Con este segundo tomo de la serie Middlewest  llegamos al ecuador de la serie limitada, que recordemos consta de 18 números americanos o, en... Middlewest 2

Con este segundo tomo de la serie Middlewest  llegamos al ecuador de la serie limitada, que recordemos consta de 18 números americanos o, en el caso de Norma Editorial, tres tomos de seis números cada uno. Aunque todo sigue planteado como una fantasía de aventuras con un tinte tenebroso, ya el lector percibe más fácilmente de qué va toda esta historia y puede sospechar que estamos ante una obra puramente metafórica sobre las relaciones humanas, la ira y sus maneras de manifestarse.


En este segundo tomo seguimos acompañando a Abel y a su fiel zorro compañero de viaje, después de haber acabado el tomo anterior con el desencadenamiento del corazón de tormenta en la comunidad que les acababa de acoger. Eso propiciará que continúe el viaje por pleno Medio Oeste, donde seguirá conociendo a extraños seres, amigos y enemigos de ese viaje tan peculiar, e igualmente se producirá algún reencuentro inesperado. Todo con el miedo del pequeño Abel a si podrá conseguir controlar esa ira que lleva en su interior, mientras su padre sigue buscándole desesperadamente.

Young y Corona siguen contando esta historia de fantasía con tintes tenebrosos que asustan mucho más por lo que sugiere que por lo que muestra. La historia entra en un punto donde el lector adivina qué nos están contando y, a pesar de ese tono de fábula, de aventura fantástica con personajes pintorescos con diseños llamativos, deja un poso de mal rollo tremendo. Vemos claramente cómo ese corazón de tormenta que comparte Abel con su padre se activa con la ira y genera una tormenta que lo arrasa todo a su paso… Es decir, la ira desbordante arrasa todo lo que rodea al personaje… suena a algo bastante poco fantástico, ¿verdad?


De este modo, los autores están construyendo esta historia fantástica en torno a un tono muy serio, con un tono más cercano a historias del corte de Un monstruo viene a verme  o Soy una matagigantes , o al menos es la impresión que va dejando la serie. Estamos ante una serie muy rica en personajes secundarios, aunque el peso de la historia lo llevan Abel y el zorro, con una relación que será puesta a prueba en este tomo y con esa duda continua de si Abel puede superar a su propia naturaleza o ese corazón de tinieblas es algo que debe aceptar y convivir de la mejor manera con él.

En cuanto al dibujo, ya avisaba en el anterior tomo que el trabajo de Jorge Corona y Jean-François Beaulieu me parecía muy por encima de la media, y las recientes nominaciones a los premios Eisner así lo confirman, habiendo resultado nominados tanto dibujante como colorista. Y es que el dibujo y el color resultan fundamentales para ambientar esta historia. Ese tono cartoon de Corona, junto a las reminiscencias a otras historias infantiles hacen bajar la guardia al lector, esperando una historia amable y, por tanto, el mazazo de mal rollo que deja a medida que se va desarrollando se recibe con mucha más fuerza. El color de Beaulieu es muy atmosférico, con esos escenarios nocturnos, bosques, regiones nevadas… que producen muchas sensaciones en el lector, y va mucho más allá de un mero embellecimiento del dibujo.


En definitiva, Middlewest 2  nos confirma que estamos ante una serie limitada muy interesante. Encuentro acertada la extensión elegida para ella, con un objetivo muy bien planeado y evitando así irse por las ramas o estirar el chicle, algo que minimizaría mucho el efecto desasosegante que tiene la historia. La historia concluye en el tercer y último tomo, pero la acabaremos con la alegría de la confirmación por parte de Image de un nuevo trabajo a cargo del mismo equipo guionista/dibujante/colorista de esta: The me you love in the dark . Probablemente esta Middlewest  esté pasando más desapercibida de lo que debiera, y quién sabe si el desenlace de la historia nos dejará con un mal sabor de boca, pero es innegable que el viaje está resultando absolutamente refrescante y la lectura deja con ganas de más.

Lo mejor: La ambientación que proporcionan Corona y Beaulieu. El continuo tono de mal rollo que tiene la historia.

Lo peor: Alguien puede quedar con la sensación de déjà vu de que ya sabe lo que está leyendo, aún así el trabajo artístico creo que justifica de sobra la lectura.

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Alejandro Martínez

Alcalde no electo de Star City. Conocido en determinados círculos como "El páharo". Era el único que justificaba sus artículos en esta web, pero los caciques que la dirigen me han obligado a dejar de hacerlo... Sniff sniff.

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