Es fascinante que hayan pasado casi cincuenta años desde la publicación original de la obra de Jack Kirby en DC durante la Bronze Age... OMAC: Un ejército de un solo hombre

Es fascinante que hayan pasado casi cincuenta años desde la publicación original de la obra de Jack Kirby en DC durante la Bronze Age y hasta estos últimos años no haya habido una edición decente de este legendario material en castellano. Ninguna de las anteriores licenciatarias de DC en castellano se había atrevido con esta parte de la obra del Rey, y hasta la llegada de ECC sólo había ediciones en blanco y negro y tamaño reducido. A día de hoy, tenemos volúmenes en tapa dura y a color de toda la producción de Kirby para DC durante los años 70 salvo -de momento- su Sandman y sus Perdedores. Vamos con la más reciente adición a la Biblioteca Kirby: OMAC, el ejército de un solo hombre.

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Kirby era muy dado a reutilizar y reinterpretar sus propias creaciones, dándoles una vuelta de tuerca y convirtiéndolas en algo totalmente nuevo. Así, si un lavado de cara de los Investigadores de lo Desconocido dio lugar a los legendarios Cuatro Fantásticos, OMAC es una recreación de una idea que había tenido en sus tiempos en Marvel para presentar una versión futura del Capitán América. Buddy Blank es un mozo de carga que trabaja en Pseudogente Inc., una empresa que se dedica a fabricar personas artificiales. Buddy es un don nadie a quien nadie en su trabajo tiene en cuenta, a quien nadie respeta, que es elegido por la Agencia por la Paz Mundial para ser convertido en un ejército unipersonal por medio de un rayo lanzado por Hermano Ojo, un satélite que orbita alrededor de la Tierra, parte del Proyecto OMAC del Profesor Myron Forest. Un trasfondo muy similar al del debilucho Steve Rogers con el suero del Supersoldado del Doctor Abraham Erksine, pero con un toque cifi y enviado un puñado de años al futuro.

Al igual que en The Demon, Kirby lanza todo este torrente de conceptos al lector en las primeras páginas y se dedica a jugar con el mundo creado a partir de ahí. Y deja al lector de 2021 con ideas visionarias que parecían totalmente alocadas a mediados de los setenta. Tenemos en estas páginas, además de la fábrica de personas artificiales, películas interactivas -como las que ha hecho Netflix en los últimos años o los videojuegos de Quantic Dream-, millonarios que alquilan ciudades para su uso y disfrute -no vamos a hablar de músicos a los que se ceden espacios públicos para construirse pirámides-, relaciones interpersonales creadas a través de un ordenador que decide compatibilidades -no, Jack Kirby no creó la idea de Tinder, pero no habría sido de extrañar- o traficantes de recursos naturales escasos. Aún no tenemos ladrones de agua, pero dale tiempo.

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OMAC no es una especial inquietud personal de Kirby, como las que sí se aprecian en el Cuarto Mundo. Es una obra que surge con un propósito totalmente mundano: tras la cancelación de The Demon a principios de 1974, tenía que embarcarse en una nueva serie para cumplir la cuota de quince páginas SEMANALES que había firmado con la editorial. Quizás OMAC sea una serie de segunda dentro de la producción de Jack Kirby, pero incluso las series de segunda de Kirby tienen una potencia muy por encima de la del creador medio del sector. Y aunque no haya tenido el nivel de popularidad de Darkseid y el resto de personajes del Cuarto Mundo, la época de OMAC es uno de los futuros posibles del Universo DC, sobre el que han vuelto autores como John Byrne o Brian Michael Bendis. Y en este concepto estuvo inspirado también Proyecto OMAC, uno de los pilares sobre los que se basó el macroevento Crisis Infinita.

Del arte de Kirby qué vamos a decir a estas alturas. Quizás en estas páginas no esté tan detallado como estuvo en puntos más reconocidos de su carrera, pero el dinamismo y la composición de todas y cada una de sus viñetas son para ponerse en pie y quitarse el sombrero. En estas páginas, se deja llevar sin complejos y tiene momentos argumental y visualmente surrealistas, que quizás están algo alejadas de lo que nos tenía acostumbrados el autor neoyorkino, pero son una pequeña joya a la que no se hizo suficiente caso. ¿Algún pero que se le pueda poner? Sólo uno: tras su octavo número, Kirby abandonó DC para volver a Marvel y no le dio un final cerrado. Y como las ventas tampoco fueron precisamente boyantes, DC canceló la serie en lugar de encargársela a otros autores.

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La etapa de Jack Kirby en la Bronze Age de DC no fue tan comercialmente exitosa como lo que hizo en Marvel en la Silver, pero no tiene nada que envidiarle artística o creativamente a lo que hizo en la Casa de las Ideas. Y ya habiendo leído casi todo el material que hizo en los 60, los seguidores del Rey deberían darle una oportunidad a estas obras menos conocidas pero no de menor calidad.

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Enrique Acebes

Enrique Acebes

Quien con monstruos lucha cuide de no convertirse a su vez en monstruo. Cuando miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti.

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