Tras el brutal enfrentamiento contra Han, el tercer líder supremo, Kenshirô constata que el país de los Asuras es su tierra natal. Además, llega... El puño de la Estrella del Norte 14

Tras el brutal enfrentamiento contra Han, el tercer líder supremo, Kenshirô constata que el país de los Asuras es su tierra natal. Además, llega a sus oídos la leyenda del redentor Raoh, al que todo el pueblo de dicho país espera con ansia. Por el pueblo indefenso, por el juramento que trabó con Raoh, ¡Kenshirô afianza más si cabe su decisión irrevocable! “¡¡Ya no tengo camino por el que regresar a ninguna parte!! ¡¡Yo ejecutaré la leyenda de Raoh!!

¿Qué podemos agregar sobre El Puño de la Estrella del Norte que no se haya dicho ya? ¿O que sí se haya dicho? Tras los eventos del número anterior, nuestro héroe Kenshirô avanza por el país de los Asuras con intención de derrotar a sus tres líderes supremos. Poco a poco vamos descubriendo qué es lo que une a Ken a esta sociedad espartana, donde los niños son entrenados para luchar como demonios desde que nacen.

El puño de la estrella del Norte

Podríamos decir que la tónica de esta manga no ha cambiado desde que se inició su publicación, pero estaríamos mintiendo. Es cierto que la premisa se mantiene: Kenshirô recorre el desierto y a su camino salva a gente inocente de malvados y musculosos esbirros del jefazo de turno, para finalmente pasarle la mano por la cara a éste también. Es una estructura típica de videojuego: avanzas cargándote a los masillas hasta que te toca partirte la cara con el final boss. Y a medida que avanzas niveles los masillas son algo más difíciles y el final boss cada vez te aguanta mejor los sopapos. Algo así es lo que está ocurriendo con El Puño de la Estrella del Norte: los secuaces siguen siendo igual de paquetes, pero los jefazos son realmente duros de pelar, hasta el punto de que el propio Kenshirô las pasa canutas para derrotarles. Pero eso no debe preocuparnos, porque al final, como siempre, triunfa el bien y la justicia, y los villanos reciben su merecido. Sé que es todo muy arquetípico, pero no hay otra forma de hacer frente a la lectura de esta mítica obra de Buronson y Tetsuo Hara que recurrir a los tópicos. Nada nuevo bajo el sol para el lector veterano: la propia serie Bola de Dragón adoptó esta fórmula años después de su creación, cuando Son Goku se hizo adulto y dejó de ser divertido. Era la única forma de hacer avanzar la historia sin comerse demasiado la cabeza.

Resulta paradigmático también que lo que empezó como un manga de artes marciales en un futuro post-apocalíptico se ha convertido en un “pues yo más” en el que las artes marciales tal como las conocemos tienen realmente poca cabida. Ahora todas las técnicas giran en torno a auras bélicas diabólicas y energías místicas, de manera que derriban a sus enemigos sin tocarles. Poco les falta para lanzar rayos por los ojos. Pero mantiene la actitud macarra del principio, en plan “te voy a dar tal hostia que voy a romper el espacio-tiempo y te va a doler ayer”, y cosas así. Sigue siendo una huida hacia adelante del personaje, de forma que ya no hay manera de retroceder y volver a los combates tradicionales. Los antagonistas ahora destrozan edificios con las manos desnudas, se lanzan rocas el uno al otro sin tocarlas y pierden sangre a espuertas sin apenas acusarlo (en serio, ¿cuánta sangre le cabe en el cuerpo a esta gente?)

El puño de la estrella del Norte

Pero de perdidos al río, como se suele decir. El Puño de la Estrella del Norte sigue siendo aquello que los adolescentes de los noventa ansiábamos leer: macarrismo, frases lapidarias, actitudes chulescas y hostias a mano abierta de esas que duelen hasta tres generaciones. Si bien tenía mis dudas de que este material encontrara salida en el mercado español, me ha sorprendido gratamente la buena salud que está teniendo su publicación por parte de Planeta Cómic. A falta de tan sólo cuatro números para cerrar la colección, queda por ver qué nos deparan los autores para su final. Puños atómicos o algo así, digo yo.

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Antonio Hidalgo

Anteriormente conocido como El Tete, abandonó los sellos y las RCLTG para encargarse de esta web. Y no volvió a mirar atrás. Bueno, algún vistacillo ocasional sí que ha echado.

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