Es la hora de las tortas!!!

Es la hora de las tortas!!!

Plástico: Muñecas y muertos

Plástico: Muñecas y muertos
Guion
Doug Wagner
Dibujo
Daniel Hillyard
Color
Michelle Madsen
Traducción
Hernán Migoya
Formato
Cartoné. 144 páginas. Color
Precio
26€
Editorial
Norma Editorial . Febrero 2026
Edición original
Plastic: Death and Dolls #1-5 (Image)

Resulta que esta llamada trilogía de los materiales, que habían parido Doug Wagner y Daniel Hillyard, tal vez ahora es una tetralogía. A medio camino entre la cuarta pata del banco y apéndice de la primera, llega Plástico: Muñecas y muertos. No hay un cuarto material que agregar al Plástico, al Vinilo y la Felpa, pero lo que sí tenemos es una precuela del título que lo inició todo.

Así que sí, regresa Edwyn Stoffgrupen, nuestro psicópata asesino de buen corazón, el tipo equivocado al que no deberías joder, en una historia que bien podria haberse llamado Plástico: Año uno. Comenzamos con Edwyn viviendo una apacible vida al cuidado de su amigo ciego Booker, echando una mano en la cafetería de la madre de este y decapitando gente de cuando en cuando con una sierra de marquetería. Pero — parece que no aprenden— un grupo de desaprensivos a la caza de una fugitiva se volverá a meter con el tipo equivocado, con erótico resultado, bueno no exactamente erótico, pero ya me entendéis.

Plástico: Muñecas y muertos

Por el camino, asistiremos en modo flashback a fragmentos de la infancia de Edwyn, la relación con su madre, con el plástico que da título a la serie, con las muñecas y con el origen del amor que lo marcará para toda la vida: Virginia.

Plástico: Muñecas y muertos

El principal miedo con el que se podría afrontar Plástico: Muñecas y muertos es que traten de profundizar demasiado, explicar demasiado lo que venía a ser alegre celebración de la casquería y la sangre, pero en cuanto vemos un pastel de cumpleaños salpicado de sangre, ya se despejan todos los miedos.

Wagner y Hillyard de nuevo están aquí para pasarlo bien y hacérnoslo pasar igual. Hay todo un recreo malsanamente disfrutón por el fetiche y la víscera y se trata sobre todo de no tomarnos nada demasiado en serio y divertirnos. Pero entre decapitación y decapitación, entre amputaciones y cuchadores en el ojo, saben generar una especie de épica dentro del absurdo, un retorcido drama entre salpicones de sangre con un protagonista por el que terminas sintiendo simpatía, aunque tenga la nevera repleta de cabezas. Dotan a Edwyn de un peculiar sentido de la justicia y hasta, en algunos momentos, de cierta ternura y todo termina siendo conmovedor, divertido y perturbador al mismo tiempo.

Plástico: Muñecas y muertos
Por más que vaya de fondo ese cachondeo cómplice, no es que resulte fácil aglutinar este batiburrillo de emociones sin dar bandazos ni caer en un mejunje de difícil digestión, pero este dúo ya le tiene completamente pillado el truco a la fórmula, sin que por ello resulte menos divertido. La compenetración entre guionista y dibujante crece y se depura con cada nuevo título y también se ve a Hillyard más suelto y saliendo, poco a poco, de la sombra de ese Ryan Ottley con el que se le suele comparar, haciendo suyas nuevas estilizaciones, jugando cada vez más a la caricatura y generando su propia identidad.

Y es que tal vez podría parecer que a este loco par se le está acabando las ideas si tienen que recurrir a precuelas y secuelas, a las que se deja, al finalizar, la puerta abierta con un guiño, pero ya hay otras dos series en USA, I was a Fashion School Serial Killer y Narco —una terminada y otra en curso — sin absolutamente nada que ver con todo esto. No creo, por tanto, que se trate tanto de un atajo para seguir publicando como de un cariño especial por Edwyn y su mundo, el personaje que inició toda esa colaboración con personalidad propia entre Wagner y Hillyard. Y es que nunca hubo un psicópata asesino en serie tan adorable.