Con Masters del Universo. La forja del destino Moztros inaugura la adquisición de una nueva licencia para su sello. Poco a poco, se está haciendo con casi todas las IPs relacionadas con la cultura friki de los años 80. Tortugas Ninja, Street Fighter, Power Rangers… y ahora, los Masters del Universo, aquellas figuras de acción que colocaron a Mattel como marca número 1 en plenos años 80 y que se vio impulsada por una serie de animación y unos minicómics que nos convirtieron a los que éramos niños en esa década en absolutos fanáticos de aquellos extraños personajes que combinaban aspectos propios de la Espada y Brujería con la tecnología avanzada.

Con esta miniserie de cuatro números, Dark Horse pretendía seguir captando a los nostálgicos de aquellos personajes pero sin dejar de lado a los posibles nuevos fans surgidos a partir de la serie de animación de Netflix Masters del Universo: Revelación. Así, nos sitúa poco tiempo antes del comienzo de la serie, con un He-Man aún inexperto, que tiene a la hija de Man-at-Arms, Teela ajena a su doble identidad. La joven guardaespaldas no gana para sustos con las continuas escapadas del hijo del rey Randor y lo atribuye a la promiscuidad, fruto de su juventud y buena apariencia. En esta ocasión veremos a Skeletor intentar hacerse con la tecnología de Anwat Gar. Para ello tramará un plan que enfrentará al reino de Eternos con los curiosos seres de piel azul que habitan en la isla.
Tim Seeley se encarga de una miniserie que funciona bastante bien. No descubre la pólvora, no pretende hacer la serie definitiva, sino simplemente contar una historia que sirva de vínculo para los que han descubierto a estos personajes gracias a la serie de Netflix. En ese aspecto es efectiva. Por otro lado, tiene muy presente al núcleo duro de fans de estos personajes que, si bien, van a encontrar una historia inocente y sin demasiado recorrido, van a conseguir el extra de conocer el origen de un personaje al que conocen bien: Sy-Klone.

El origen de este personaje ha ido cambiando a lo largo de los años. Surgió como figura de acción en 1985 y poco después apareció en la serie de animación de Filmation, donde su participación se reduce casi hasta la categoría de cameo. Poco después apareció en los libros ilustrados de Golden Books, concretamente en I have the power, donde se refieren a él como Tornado Humano, un apelativo que aquí es usado como guiño. Ahí se le dota de un origen de acróbata de circo convertido en cíborg por Skeletor, algo que también es utilizado en este cómic con ciertos guiños hacia ese origen inicial que tan poco tiene que ver con lo que veríamos en la serie de animación de 2002, donde se convertía en una especie de samurai robótico, y donde ya se le asignaba su origen en Anwat Gar. La serie de Netflix de 2021 tenía previsto incluir a Sy-Klone en su cuarta temporada, pero la cancelación tras la tercera nos impidió ver su debut allí. Curiosamente, Seeley ha rendido un cierto homenaje al personaje al incluirlo en esta miniserie, a pesar de que no aparece ni en Revelación ni en Revolución. Con un detalle tan pequeño, se asegura de tenernos a los más frikis de la franquicia haciendo nuestras propias teorías.
El dibujo de la miniserie corre a cargo del californiano Eddie Núñez, quien ha americanizado su apellido por puro pragmatismo y aparece en todos sus trabajos como Eddie Nunez. Su estilo es perfecto para una serie como esta, puesto que ese estilo limpio con figuras de contorno muy bien delimitado, le dota de una similitud con las series de animación que sin duda facilitará el salto a los que lleguen a este cómic alentados por haber disfrutado las series de Netflix. El tomo cuenta con todas las portadas extra y algunos bocetos de lápices, tinta y color que siempre resultan interesantes.

En definitiva, Masters del Universo. La forja del destino es una miniserie de 4 números ideal tanto para los que se acerquen a la versión en cómic de unos personajes que han podido conocer gracias a las series de animación de Netflix, pero también resulta un curioso homenaje a una de las figuras más minoritarias que tuvo Mattel en sus inicios, pero con un diseño suficientemente interesante como para resultar atractivo a los fans. Rehace el origen de Dash-Shel respetando a través de pequeños guiños los anteriores orígenes que había tenido el personaje. Serie rápida de leer, bien escrita y divertida, ideal para acercarse el universo MdU sin temor a perderse entre sus muchos personajes y líneas narrativas.
Lo mejor: Si tuviera que quedarme con un calificativo sería «efectivo».
Lo peor: No descubre la pólvora, reconociendo que en ningún momento lo pretende.


