Bueno, bueno, bueno. La lectura del segundo volumen de Predicador ha sido esclarecedora a más no poder. Si con la anterior entrega dudaba de que se tratase de la mejor obra de Garth Ennis, ha sido terminar su continuación y tener claro que el genial escritor inglés dio el do de pecho con las peripecias de Jesse Custer y sus peculiares amigos. Después ha escrito muchos tebeos geniales (su Punisher es monumental), pero nada se acerca a esta maravilla absoluta del noveno arte.
Esta road trip de proporciones bíblicas (je), es uno de esos cómics que trascienden el mero ejercicio de lectura, que son mucho más que un producto de entretenimiento. Predicador tiene algo que te permea, se te mete dentro y deja poso. Posiblemente, cada persona que se acerque a la historia sacará una conclusión o encontrará más capas. Pero lo importante es que no dejará indiferente a nadie.

A grandes rasgos, los catorce números americanos que incluye esta entrega nos presentan nuevas amenazas para nuestra alegre panda de sinvergüenzas. Con Starr a la cabeza, el trío protagonista deberá enfrentarse al Grial, una organización religiosa de poder absoluto con su propio Santo Pontífice e incluso su propio mesías. También conoceremos a una simpática pareja de detectives sexuales o a Jesus de Sade. Con este elemento, Ennis se marca un precedente del célebre Herogasm de The Boys.
Siguiendo con el mencionado Jesus, es una pena que la obra se publicase hace casi treinta años (Predicador fue lanzada a la venta entre 1995 y 2000), porque ahora no podría estar más de moda por todo el caso Epstein. En las páginas que dura este argumento, nos encontramos con la versión más socarrona del guionista. Ennis consigue sacarnos una carcajada tras otra a la par que vierte toda su mala baba sobre los abusos de poder, denunciando de manera furibunda que el hecho de ser rico no te da carta blanca para hacer lo que quieras.

Dicho esto, pasamos ahora al punto más interesante de Predicador. Más allá de todos los elementos de, llamémoslo, horror sobrenatural y dejando de lado los conflictos entre el cielo y el infierno, lo que Ennis ofrece a los lectores es una historia humana y un relato de amor (romántico y fraternal) donde la amistad y el compromiso con los demás es lo fundamental. Algo que el escritor de la mejor etapa de Hellblazer deja claro en cada paso y decisión que Jesse toma en la serie.
Con la ayuda de mis amigos…
La pasión y devoción con la que Custer quiere cuidar de Tulip y Cassidy alcanza un punto enfermizo (sobre todo en el caso de ella, llegando a incurrir en un machismo exacerbado) y obsesivo que, sin embargo, se me antoja completamente realista y factible. Por un lado, estamos hablando del amor de su vida. Una mujer a la que creyó que perdió para siempre en una ocasión y la mera idea de volver a pasar por ello, le aterra profundamente. Por otro lado, Cassidy, que, pese a sus imperfecciones, es su mejor amigo, por el que moriría sin problema.

Además, en este segundo volumen hay varios momentos en los que se echa el freno, el coche se detiene y nos podemos permitir disfrutar del paisaje y de dos historias ambientadas en el pasado centradas en el padre de Custer y en Cassidy. La primera, es especialmente bonita (y cruel).
No puedo más que quitarme el sombrero por la carga emocional y humana que va adquiriendo Predicador a medida que vamos leyendo un número tras otro. Sí, también es cierto que la propia naturaleza de la serie es un recurso con el que se pueden hacer todas las trampas que uno quiera. Arreglando cosas aquí y allá. Pero la intensidad del vínculo de los actores principales de la función es tan poderosa, tan hipnótica, que hace que el resto no importe.
Ahora bien, como añadido a lo relatado, que nadie se preocupe. Predicador sigue siendo una sátira, endiabladamente divertida, que critica sin pudor alguno los fanatismos y la hipocresía religiosa. En especial, aquella que usa el credo con la intención más vil posible.

En el lado artístico, Steve Dillon sigue brillando a gran nivel. Su trazo sobrio, claro, es perfecto para mostrar la tensión que muchas veces se puede cortar con un cuchillo. Su maestría ilustrando los juegos de miradas, los silencios que Ennis cuela de cuando en cuando, le sienta como un guante a Predicador.
No es la primera vez que leo Predicador, pero sin duda, no me pregunten el motivo, la estoy disfrutando como nunca. Ganazas de que llegue la tercera entrega ya.


