Hace más de una década que Ed Brubaker se dedica en exclusiva a sus tebeos de creación propia junto a Sean Phillips. Pero el autor de obras como Criminal, Reckless, Fatale, The Fade Out o La casa de los impíos estuvo buena parte de su carrera escribiendo cómics para DC y Marvel. Mientras que en la primera dejó un buen puñado de números de Batman para enmarcar, en la Casa de las Ideas se encargó de la que es, en mi opinión, la mejor etapa que jamás se ha publicado del Capitán América.

Usa como pilar la resurrección de Bucky. Posiblemente, uno de los regresos más modélicos en la historia del noveno arte, convertido en el Soldado de Invierno como elemento fundamental para desarrollar las tramas de la colección del abanderado durante ocho años. Brubaker convirtió la cabecera del centinela de la libertad en algo mucho más grande que un simple tebeo de superhéroes, abordando temas como la redención, la confianza y la búsqueda de la identidad.
Consciente de que la caja de Pandora que había abierto ya no podía cerrarse, el autor decidió rellenar los huecos del queso gruyere que él mismo había elaborado. Así llegamos a esta serie de Capitán América y Bucky, uno de los muchos proyectos que acompañaron al primer filme del personaje en el lejano verano de 2011. Como buen padre de la criatura, Brubaker se encargó durante nueve números de rellenar la convulsa cronología del intrépido Bucky Barnes. Pese a que en los créditos reza que Marc Andreyko y James Asmus son co escritores, cada página de este tomo tiene el sello inconfundible de Ed Brubaker. Por lo que no entraremos a desgranar más este apartado, al no tener muy claro qué parte corresponde a cada uno de los implicados.

La historia comienza presentando a un chaval pelón y malhumorado llamado James Barnas. Mucho más que un adolescente rebelde y enfadado con el mundo, lo que se nos muestra es a un jovencito que lo ha perdido todo y que solo sabe enfocar su rabia y frustración con los puños. De esta guisa, la serie muestra cómo llega a entrenar con las fuerzas especiales británicas y es enviado al frente para ser el compañero del Capitán América… O más bien su brazo ejecutor. Y es que mientras que Steve Rogers era vendido como el símbolo de esperanza de la nación, su sidekick era el brazo ejecutor o la mano que se ensuciaba en las misiones más secretas.
Para estos números se contó con Chris Samnee y Bettie Breitweiser para el dibujo y el color respectivamente. La pareja artística centra su trabajo en recrear la fuerza emotiva y nostálgica del relato. Nostálgica por ese halo que envuelve a las viñetas hasta el punto de que parece que estamos viendo un noticiario propagandístico de los que se emitían en los cines de toda Norteamérica. Y emotivo porque Bucky es un ser humano profundamente torturado que aprende muchas veces por la vía mala la realidad del mundo en el que vive, como en la escena en la que descubre la existencia de los campos de exterminio nazis. Sencillamente demoledor.

Después de esta historia, Brubaker y Asmus van un poco más allá junto a Francesco Francavilla para alejarse un poco del género de las capas y las mallas y adentrarse en el thriller de espías más propio de las novelas Pulp. Aquí ya podremos ver al Soldado de Invierno en acción. El lavado de cerebro, su puesta en la “nevera” entre misiones, su relación con la Viuda Negra o la pérdida paulatina de su propia humanidad.
El trazo más sobrio, oscuro y expresivo de Francavilla le sienta de maravilla a unos números donde es difícil distinguir que es blanco y negro. Y es que Bucky se mueve en una escala de grises, que plantea un interesante debate porque sí, es él quien ejecuta las órdenes de sus amos, es él quién aprieta el gatillo o clava el cuchillo, pero también es él quien no controla su propia mente. Este segundo arco es el complemento a los arcos “El juicio del Capitán América” y “Gulag”, con los que Brubaker se acercaba al final de su larga etapa como escriba del Capi.

En su momento no pude hacerme con la primera edición de estos cómics en formato 100% Marvel. Tampoco me enteré de que Panini los incluyó en la edición Integral del Capi de Brubaker. Pero a la tercera va la vencida y no puedo más que recomendaros su lectura, de lo mejorcito que he leído del primer vengador.


