La vida no es igual para todo el mundo. Puede parecer una perogrullada, pero es así y Nadie más es uno de esos cómics que nos invita a mirar por la rendija de una puerta hacia una casa en la que los problemas se suceden uno detrás de otro, y el día a día consiste en un salto hacia delante, improvisando para tapar fugas de un barco que se hunde inexorablemente. La obra se publicó originalmente en 2021 bajo el sello Fantagraphics y consiguió el premio a mejor guion en el festival italiano de Lucca. En España ha sido publicado por la editorial Dibbuks.

La obra nos presenta a Charlene, una madre soltera que trabaja como enfermera mientras cuida de un hijo pequeño y un padre con deterioro cognitivo avanzado y lo que parece una enfermedad de Parkinson. Sin ayuda de nadie, las cosas se complican y su hermano acabará yendo a vivir con ellos, poniendo de relieve la incapacidad de la mujer para poder llevar tanto adelante por sí misma. Ella no se queja, no pide ayuda, simplemente se centra en intentar seguir a flote. A su lado, un niño con preocupaciones de niño y un hermano que desaprueba la actitud de su hermana sin dejar de ser consciente de lo difícil que es para ella.
No conocía a R. Kikuo Johnson, caricaturista del períodico The New York Times, y me ha sorprendido mucho este trabajo suyo. Tiene una capacidad pasmosa para sugerir, mostrar, y que saquemos nuestras propias interpretaciones de las dinámicas familiares y del vasto mundo interior de cada uno de los personajes sin explicitar absolutamente nada. La obra destaca más por los silencios, y las escenas sin diálogo, permitiendo que sea el lector quien comprenda la idiosincrasia de cada uno de los personajes. Esto es algo que sobresale especialmente con Charlene, la madre/hija todoterreno, acostumbrada a que las cosas le salgan mal sin que se le oiga una queja o al menos le cambie el gesto de la cara. Si le echan una bronca en el trabajo por culpa de una compañera, no se molesta en justificarse, como tampoco lo hace cuando su hermano ve sus dificultades para salir adelante y cuidar de todos.

Esto se transmite a su hermano, quien observa (y algo nos dice que desaprueba) pero no la critica, consciente también que no la ha ayudado nunca con su padre y ha llevado su vida como ha querido. La culpabilidad y el reproche se mezclan en la atmósfera, sin que haya escenas de grandes conflictos o discusiones, todas las emociones están contenidas con mucha inteligencia. Lo mismo se puede decir de ese niño consciente del esfuerzo de su madre, pero una inmadurez que le impide comprender que esté más pendiente de llegar a fin de mes que de buscar a su gato, perdido.
El aspecto gráfico juega en esa misma liga: un trazo fino y limpio, propio de las tiras de prensa, con los detalles justos y una ambientación conseguida con los mínimos elementos. Es un cómic que se apoya en los silencios y las elipsis narrativas, aportando detalles para que el lector sea quien construya la historia en su cabeza. También recurre con inteligencia al sugerir en lugar de contar: incendios como puntos de inflexión que desatan todo, juegos de color para recordar escenas pasadas al más puro estilo La lista de Schindler, o finales abruptos que nos recuerden a Los Soprano y nos recuerden que la vida no se va a detener.

En definitiva, Nadie más es una obra que estoy seguro va a pasar sin hacer demasiado ruido, pero que es de las que si te las lees, perduran durante días en tu cabeza, le das vueltas a escenas, a situaciones concretas, y juegas al «si yo estuviera en su lugar…». Necesario recordatorio del importante papel de los cuidadores, de su fatiga y la falta de ayuda en muchos casos que llevan a la claudicación. Dibujo sencillo que contrasta con una narrativa mucho más profunda y con capas, que aprovecha el medio gráfico de un modo bastante interesante.
Lo mejor: Lo que cuenta sin contarlo. Cómo construyes la historia tú como lector.
Lo peor: Va a hacer menos ruido del que merece.
