Puede decirse que la publicación de Penélope ha sido toda una odisea para su autor Abel Carrasco. Hace unos 20 años sufrió un brote psicótico que lo tuvo apartado de los lápices durante 8 años y después de ese tiempo, y de una experiencia difícil, quiso plasmar su experiencia en una historia. Así, se lanzó a la autoedición para comenzar una historia de la que solo se pudo ver la primera parte, a principios de década. Ahora, a partir de otro Verkami con el apoyo de la editorial malagueña Maldragón, se consiguió editar este título completo, desde hace unos meses ya a la venta en tiendas especializadas. Una historia cargada de metáforas que pretende contar cómo vivió aquella etapa su autor.

Cuenta Carrasco en la introducción y en la información editorial que sufrió un brote psicótico que le llevó a tener que aparcar a un lado cualquier obligación hasta conseguir recuperarse. La psicosis es un trastorno mental grave en la que el paciente puede experimentar alucinaciones o delirios y tiene problemas para distinguir entre lo que es real y lo que no. Puede ser debido a enfermedades mentales como la esquizofrenia o el trastorno bipolar pero también puede venir desencadenada por el abuso de ciertas drogas (cannabis, cocaína, alcohol). Cuando son debidos a este tipo de sustancias se trata de síntomas reversibles, pero en algunos casos puede llevar a dar una escalada hacia la esquizofrenia u otros trastornos.
Para contar sus vivencias, el autor nos ofrece esta historia protagonizada por la vocalista de un grupo de rock que, tras un primer episodio que la obligó a abandonar los escenarios, se ve forzada a retomar su carrera y esto le desencadena una crisis mucho mayor que la acabará ingresando en el ala de salud mental de un hospital. Durante su ingreso, ve cómo una criatura aparece en su habitación y le ofrece poder salir de ahí si le ayuda en una misión en otro mundo. Ese mundo, con apariencia de escenario de historia de fantasía heroica, le revelan que su papel es fundamental para acabar con una guerra en la que el malvado Deseo quiere sembrar el caos.

Al dejar claro en todo momento la intencionalidad del autor con respecto a la historia, no queda duda de que ese mundo de fantasía no es más que el escenario de la desorganización de su mente durante el brote, y las metáforas y analogías son muy fáciles de identificar. Más aún cuando Penélope se enfrenta a monstruos al servicio de Deseo que reciben el nombre de Fobias o Pesadillas. Deseo es el amo de ese reino desequilibrado en el que Penélope tiene que intervenir con la ayuda de unos paladines que tienen ciertas semejanzas con personas del mundo real. Por claras que sean esas metáforas no dejan de resultar interesantes, e ilustran de un modo atractivo una enfermedad tan desagradable y difícil de comprender: Penélope se encuentra en su propio mundo y, con la ayuda de sus seres queridos y la medicación está en su mano acabar con ese reino de fantasía y desequilibrio. El villano/enfermedad tiene el poder de acabar controlando a Penélope o matar/apartar a sus seres queridos.
Una parte interesante de la obra es cómo se mantiene anclada al mundo real, a pesar de lo interesante y tentador que puede resultar volcar toda la narrativa a ese mundo de fantasía, va intercalando escenas donde se verbaliza el proceso que está atravesando, y cómo la ayuda de su familia y allegados puede resultar fundamental para el proceso de recuperación. También hay una subtrama del pasado de Penélope que influye y enriquece la historia.
El dibujo juega en pos de la historia, con un trazo grueso y en ciertos momentos agresivo, muchas páginas de una sola viñeta y un diseño de personajes muy llamativo. Desde ese guardián con ambiguo aspecto de muerto viviente, o las fobias que pueden aterrorizar y paralizar a la protagonista. La propia Penélope cambia cuando pasa al mundo de fantasía, con ese pelo a lo Medusa o la Roku de Valiant, como si de su cabeza saliese más que cabello. Me gusta mucho cómo gestiona las transiciones de realidad a ficción.

En definitiva, Penélope es una obra que ilustra bastante bien cómo una persona puede experimentar de la noche a la mañana un brote psicótico en el que, a pesar de conservar la inteligencia y el sentido común, se llega a perder la capacidad de distinguir qué es real. A pesar de las analogías, resulta entretenida como historia de fantasía, si no queremos hacer siquiera el esfuerzo de buscarlas, pero cobra mucho más sentido comprendiendo todas las capas y la intención de su autor al realizarla.
Lo mejor: Ilustra muy bien la enfermedad, sus síntomas y la importancia del apoyo para la recuperación.
Lo peor: Si te ciñes a la historia sin lo que le aporta como medicina gráfica, puede resultar intrascendente.
