Es la hora de las tortas!!!

Es la hora de las tortas!!!

Moribundo

Moribundo
Guion
Fran Mariscal.
Dibujo
Fran Mariscal.
Formato
Cartoné, 228 págs, color.
Precio
29,95€.
Editorial
Norma Editorial. 2025.

Comentamos hoy Moribundo, una obra que en las últimas semanas ha captado la atención por motivos ajenos a lo puramente artístico y creativo. Sin intención de profundizar en la polémica, me parece que la obra es suficientemente explicativa y como tal hay que verla, pero por si eso fuera poco, es el mismo autor quien a modo de epílogo hace una declaración de intenciones sobre cómo funcionan los cuentos y las metáforas. Lógicamente quien pueda identificarse con la parte negativa de la historia va a sentirse mal por el rol que le ha tocado, y es lícito mostrar el desacuerdo con la versión, y darse por aludido cuando se conozcan ciertos detalles, pero más allá de eso, en absoluto creo que sea una obra que haga apología de nada, y esto va a ser lo último que diga al respecto. Pasemos a lo puramente artístico y a los detalles de la excelente edición de Norma.


La obra nos presenta a Egon Ditkowicz, un escritor de éxito que conoce a la hija de un clan de vampiros de la que cae perdidamente enamorado, hasta el punto de entregarse en cuerpo y alma a su amor, sin llegar a importarle ni su propia integridad. Su familia y una amiga son las únicas personas que pueden sacarle del pozo en el que se ve inmerso, pero tal vez sea demasiado tarde para conseguir escapar de una relación que solo le trae problemas. Y es más… ¿seguro que quiere huir de esa relación?

Resulta suficientemente evidente, pero como decía el principio, es el propio Fran Mariscal, autor completo de la obra, quien confiesa cómo ha utilizado el recurso literario de las metáforas para contar un cuento sobre el desamor que sufrió al acabar una relación, utilizando el tema del vampirismo para hablar de malas influencias, relaciones tóxicas, cómo cuesta salir de ellas aun sabiendo que no hace bien a ninguno de los implicados e incluso de la depresión en la que se puede caer tras una relación tormentosa con un final abrupto y cruento. De hecho, utiliza las conocidas fases del duelo de Kübler-Ross (con alguna modificación) a modo de capítulos, mostrando el proceso de sanación y aceptación ante cualquier suceso traumático para el ser humano.


La obra está narrada de manera desordenada, dejando al lector que vaya recomponiendo el orden, y de hecho está contada de «casi final» a principio, dejando el último capítulo para contar el epílogo de la historia. Nos va mostrando al protagonista como alma en pena, vagando, y poco a poco se va presentando cómo llegó a ese punto, por culpa de una relación en la que por muy vampiresa que fuera su pareja, ambos comienzan entregándose por completo. La familia, las amistades y la propia incompatibilidad acaba llevando la relación a un sitio tóxico y desagradable, pero como sucede en la vida real. ¿A quién no le ha pasado alguna vez enamorarse de alguien con quien las sensaciones son muy intensas pero que llegado el momento comienzan a saltar chispas en un sentido negativo? ¿Hay buenos y malos? ¿Hay víctimas? No necesariamente. Es cierto que puede haber quién se de cuenta antes y quiera salir de ahí, pero son relaciones de las que jamás puede salir nada bueno por mucho que se esfuercen ambas partes. Hay personas que somos incompatibles, por mucho que el deseo o los sentimientos nos atraigan.

Lo comentaba en mi reseña de Sombras de Aokigahara, sigo a Fran Mariscal desde que era un adolescente con mucha pasión por el cómic, y creo que tiene unas aptitudes para el dibujo increíbles. Solo hay que echar un vistazo al interior de la obra para ver un trazo expresivo y muchas ganas de contar algo nuevo. Eso sí, como autor (cada vez menos) novel, arrastra algunos tics y se le nota que se deja influenciar por las cosas que le han marcado. Solo hay que ver ese protagonista, Egon Spengler Ditkowicz que parece que ha dejado su mochila de Cazafantasmas aparcada para cazar vampiros. Igualmente el apellido del protagonista suena demasiado parecido a la referencia visual más evidente, el responsable del aspecto más recordado de Legión (otra referencia visual para Egon): Bill Sienkiewicz. Es innegable que Mariscal absorbe ese estilo y lo transmite a su propio modo, pero me gustaría ver más trabajos suyos en los que se despegara un poco de esa influencia y sacara más de su propia cosecha. Utiliza cambios de estilo interesantes y recursos como la ruptura del marco de la viñeta que funcionan genial en lo visual, aunque para mi gusto debería haberse dosificado un poco. Pero la mano la tiene, y no me cabe duda que a medida que siga trabajando vamos a tener a un futuro referente de nuestra industria del cómic.


En definitiva, Moribundo es una obra que utiliza una historia de vampiros para reflexionar sobre las relaciones tóxicas y los efectos que producen en las personas que caen en ellas. Resulta muy certera la metáfora de mostrar la fase de post-amor en la que nos convertimos casi en zombis con esta historia de vampirismo. Con un dibujo muy atractivo resulta una buena manera de contar una historia sencilla en la que la temática transmite muy bien lo que se quiere representar. Interesante punto de entrada a la obra de un autor con un potencial impresionante, del que ojalá podamos ver muchas más obras en el futuro.

Lo mejor: La potencia del dibujo. A pesar de lo obvio, funciona muy bien como metáfora.

Lo peor: Me encantaría ver a un Mariscal menos aSienkiewiczado.