Hablábamos hace poco menos de un mes del tomo central de los tres que componen esta edición de Norma de la serie. Con Middlewest... Middlewest 3

Hablábamos hace poco menos de un mes del tomo central de los tres que componen esta edición de Norma de la serie. Con Middlewest 3  llegamos al final de una serie que ha sorprendido por ese contraste entre su aspecto (que a priori podría parecer orientado para un público más joven) y su contenido. Llevo dos reseñas hablando de cómo pensaba que esta serie iba a tirar hacia una dirección que al final ha sido así y no lo ha sido a la vez. Pienso que esta serie habla de la ira como rasgo de personalidad, su transmisibilidad genética o educacional, pero sobre todo… su irreversibilidad, su capacidad de alterarla a voluntad, contenerla o anularla. Esperaba un desenlace en el que todo este simbolismo se explicitara mucho más abiertamente, aunque a decir verdad… tampoco era necesario.


Este último arco, en mi opinión, baja un poco de nivel, y es tan lógico como inevitable. Me explico: uno de los fuertes de esta obra era esa sensación de viaje, ese déjà vu de El Mago de Oz  pero en siniestro, con cambios continuos de escenario y la aparición de nuevos personajes. Eso es algo que se frena en seco en este tercer tomo, puesto que habíamos dejado a Abel, su protagonista en una especie de campo de concentración para niños que han huido de sus padres y a esa comunidad que había rechazado al chico, acudiendo ahora a su rescate, después de haberlo rechazado porque su corazón de tormenta la liara parda anteriormente. En estos últimos seis números el escenario será el mismo. Y lo considero lógico puesto que la historia se encamina a su fin, así que es inevitable que la acción esté concentrada en este desenlace de todas las tramas y la construcción de un grand finale a la altura.

La vieja Maggie lidera una avanzadilla para hacer frente al temible líder de Granjas Raider, mientras el padre de Abel sigue intentando encontrar a su hijo. Abel seguirá intentando controlar ese corazón de tormenta que simboliza la ira heredada familiarmente durante varias generaciones, bien para contenerla, bien sea para que cuando se desencadene, se lleve por delante lo mínimo posible. Y qué manera más interesante de reflexionar sobre el tema de la ira. Young construye este cuento a lo Tim Burton en el que esa furia está representada como una tormenta que arrasa con todo a su paso, una tormenta que es diferente en forma y tamaño con cada uno de los miembros de su familia, y que se asume como inevitable. Ahí es donde creo que la obra gana más peso. Con este simbolismo analizan y reflexionan con bastante acierto sobre si el carácter, el mal humor o la ira se pueden controlar. Sobre si algo que se ha heredado de manera genética o educacional tiene marcha atrás y puede llegar a contenerse. Y me gusta mucho porque no se suaviza ni se intenta infantilizar con un desenlace a lo Disney en el que todos se alejan cantando bajo un día soleado, sino que se muestra como algo que requiere mucho trabajo, tiempo y voluntad para cambiarlo.


No voy a repetirme sobre el trabajo de Corona y Beaulieu, que en estos números alcanzan unas cotas altísimas de calidad, pero sí quiero hacer hincapié en la construcción de momentos de gran intensidad emocional junto a Young. La página del reencuentro de Abel con su padre en forma humana, con cuatro viñetas horizontales con el mismo plano y diálogos me partió el corazón, y el hecho de que ese tatuaje del corazón de tormenta vaya creciendo tan sutilmente también es un trabajo de caracterización muy interesante. Me gusta mucho, también, el recurso de esas manchas de tinta que ensucian la página y que van aumentando en presencia según en qué escenas. El enfrentamiento final tiene toda la espectacularidad que requiere la escena y los colores de Beaulieu son fabulosos, con unos matices para los cielos que le dan un impacto visual a toda la obra fabuloso.

En definitiva, Middlewest  me ha parecido una obra francamente interesante. Mucho más adulta y sobria de lo que puede parecer a primera vista, supone una reflexión muy madura sobre la ira. A pesar de todo ese boato que le proporciona a la historia el aspecto fantástico, de criaturas y monstruos desencadenados por el corazón de tormenta, el mensaje llega de manera clara y certera, sin que su interpretación exija demasiado esfuerzo intelectual ni que la faceta fantástica llegue a eclipsar el mensaje en ningún momento. Una obra, además, en la que Corona y Beaulieu alcanzan el pico de su madurez profesional, con un trabajo rotundo y sin discusión posible. La extensión, por otro lado, me ha parecido perfecta. Alargarla un poco más nos habría embelesado por seguir viendo el trabajo del equipo artístico, pero creo que se habría diluido el mensaje mucho más, y eso habría jugado en su contra.


Lo mejor: El equipo artístico y cómo se compenentran. El mensaje de la obra en general y su simbología. La extensión de la obra, perfecta.

Lo peor: Acostumbrados a ese viaje continuo, este tomo, más estático en cuanto a ambientaciones, pierde un poco su encanto (deja con ganas de seguir conociendo ese mundo).

Compartir:

Alejandro Martínez

Alcalde no electo de Star City. Conocido en determinados círculos como "El páharo". Era el único que justificaba sus artículos en esta web, pero los caciques que la dirigen me han obligado a dejar de hacerlo... Sniff sniff.

No hay ningún comentario todavía.

Anímate a ser el primero en comentar.

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Facebook Auto Publish Powered By : XYZScripts.com