Transcurre la década de los 70 cuando el productor galo Michel Seydoux elige a Alejandro Jodorowsky para dirigir uno de los proyectos más ambiciosos... Reseña: Metabarón #2. Khonrad, el Antibarón

Transcurre la década de los 70 cuando el productor galo Michel Seydoux elige a Alejandro Jodorowsky para dirigir uno de los proyectos más ambiciosos de la historia del cine: la adaptación cinematográfica de Dune, la prestigiosa (y muy popular por la época) novela de ciencia-ficción de Frank Herbert. A aquellas alturas Jodorowsky ya había realizado tres películas, producidas en México, a caballo entre lo surrealista y lo lisérgico. Artista polifacético, escritor y psicomago, ahora también director de cine sin apenas conocimiento de los aspectos técnicos de la profesión; Sólo genialidad inclasificable y atrevimiento. En sus manos iba a recaer el peso de una producción gargantuesca. Como ya se ha contado una y mil veces (imprescindible el documental Jodorowsky’s Dune), Jodo recluta un equipo humano absolutamente insólito para la ocasión. El reparto que nunca llegaría a reunirse contaba con estrellas y figuras de la talla de Salvador Dalí, Orson Welles, David Carradine o Mick Jagger. No obstante, el equipo de preproducción y diseño sí iba a trabajar codo con codo durante un tiempo. HR Giger, Chris Foss, Dan O’Bannon y sobre todo Moebius conformaron un equipo inolvidable que generó algunos de las conceptos más brillantes de la historia de la ciencia-ficción en el cine. Ideas que, por otro lado, no se desarrollarían en Dune. Como todo el mundo sabe la película se salió del carril y nunca llegó a rodarse. En su lugar tenemos todo un universo desarrollado en los cómics, del que la serie Metabarón forma parte.


Guion: Alejandro Jodorowsky, Jerry Frissen.
Dibujo: Valentin Sécher.
Editorial: Yermo Ediciones.
Formato: Cartoné, 56 págs. A color.
Precio: 16,00 €.


Cuando Jodorowsky decide adaptar Dune ni siquiera había leído el libro de Herbert. Él mismo explica que nunca fue su intención ser respetuoso con la trama original ideada por el escritor norteamericano. Según Jodorowsky, a la hora de adaptar una obra para otro medio es necesario ultrajarla, como el novio que rompe el vestido de la novia en la noche de bodas con el objetivo de concebir una nueva criatura única. El caso es que esas nuevas ideas descartadas para lo cinematográfico no iban a quedarse en un cajón. Tras el fracaso de la película, Jodorowsky y Moebius decidieron canalizar aquel torrente creativo en forma de tebeo. En 1981 nace El Incal, uno de los cómics más importantes de la historia del noveno arte. Posteriormente, Jodorowsky continúa desarrollando la mitología del Jodoverso junto a al celebérrimo dibujante Juan Giménez en La casta de los Metabarones (1993-2003). Después de estas dos obras fundacionales, el destino del último Metabarón se seguiría contando en los dos volúmenes que comprenden el arco titulado Castaka (2008 y 2014), dibujado por Das Pastoras, y en el álbum Las armas del Metabarón (2010), con Travis Charest y Zoran Janjetov a los lápices.

La obra que hoy nos ocupa recoge el testigo de la saga, pero con Jodorowsky con un pie fuera del tren. Esta vez el artista chileno propone el argumento, pero es Jerry Frissen quien da forma y estructura a la historia. El escritor nacido en Bélgica, pero de nacionalidad norteamericana, es famoso por la serie Lucha Libre publicada en los USA por la editorial Image Comics. En Europa también presume de un puñado de publicaciones en Humanoides Asociados, entre las que destaca Les Zombies qui ont mangé le monde. Para la ocasión, la del Metabarón, se hace acompañar del sensacional dibujante Valentin Sécher. Artista francés que empezó a estar en boca de todos gracias a su trabajo en Khaal: Crónicas de un Emperador Galáctico.

La primera parte de la historia presentaba al Metabarón, en el exilio voluntario, regresando a Mármola, planeta originario de la casta de guerreros invencibles a la que pertenece. El objetivo era proveerse de Epifita, el material que propicia los viajes estelares en el universo del Incal. La vuelta del Metabarón al planeta clave, objeto de deseo de todos los poderes de la galaxia, activa todas las alarmas del Tecnoimperio. En este segundo álbum, el Tecnoalmirante Wilhem-100 continúa liderando la caza del Metabarón y la defensa de Mármola. En estas, su sirviente/esclavo/amigo más cercano diseña un plan infalible para eliminar de una vez por todas al guerrero indestructible. Khonrad, el antibarón, entra en escena.

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Las reminiscencias de Dune continúan ahí. La Epifita es un trasunto de la especia Melange, y Mármola no es otro que el planeta Arrakis. Sin embargo, parece que con Jerry Frissen el tono general de la obra es menos delirante y la trama tiende a ser más aventurera y con conceptos menos intensos que la norma con Jodorowsky. Los personajes y la esencia de los Metabarones se mantiene, preservando incluso esas ideas pasadas de vuelta tan propias de la saga, como ese ser engendrado en el vientre de la mujer más bella del universo y trasplantado al útero de una ternera. No obstante, el conjunto es decididamente más digerible; Apto para un espectro más amplio de lectores potenciales. Los amantes del estilo enrevesado y extraño de Jodorowsky quizá echemos de menos los excesos de obras anteriores ambientadas en este particular universo, pero hay que reconocer que Metabarón cumple de sobra con la pretensión de devolvernos las sensaciones propias del Jodoverso.

Si bien la historia resulta cumplidora, es en el apartado gráfico donde Metabarón encuentra su punto fuerte. Valentin Sécher moderniza el aspecto gráfico de la saga, aportando una visión más cinematográfica y rediseñando algunos elementos de atrezo y vestuario. Ahora la armadura del Metabarón y la de su enemigo recuerdan de algún modo a los trajes vistos en, por ejemplo, Mass Effect o Pacific Rim. El estilo más ornamentado de los diseños de Juan Giménez se abandona en buena medida, aunque todo continúa resultando familiar y reconocible. Respecto al color, Sécher maneja un estilo pictórico y cuidado al detalle que hará las delicias de los más exigentes.

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La saga debe continuar en otras tres tandas de dos volúmenes franceses cada una, con Jerry Frissen dando forma en todo momento a las ideas de Alejandro Jodorowsky. De cada pareja de álbumes se debe encargar un dibujante diferente, sean Niko Henrichon (Los leones de Bagdad), Mukesh Singh (18 días) y ¡ojo! el gran Esad Ribic (Secret Wars, Thor). Al parecer, la idea de Les Humanoïdes Associés es publicar dos álbumes al año hasta finalizar la colección. Y que nosotros lo veamos a través de Yermo Ediciones.

Concluyendo, Metabarón presenta una continuación más ligera y fácil de leer de los personajes, lugares y situaciones creados por Jodorowsky, Moebius y Giménez; pero al mismo tiempo resulta más superficial y menos provocadora que aquellas primeras historias nacidas del incompleto proyecto Dune. Imprescindible para los fans de Jodoverso, y recomendable como punto de contacto para aquellos que aún no le han dado una oportunidad a los mejores tebeos de ciencia-ficción que se han creado en Europa.

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Mario

He visto cosas que vosotros no creeríais. Atacar naves Skrull más allá de Apokolips. He visto al Doctor Manhattan brillar en la oscuridad cerca de la Zona Azul de la Luna. Todos esos momentos, guerra química y podcast.

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