Con la publicación del primer volumen de Predicador por parte de Panini he llegado a un punto como lector de cómics al que jamás pensé que llegaría: cambiar una edición por otra. O al menos parte. Me explico. Como ya sabréis todos aquellos que me habéis visto en Twitch, soy fiel defensor de las ediciones Frankenstein. Lo que sucede es que en el caso de la obra de Garth Ennis y Steve Dillon, mi colección está compuesta por ejemplares de cinco editoriales diferentes.
Comencé Predicador con Zinco, seguí con Norma, compré algunos ejemplares a Planeta y rematé con ECC. Por no mencionar que casi todos los especiales los tengo en grapa USA. Además, como es uno de los tebeos que más veces he releído en toda mi vida, los tebeos correspondientes a Zinco y a Norma los tengo hechos fosfatina, así que ya veré si me hago con toda la serie o no. La edición me ha gustado mucho y el precio, aunque es caro, no es tan alto como otras reediciones de Vértigo. El que no se consuela es porque no quiere.

Y ya que hablo del sello para adultos de DC Comics, creo que no me equivoco si digo que Predicador es uno de sus buques insignia. Publicada entre 1995 y el año 2000, la historia de este particular siervo del señor se extendió durante un total de sesenta y cinco entregas, a las que habría que sumar una miniserie de cuatro números protagonizada por uno de sus antagonistas y media docena de especiales de lo más diverso.
El tomo que nos ocupa reúne los doce primeros números. Dos arcos argumentales completos que sirven a la perfección para hacerse una idea de lo que puede llegar a ofrecer una serie como Predicador.
La historia comienza con Jesse Custer, cuyo cargo da nombre a esta magnífica epopeya de proporciones divinas. Un buen día, pierde la chaveta, se pasa el secreto de confesión por el forro del alzacuellos y empieza a soltar verdades a todos los paletos de su congregación. Una cosa lleva a la otra y acaba siendo culpable indirecto de una tragedia, a la par que empieza un viaje con el propósito de encontrar a una persona cuya importancia es definitiva para el cristianismo.

Podría dar más información sobre el argumento. Pero creo que lo mejor, si todavía no conocéis la trama principal, es que os acerquéis a ciegas a Predicador como hice yo hace cosa de treinta años. Estoy convencido de que os quedaréis enganchados de manera irremediable a uno de los mejores trabajos de Garth Ennis, si no el mejor.
Y es que, una vez leídos nuevamente esta docena de episodios, no se me ocurre un guionista mejor para esta colección que el creador de The Boys. Ennis, vuelca toda su mala leche en un guion corrosivo, lleno de excesos, que no deja títere con cabeza. Un reflejo de la América profunda a la que el salvaje oeste no le queda demasiado lejos. Una radiografía de la bajeza humana que incluye críticas furibundas a la religión y a la sociedad.
Pero ojo, que el humor de brocha gorda del que suele hacer gala Ennis no os empañe la visión global de la obra. Predicador es infinitamente más que una sucesión de chistes guarros, escatologías y personajes bizarros marca de la casa. También es un western moderno, una road movie divertidísima que no da descanso al lector y una oda a las amistades disfuncionales.

Porque aunque Jesse Custer es el protagonista indiscutible de Predicador, su historia se vertebra y se cuenta también a través de sus compañeros de viaje. Por un lado tenemos a Tulip, su ex a veces, cuyo pasado poco a poco se irá revelando y se encargará de ir poniendo piedras en su camino. Por otro lado, está el cabroncete de Cassidy, un irlandés vicioso cuya verdadera naturaleza dejará un poco petrificado al personal.
Esta retorcida versión de la Sagrada Trinidad (las analogías religiosas están a la orden del día) es el verdadero motor sobre el que se mueve la serie. El puñado de números recogidos en el primer volumen incluye los arcos “Rumbo a Texas” y “Hasta el fin del mundo”. En ellos, Garth Ennis jugará un poco al despiste haciendo que la trama principal se diluya para centrarse en amenazas puntales, presentará algunos personajes recurrentes o se parará a contarnos el retorcido árbol genealógico de Jesse.
Como buen maestro de lo grotesco y provocador, el guionista de la mejor etapa de El Castigador jamás publicada dará a relucir su lado más cabroncete creando una galería de antagonistas completamente surrealista: desde justicieros celestiales, pasando por psicópatas depravados y sin olvidar a fans extremos del grunge. Un puñado de seres retorcidos que no le pondrán las cosas fáciles a nuestra “alegre” pandilla.

A lo largo y ancho de las más de trescientas páginas de Predicador 1 asistiremos a un buen puñado de reflexiones sobre lo humano y lo divino (de nuevo insisto en que no hay que quedarse con lo que se ve en la superficie) o sobre la importancia de la familia que uno elige frente a la que le toque por coincidencia sanguínea.
Sin cortarse lo más mínimo con el humor negro, aquí estamos ante la versión más cínica, cruda y carismática de Ennis (aunque es cierto que no he leído Hitman). Pese a lo que pueda parecer, en Predicador, los excesos están al servicio de esta historia de amor y amistad más grande que la vida y no al revés.
A nivel gráfico, tuvimos la suerte de que Predicador fue dibujada de manera integral por Steve Dillon. El dibujante inglés le insufló su personal estilo a cada página destacando la expresividad de sus personajes. Bastaba con observar las viñetas para saber lo que estaban pensando Custer, Cassidy o cualquiera que apareciese por ahí. Las portadas fueron obra en su totalidad de Glenn Fabry. Lamentablemente, ambos artistas ya no están con nosotros.
La edición de Panini es más que correcta. Viene presentada en cartoné, con papel de calidad e incluye una galería de ilustraciones de lo más variada al final del volumen.
“Hasta el fin del mundo, nena, hasta el fin del mundo”


