París, Otoño 1913. El sueño de paz y progreso de la Belle Époque está a punto de convertirse en la pesadilla de la Primera... Monsieur Prudhomme: Homo Homini Lupus

París, Otoño 1913. El sueño de paz y progreso de la Belle Époque está a punto de convertirse en la pesadilla de la Primera Guerra Mundial. Mientras los periódicos están centrados en la situación política europea, los oscuros callejones de París se tiñen de la sangre de vagabundos y prostitutas. Homicidios brutales, cometidos por la noche y cadáveres abandonados pudriéndose en la calle. Cada crimen va acompañado de una nota con una frase de Los Miserables de Hugo. El inspector Clairmont se dirige a Guillaume Prudhomme, antiguo profesor universitario expulsado de la Académie por sus experimentos ilegales. Cuando Prudhomme llega a la escena del delito, junto con su asistente Marie, tiene claro que detrás de esa serie de homicidios se esconde mucho más de lo que teme Clairmont.

Lo primero que me ha llamado la atención de este Monsieur Prudhomme es que no tiene absolutamente nada que ver con el personaje caricaturesco homónimo del siglo XIX, más allá del apellido. El Prudhomme protagonista de este tebeo está más vinculado al perfil del detective de método científico, siendo Sherlock Holmes el referente más popular, pero sin olvidarnos del Auguste Dupin de Los crímenes de la rue Morgue (Edgar Allan Poe, 1841), el primer detective literario con un perfil así definido. Monsieur Prudhomme es un científico devenido en detective cuyos poco ortodoxos métodos hicieron que le expulsaran de la Academia Francesa, dedicándose desde entonces a la investigación y al trabajo detectivesco. Su papel en esta obra es muy similar al del detective consultor creado por Arthur Conan Doyle, respondiendo aquí también a la llamada de un inspector de policía, en este caso en el París de 1913, para que le ayude a resolver una serie de truculentos crímenes.
monsieur prudhomme

Esta primera historia de Monsieur Prudhomme, titulada Homo Homini Lupus (expresión acuñada por Plauto en el siglo III a. de C., y popularizada por Thomas Hobbes en el siglo XVII), sigue los pasos del detective tras la pista de unos asesinatos que parecen haber sido cometidos por homúnculos, que era como se conocían antiguamente a los hombres artificiales en la literatura de ciencia ficción clásica. Aquí, el guionista Paolo Margiotta (Bianca) utiliza algunos términos y recursos de la ciencia alquímica tradicional para crear a sus villanos autómatas, y se permite el lujo de introducir a varios personajes secundarios que, lejos de ser meras comparsas del protagonista, darán más juego del que en un principio podamos pensar. Si bien la forma en que el detective Prudhomme llega a las conclusiones de su investigación se nos antoja algo apresurada, con actuaciones que apelan más a la mera corazonada que al pensamiento deductivo, resulta un personaje tremendamente carismático, con su puntito de amoralidad y ese toque canalla tan típicamente holmesiano. Prudhomme no es un héroe, es un hombre en búsqueda constante del conocimiento, para quien la resolución de estos asesinatos no es sino una forma de poner en práctica sus conocimientos y experimentos.

Dado que en este relato se mezcla el género detectivesco con el del terror (los paralelismos con Los crímenes de la rue Morgue son más que evidentes), el dibujante debía ser capaz de captar la atmósfera oscura y sangrienta de sus escenarios. El elegido fue Andrea Adiletto, un artista con más experiencia en el campo de la ilustración que en el de la narración gráfica. El resultado es no obstante brillante, si bien la resolución de algunas escenas denota la falta de experiencia de la que hablábamos, y por otro lado comete un grave error de diseño de personajes: las dos mujeres que aparecen en este cómic son prácticamente idénticas, con la misma complexión física, rasgos faciales y pelo, con lo que se hace muy difícil distinguirlas en algunas escenas. Esto crea momentos de confusión, que sólo se pueden resolver releyendo y dando marcha atrás en algunas páginas, rompiendo el ritmo de la lectura. Dejando esto a un lado, el estilo de cómic pintado (aunque se nota que es digital) y la profusión de sombras proporciona a este tebeo la ambientación tétrica que necesita.

monsieur prudhomme

Monsieur Prudhomme: Homo homini lupus no es un tebeo perfecto, ni mucho menos, pero supone una agradable mejora con respecto al anterior cómic de esta editorial que pudimos degustar y reseñar hace poco. Si te gusta el cómic de género detectivesco y de terror, encontrarás aquí una aventura que no por poco original es menos disfrutable. Después de todo, nuestro Prudhomme bebe de los detectives clásicos, y si a eso le sumamos otras influencias de la literatura de terror como El Golem, el banquete de crímenes está servido.

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Antonio Hidalgo

Anteriormente conocido como El Tete, abandonó los sellos y las RCLTG para encargarse de esta web. Y no volvió a mirar atrás. Bueno, algún vistacillo ocasional sí que ha echado.

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