Es la hora de las tortas!!!

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Parque de perros, de Rut Pedreño

Parque de perros, de Rut Pedreño
Guion
Rut Pedreño
Dibujo
Rut Pedreño
Formato
Cartoné. 18,5 × 14,5 cm. 80 páginas. Color
Precio
16,90€
Editorial
La Granja Editorial . Noviembre 2025

No todo vale en los cómics. Hay una serie de reglas y características comunes que hacen al medio ser lo que es. Afortunadamente el margen es muy amplio y eso abre el abanico a multitud y variedad de propuestas. Así, entre los bátmanes y one pieces, podemos encontrar cosas como Parque de perros.

Muy probablemente no es este un tebeo para el mismo tipo de público del lector habitual de manga o superhéroes y me resulta un poco complicado definir el target de lo que nos ofrece Rut Pedreño porque porque el mismo tebeo puede tocar dos extremos opuestos.

Parque de perros, de Rut Pedreño

Por un lado, Parque de perros puede ser una obra para un público que busque una propuesta que se salga de lo convencional, que deambule por derroteros más interesados en la experimentación plástica y narrativa. Sin embargo, también nos podemos ir al polo contrario en el que los devenires artísticos, al menos en su aspecto intelectual, no les puede dar más igual: los niños.

En unas líneas retomaremos todo esto, pero vamos a ubicarnos antes un poco en lo que es Parque de perros y quién es Rut Pedreño. Se trata una voz relativamente joven, aunque ya con cierta veteranía en el mundillo e incluso premios como el del Salón del cómic de Barcelona por Nicoleta y el misterio del colmillo. Aunque es más popular su faceta dentro del cómic infantil y juvenil, en la que podemos añadir otros títulos como Home o La isla de Oko, no es la única vertiente de su producción, tal como recientemente nos ha mostrado en Al otro lado de la vía.

Parque de perros, de Rut Pedreño

Volviendo al caso que nos ocupa, Parque de perros es un cómic completamente mudo en el que un paseo por el parque se convierte en un cuento de fantasía con tintes surrealistas cuando un chico y su perro terminan accidentalmente separados. El odiseico y por momentos delirante viaje de búsqueda y lo que en él se van encontrando, conforman el armazón de este relato de vínculos emocionales.

En realidad al final es una historia muy sencilla — repetimos que puede ser leído por niños de cualquier edad, incluido prelectores, porque no hay texto — si bien la carne del asador está en el plano plástico y narrativo. Me atrevería no obstante a afirmar que la mayor parte del músculo artístico de Rut Pedreño ha sido puesto en el ámbito de los juegos gráficos y pictóricos y que muchas veces las soluciones narrativas son un efecto colateral de estos. Sin embargo existen esas propuestas narrativas, muchas veces complejas y arriesgadas, pero igualmente intuitivas para casi cualquiera.

Y digo casi porque en mis muchos años de afición y disfrute por los cómics, en más de una ocasión me he tropezado con gente que no sabe leer cómics. No me refiero a desentrañar subtextos recónditos, sino a que no saben interpretar cómo funciona la mecánica narrativa más básica de este medio. Nunca uno de ellos ha sido un niño. Los niños interpretan este lenguaje secuencial de manera natural y sin intelectualizarlo. Probablemente Pedreño lo tuvo en cuenta para permitirse divertirse un poco. Así, no solo hay secuencialidades básicas, hay juegos de ritmo, simultaneidades, insertos, pausas y elipsis… soluciones complejas algunas, que tal vez no funcionarían en ciertos cómics comerciales para adultos y lo hacen en Parque de perros.

Parque de perros, de Rut Pedreño

Con todo, donde mejor parece pasárselo es en la parte más puramente gráfica. Con un estilo deudor de la ilustración infantil de la segunda mitad del siglo XX, que a su vez era deudora de las vanguardias de principio de siglo, Rut Pedreño juega con las síntesis de formas básicas, los colores intensos y expresionistas y juegos completamente surrealistas con el espacio para generar una especie de ensoñación donde es mejor dejarse llevar y no pensar demasiado.

Obviamente el lector adulto más interesado en la propuesta artística, probablemente caiga, como un servidor, en desgranar en exceso y sobreanalizar y, sí, puede ser una manera de disfrutar de Parque de perros, pero también podemos olvidarnos de todo y leerlo como lo haría un niño. No hay tantísimos tebeos que nos pongan esto tan fácil.