos antes una novela gráfica de corte social, la crítica existe pero está implícita al hecho de los ojos con los que hoy miramos las situaciones que en ese entonces eran habituales. El trabajo del autor va por el camino de la comedia, del Slapstick puro y duro, en el que las situaciones se enredan para tener una fuerte carga humorística.

Al más puro estilo del cine clásico, sin olvidar que todos hemos visto llorar al legendario Charlot a pesar de ser a su vez una gran fuente de risas. Esto mismo sucede aquí, no es oro todo lo que reluce y la obra está bien cargada de momentos agridulces. Si bien tienen un lado positivo, bondadoso más bien, al otro lado del telón se nos deja caer una lectura algo más oscura. No es más que la vida misma, en la que no existen los negros y los blancos, todo es una gran gama de grises.

Incluso en el propio protagonista, que encuentra ante él la oportunidad de ser un paria, de triunfar a lo largo y ancho del país, además de enriquecerse en el proceso, quizá pudiendo ser un ciudadano respetado y no un simple objeto de burla en malas comedias callejeras. Aunque hay que tener cuidado, ya que un sueño puede vertirse en pesadilla o hacer que nos traicionemos a nosotros mismos.

Y todo esto narrado apenas sin palabras. Como el auténtico cine clásico, la acción lo dice todo. En ocasiones con algún diálogo a modo de cartelón explicativo, que sirve para reforzar una escena y un sentido, pero que podría funcionar igual de bien de estar carente de este detalle.

A todo este delicioso trabajo hay que sumar una gran edición por parte de ECC Ediciones. Un formato grande que permite disfrutar de los trazos de Frantz Duchazeauy poder observarlos con detenimiento. Además de un papel de calidad y un tapa dura, que siempre aporta prestigio a una obra.

Sin duda este no es un cómic apto para novatos, pero si te atreves a adentrarte en él, no te arrepentirás.

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Doc Pastor

Escritor, divulgador y periodista especializado en cultura pop. Devoro cine, cómic y series. Todos los gemelos malvados tienen perilla (la corbata es opcional).

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