Boldú se involucra, en este primer tomo de una tetralogía, en la gestación de un club de intercambios y lo decora pintando su particular... Perdidos por el más allá 1. El nacimiento de la superheroína

Ramón Boldú insiste en hacer reír al personal con el peculiar relato de su vida. Se va hasta otoño de 2003 para contar en Perdidos por el más allá el inicio de una nueva relación en serio, la tercera después de sus dos primeros divorcios. Boldú se involucra, en este primer tomo de una tetralogía, en la gestación de un club de intercambios y lo decora pintando su particular versión de El jardín de las delicias, del Bosco. La directora del garito va a ser Ana Flash, amante del director de orquesta propietario del club, una joven a la que le han metido en la cabeza que está poseída por Eva Perón y que tiene poderes; todo gracias a los experimentos a los que está siendo sometida por un investigador de la NASA, colaborador de Jiménez del Oso y amigo del dibujante… Boldú en estado puro.

Hay quien descubre a determinados autores gracias a recomendaciones de amigos, a una buena crítica, o gracias a una portada llamativa. En mi caso, descubrí a Ramón Boldú por aburrimiento. Y como buen señor mayor que soy, os voy a contar una batallita: hace muchos años, entre 15 y 20, asistí, presa del aburrimiento dominguero, a una exhibición de cultura japonesa que se organizaba en un colegio a las afueras de Madrid, donde yo residía entonces. Al estar poco acostumbrado a moverme en coche fuera del casco urbano, llegué con bastante antelación y, para pasar el rato, me metí a curiosear en un VIPS. Los VIPS, antaño, eran lugares mágicos donde uno podía, además de tomarse un café, llevar a un ligue a cenar o comprar un regalo de cumpleaños de última hora, encontrar libros y cómics descatalogados a precios extraordinariamente bajos. Chafardeando en busca de alguna lectura ligera con la que pasar el rato (aún no había adquirido el hábito de llevar un libro siempre conmigo), di con un cómic cuyo título y diseño de portada me llamaron la atención: se trataba de Memorias de un hombre de segunda mano, escrito y dibujado por un tal Ramón Boldú. El dibujo era bastante feo, pero parecía divertido y eh, salían tetas. Y para mí, que salí tarde de la adolescencia, era argumento más que suficiente. Ese día descubrí un gran autobiógrafo cuya vida había sido mucho más interesante de lo que mía la sería jamás.

perdidos por el mas alla

Ramón Boldú (Bohemio pero abstemio, La voz que no cesa) vivió a tope la era del destape en la Barcelona de los años setenta. Autodenominado el último hippie, publicaba sus divertidas historietas en revistas como la erótica Lib, la liberal Interviú y la humorística El Jueves. Amor libre, matrimonios abiertos, polvos de aquí te pillo aquí te mato… una época dorada para un sátiro como Boldú, que años después no dudaría en contar sus experiencias sexuales y sentimentales y las crónicas de sus matrimonios y respectivos divorcios en formato cómic. Todo regado con una gran capacidad de autocrítica y sentido del humor, riéndose de sus desventuras y sus fracasos, convirtiéndose a la vez en pionero del cómic autobiográfico en España. Años después le toca el turno a este Perdidos por el Más Allá, en el que se adentra en el siglo XXI (concretamente en otoño de 2003) contando el camino hacia su tercer matrimonio, con el telón de fondo de la ilustración de un mural al estilo del Jardín de las Delicias de El Bosco para un club de intercambio de parejas.

En aquella época Ramón Boldú acababa de entrar en la cincuentena, pero eso no le impide seguir buscando la menor ocasión ocasión para rascar un kiki furtivo con su pareja en cualquier sitio. Recién divorciado, con un hijo y viviendo en casa de sus padres, la precaria situación económica de Ramón es retratada con tanta honestidad como humor. Ya no es un treintañero que se puede permitir encadenar trabajos comiqueros esporádicos y echar polvos desenfadados a salto de mata. Ahora la edad y las responsabilidades económicas le pasan factura y donde antes reíamos a mandíbula batiente ante las locas situaciones en las que se veía envuelto, ahora esbozamos una sonrisa cómplice hacia este simpático caradura, cuyas hormonas aún le causan algún que otro quebranto pero que sigue siendo un romántico incorregible. En esta primera entrega de Perdidos por el Más Allá, subtitulada El nacimiento de la superheroína (en referencia al personaje de Ana Flash, seudónimo de la prostituta y actriz porno amateur colombiana con la que entabló amistad en aquella época), asistimos a sus inseguridades con su pareja, a los embrollos en los que se ve metido por no saber decir que no a sus amigos, y sobre todo a su inquebrantable fuerza de voluntad para salir adelante pese a todo con sus amigos, su pareja y su trabajo. Las historietas de Ramón Boldú son un slice of life, sí, pero estoy convencido de que su autor no cuenta absolutamente todo lo que le ha ocurrido en la vida, por lo que podemos asegurar que, en su caso, la vida supera a la ficción.

perdidos por el mas alla

De esas páginas erótico/humorísticas que publicaba hace 40 años al lujoso cómic autobiográfico en tapa dura no sólo ha transcurrido mucho tiempo, sino también mucha vida. Perdidos por el más allá 1. El nacimiento de la superheroína es la prueba palpable de la madurez artística y emocional de un artista único. Su autobiografía, publicada en varios libros a lo largo de los últimos años, son la huella de un hombre que ha vivido muchas vidas en una sola, diametralmente alejado del ombliguismo de muchos otros comics autobiográficos. Si la vida imita al arte, Ramón Boldú demuestra que es un artista como la copa de un pino.

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Antonio Hidalgo

Anteriormente conocido como El Tete, abandonó los sellos y las RCLTG para encargarse de esta web. Y no volvió a mirar atrás. Bueno, algún vistacillo ocasional sí que ha echado.

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