Moztros sigue afianzando su línea manga con la incorporación de la obra del genial Suehiro Maruo. Recordemos que el año pasado fue Shintaro Kago quien se incorporó a su catálogo. De esta forma, bajo una misma editorial se publicarán los mangas de dos de los grandes maestros del Eroguro. Lo mismo que sucedió en su momento con ECC, extinta editorial que llegó a contar con un repertorio impresionante de autores bajo su ala.

Suehiro Maruo es uno de esos mangakas cuya obra debe estar siempre disponible. Su estilo y su sensibilidad a la hora de narrar historias apenas tiene parangón. Ya sea con Paranoia Star, La sonrisa del vampiro, Infierno embotellado o Midori, siempre logra un impacto de tal calibre que deja al lector sumido en un crisol de emociones contradictorias.
Para celebrar la llegada de Maruo a la pequeña editorial catalana, se ha optado por Midori, la niña de las camelias, obra originalmente publicada en 1984 que ha contado con tres ediciones en España hasta el momento: Glénat (2003), ECC (2019) y la de Moztros que ocupa esta reseña. Sin duda, estamos ante uno de los mangas más representativos del autor, adaptado a película de anime en 1992 y a imagen real en 2016. También es uno de los relatos más cortos de Maruo, apenas sobrepasa las ciento cincuenta páginas, pero es espacio más que suficiente para dejarnos con el culo torcido.
Midori, la niña más desgraciada del mundo
La premisa de Midori, la niña de las camelias, es muy sencilla. La protagonista se queda huérfana antes de alcanzar la adolescencia. Su única salida es formar parte de un circo de los horrores (digno de la cinta Freaks) en el que le toca desempeñar las tareas más degradantes y desagradables.

En todo momento, Maruo desata un tifón de desgracias sobre la pequeña Midori. No es que tema por su futuro, es que es consciente de que no tiene ninguno. Por lo tanto, debe aprender a vivir en un mundo en el que, no solo lo ha perdido todo, sino que sabe que tampoco le va a ofrecer nada. La sensación de desesperanza es palpable en cada viñeta.
El autor da el do de pecho a la hora de recrear el universo que envuelve a Midori. Un ambiente turbio, tóxico, insano, pesadillesco… Pero a su vez sugerente y adictivo. Tanto, que quedamos irremediablemente atrapados con la galería de personajes grotescos. Llegados a un punto, casi parece que Maruo está realizando una versión oscura y retorcida del clásico Alicia, en el país de las maravillas de Lewis Carroll.
Ahora bien, Midori es, sobre todo, un análisis del lado más negro del alma humana. Aquel que sucumbe a vicios y excesos. El que solo es capaz de alcanzar el placer cuando se abraza la crueldad y la perversión más absolutas. Es que incluso cuando se atisba (en apariencia) un pequeño arcoíris en el horizonte, la obra nos devuelve a la cruda realidad de un guantazo.
La manera de narrar la historia de Midori resulta provocativa y fascinante en la forma y en el fondo. El estilo gráfico de Maruo, con su línea clara y trazo detallado, se llena de contrastes a la hora de plasmar la delicadeza de la protagonista o la fealdad (interna y externa) de cuantos la rodean. Además, la historia no hace prisioneros a la hora de mostrarnos la miseria humana.

En definitiva, Minori, la niña de las camelias es, como reza la contraportada, una de las obras cumbre del eroguro japonés con su mezcla de humor, sordidez y violencia. Como si se tratase de la traslación al papel de alguna obra de teatro del Grand Guignol francés, este manga (mucho más accesible de lo que parece) se me antoja como la puerta de entrada perfecta en este subgénero. Bravo por Moztros por hacerse con ella.
La edición viene presentada en formato Kanzenban con sobrecubierta e incluye dieciséis páginas a color.


