El tercer Premiere dedicado a recoger la andadura (todavía sin final) de Ryan North en la cabecera de los Cuatro Fantásticos se me antoja poco menos que imprescindible. El guionista de Matadero Cinco se ha cargado de un plumazo (o ha jugado como ha querido), una de las normas no escritas más relevantes de la Casa de las Ideas. Me estoy refiriendo al paso del tiempo (algo similar a lo que ha sido el nuevo Universo Ultimate) haciendo que los meses transcurran casi a la misma velocidad tanto en las páginas de los cómics como en el tiempo real.

Al principio de su etapa, para salvar los muebles de la enésima amenaza global, Richards tuvo que mandar una manzana entera de Nueva York un año al futuro. Esto provocó que todo el grupo fueran visto como parias y, sobre todo, rompió la unidad familiar, separando a Reed, Sue, Johnny, Ben y a Alicia de sus hijos/sobrinos. Sobre estos cimientos, North ha ido construyendo una etapa extraña, original y fascinante a partes iguales. Ha prescindido casi por completo de la épica superheroica para centrarse en el vínculo que existe entre los personajes, haciendo que estos vivan aventuras que coquetean sin pudor con otros géneros.
Pues bien, en este volumen se producirá la tan ansiada reunión de la familia al completo. Un acontecimiento que abre todo un universo de posibilidades para el escritor, pudiendo explorar nuevas dinámicas y situaciones. Eso sí, antes de llegar a esto (sucede en el capítulo 15 original USA), todavía hay algunas emociones fuertes que vivir.

Para los que lean esta reseña sin haber leído ningún tebeo de los Cuatro Fantásticos de esta época, sirva como recordatorio que Ryan North está yendo a su puñetera feria, rompiendo con todos los convencionalismos que puede y vertebrando la serie en pequeñas historias de tan solo uno o dos números. Centra así todos sus esfuerzos en destacar a los protagonistas por encima de sus enemigos o de los peligros a los que hacen frente.
Cada aventura que viven sus 4F es una muesca más en el bagaje vital de los integrantes del equipo y, aunque no lo parezca, nada pasa en vano, todo cuenta. No obstante, creo que todavía vamos a tardar bastante en ver la mano de cartas boca arriba.
De todas formas, mejor entramos en faena. “Lo imposible es probable”, que es como se llama este volumen, empieza con una saga de dos capítulos en la que viajaremos a un universo alternativo en el que los dinosaurios del jurásico no se extinguieron, evolucionando sin la intervención de obstáculos como la aparición del hombre o la caída del meteorito. Bizarra, tierna por momentos y muy, muy divertida que nos deja con la moraleja de que el Doctor Muerte siempre será el Doctor Muerte, da igual la forma y el tamaño que tenga. Ains, ya podría haber aprendido algo Jason Aaron sobre el personaje en la recta final de su etapa en Vengadores.

Seguimos con otra historia de pura ciencia ficción que bien podría haber sido un capítulo de The Twilight Zone o The Black Mirror centrado en la tan cacareada inteligencia artificial (da igual el medio que la acoja, la IA siempre mal, como debe ser). En estos números, North consigue crear una atmósfera mal rollista e insana.
Para el final tenemos dos historias unitarias que son lo mejor del tomo, y casi de la colección. La primera es una divertidísima comedia en la que los chavales de los Cuatro Fantásticos tratan de impresionar a su profesora de ciencias con un experimento que sale mal. Da gusto leer a niños y adolescentes portándose exactamente como se supone que deben ser. Aquí la cosa no va de salvar el mundo, aquí lo quieren es molar más que sus compañeros de clase y tener las mejores notas.
Finalizamos con una rocambolesca pelea a través del tiempo que empieza como un whodunit imposible de resolver. North enseña su lado más juguetón y nos recuerda que Sue Storm es el miembro más poderoso de los Cuatro Fantásticos por muchos motivos.

En el apartado visual contamos con el talento de cuatro dibujantes, que incluye a Carlos Gómez e Iban Coello, que realizan un trabajo excelente pese a que sus estilos no son demasiado parecidos. ¿Me gusta el dibujo de este volumen? Sí, es más que correcto ¿Me cabrea que no haya una mayor estabilidad? Totalmente. Creo que la falta de identidad gráfica que atraviesa Marvel es uno de sus muchos problemas. Al menos no han cogido dibujantes de todo a cien como pasa en otros muchos títulos. Menos mal que siempre nos quedará Alex Ross dando cohesión con sus excelentes portadas.
En definitiva, la colección del primer supergrupo de Marvel es un pequeño oasis en el desierto de mediocridad que atraviesa la empresa. Un desierto que no para de crecer, por cierto.


