El sol en el cielo, la arena en tus pies y un buen romance entre las manos ¡Así da gusto estar de vacaciones!
Y qué mejor romance para acompañar estos días que uno escolar como Pink & Habanero, recién salido del horno de Distrito Manga.
El lado rosa
Desde el primer tomo, la autora nos deja claro que Mugi Miyao, nuestra protagonista, nunca ha destacado precisamente por su experiencia en el amor.
De hecho, después de haber estudiado durante años en un instituto femenino, su conocimiento sobre los chicos es prácticamente nulo. Sin embargo, al comenzar el bachillerato en un centro mixto decide que ha llegado el momento de dejar atrás esa timidez y vivir el romance que siempre había imaginado.
Sus planes, eso sí, se vienen abajo antes de lo esperado cuando conoce a Kei Kurose, el chico más popular de la clase.
Lejos de ser el príncipe azul que todos parecen ver, Kurose resulta ser un joven borde, directo y con un carácter capaz de sacar de quicio a cualquiera.
Pero el destino —y una serie de circunstancias de lo más inoportunas— hará que ambos tengan que pasar cada vez más tiempo juntos, dando pie a una relación marcada por los piques, los malentendidos y una química que no tarda en hacerse evidente.
Como buen shōjo de romance escolar, estamos frente a la mítica premisa: chica sin experiencia en el amor, chico guapo con peor carácter que un lunes y un secreto que los obliga a pasar tiempo juntos.
Lo curioso es que, aunque todos esos ingredientes los hemos visto mil veces, Mika Satonaka consigue que la receta funcione gracias a unos protagonistas que no tardan en sacarte más de una sonrisa.
El toque habanero
Quien sostiene Pink & Habanero son Mugi y Kurose.
Mugi es una protagonista fácil de querer. Aunque es inocente en el amor, no la convierte en alguien pasivo o torpe. Además, tiene iniciativa y sabe plantarle cara a Kurose cuando la situación lo requiere.
Es esa mezcla de dulzura y carácter la que hace que le cojas tanto cariño desde el principio.
En el lado opuesto está Kurose, el auténtico «habanero» de la historia. Es brusco, sarcástico y tiene una habilidad especial para desesperar a Mugi con cada comentario que suelta.
Pero no llega a convertirse en el típico protagonista desagradable porque, bajo esa fachada de chico borde, se dejan ver pequeños gestos que revelan una personalidad bastante más compleja de lo que aparenta.
En ningún momento Mika Satonaka reinventa los arquetipos del shōjo, pero sabe cómo sacarles partido gracias a una dinámica que funciona desde el primer momento.
Sus constantes piques, las respuestas afiladas y los malentendidos construyen una química muy entretenida que hace que las casi doscientas páginas del tomo pasen volando.

El ingrediente secreto
Mika Satonaka apuesta por un estilo de dibujo muy característico del shōjo contemporáneo. Trazo fino y limpio, con un uso de la línea que prioriza la claridad por encima del detalle excesivo.
El diseño de personajes sigue esa misma línea, con figuras estilizadas y una expresividad que es, probablemente, uno de los puntos fuertes de la obra.
Las miradas, los pequeños gestos e incluso las deformaciones propias de las escenas cómicas consiguen transmitir con mucha naturalidad lo que sienten Mugi y Kurose, haciendo que tanto los piques como los momentos más románticos ganen fuerza.
La composición de página también juega un papel importante. Satonaka combina viñetas de distintos tamaños con numerosos primeros planos para dar protagonismo a las expresiones de Mugi y Kurose. En cambio, cuando la historia necesita bajar las revoluciones, apuesta por composiciones más abiertas que dejan respirar la escena antes de volver al intercambio de pullas.
Satonaka utiliza las tramas para aportar profundidad y atmósfera, reservando los fondos más elaborados para los momentos clave y simplificándolos cuando el foco debe recaer en los personajes, permitiendo que el ritmo de lectura sea ágil y fluida.
La autora cambia con facilidad de escenas cargadas de tensión romántica a otras puramente humorísticas, utilizando el dibujo como una herramienta más para reforzar cada situación.

El emplatado final
Distrito Manga nos trae una edición que no busca llamar la atención con extras ni florituras. Un tomo cuidado, con buena impresión y una traducción fluida. ¿Qué más pedir? Pues básicamente que nos dejen disfrutar de la historia y del dibujo de Mika Satonaka sin complicaciones.
Por suerte, no estamos ante una serie interminable: Pink & Habanero cuenta con 14 tomos y está finalizada en Japón.
Ahora solo queda que la periodicidad acompañe y podamos ir saboreando esta mezcla de dulzura y picante hasta llegar al final.



