Que los Cuatro Fantásticos deben una de las puntas de lanza de la línea editorial de Marvel Comics es una obviedad como una catedral. Sin embargo, desde la finalización de la etapa de Jonathan Hickman, el grupo ha vivido una pequeña travesía por el desierto con estancias poco celebradas por autores de renombre como James Robinson o Dan Slott. Tampoco ayudó que Disney no tuviera control sobre esos personajes. Una circunstancia que ha propiciado que hasta 2025 no hayamos tenido una nueva, y buena, película del cuarteto en los cines.

Por esta serie de motivos, me llamó mucho la atención cuando la Casa de las Ideas confió en un autor como Ryan North para el cargo. No menos sorprendente es la libertad creativa de la que está haciendo gala para ofrecer a los lectores uno de los tebeos de superhéroes más originales y fascinantes de cuantos se han publicado en los últimos años.
North venía abalado por ser un guionista con la capacidad de escribir diálogos naturales, llenos de chispa y energía. Tampoco le era ajena la ciencia ficción, pues se encargó, junto a Albert Monteys, de la ambiciosa adaptación de Matadero Cinco. Y pese a todo esto, un servidor tenía sus dudas de lo que nos iba a poder ofrecer en un título tan importante. Pues bien, han sido suficientes once entregas (recopiladas en dos Marvel Premiere) para que me haya postrado a sus pies.
Más arriba mencionaba a Dan Slott, el escritor de la etapa precedente. Pues precisamente, de las consecuencias de la Guerra de Cuentas, North está sacando petróleo. Primero, por servir de catalizador para que Reed, Sue, Ben y Johnny estén en una situación si bien no inédita para ellos, al menos sí poco frecuente al no gozar del favor del público. Segundo, porque el hecho de que hayan mandado a un puñado de niños por el tiempo ha mosqueado mucho al Doctor Muerte (uno más en la familia le pese a quien le pese), puesto que su ahijada Valeria se encontraba entre ellos.

Así llegamos al primer número con el que abre este segundo Marvel Premiere de los Cuatro Fantásticos. Un comienzo por todo lo alto con la inclusión del número setecientos americano. Una efeméride que me haría mucha más gracia y resultaría mucho más llamativa si la serie no se hubiera renumerado un millón de veces desde el fatídico número uno de Heroes Reborn de Brandon Choi y Jim Lee. A estas alturas de la vida dudo que le importen a nadie las numeraciones legado.
Berrinches aparte, este episodio redondo es una completa maravilla. North se las apaña para meter muchísimas cosas en cuarenta cochinas páginas. Desde una nueva base para los Grimm-Masters-Storm-Richards, pasando por el regreso de su más letal enemigo en una historia que abraza el nuevo enfoque del título donde la ciencia ficción manda de manera clara sobre la épica superheroica más clásica. Un sinfín de bucles temporales y singularidades nos abofetearán en las sinapsis mientras presenciamos el enésimo intento de Víctor por ser más inteligente y resolutivo que su antiguo compañero de facultad.
La verdad es que el Doctor Muerte de Ryan North es un personaje la mar de disfrutón. Verborreico, lanzando pullas a cada frase que suelta, chulo como él solo y siempre con la última palabra en la boca pese a que todos sus esfuerzos por arreglar lo que Mr. Fantástico estropeó no lleguen a buen fin. Sin duda, un número conmemorativo redondo que también merece la pena leer por ver el alegato del autor sobre el valor de las familias disfuncionales. Como se dice en algún momento, los 4F vencen por luchar como uno, cada uno de sus miembros protege y complementa a los demás.
Una familia en constante crecimiento, puesto que Alicia Masters es una más en toda regla. De hecho, North se marca un número sumamente emotivo. Todo un homenaje a aquellos que no pueden disfrutar de un cómic por culpa de la ceguera, hablando de cómo Alicia se imagina los tebeos de superhéroes según se los van transmitiendo de manera verbal. Son estos pequeños detalles los que hacen grande a este título.

El resto de capítulos siguen la línea episódica (aunque hay una aventura desarrollada en dos números) de este relanzamiento. Como si fueran episodios de The Twilight Zone o Black Mirror, North afronta cada argumento con la firme intención de ofrecer un inicio-desarrollo-desenlace de manera contenida cada mes. Con una variedad de temáticas que van desde la recuperación de monstruos clásicos de Marvel o una caída libre que ocupa casi todo el tebeo. Lo cierto es que, a nada que uno entre en el juego, es imposible aburrirse con estos Cuatro Fantásticos. Nunca sabes por dónde van a ir los tiros en el siguiente número.
Soy consciente de que esta, en apariencia, falta de dirección puede no ser del agrado de todo el mundo. Especialmente aquellos que gusten de una estructura más continuista con tramas río que se desarrollen durante mucho tiempo. Supongo que en algún momento North desvelará su plan maestro. Pero si os soy sincero, tampoco me importaría que no lo hiciera. El soplo de aire fresco que me da esta serie compensa lo demás.
El único detalle, muy tonto, que no me ha terminado de gustar de este volumen es la aparición de cierto personaje secundario, al que apenas se le ha visto sobre el papel, y que supuestamente estaba muerto. Se lo cepilló Mark Millar en un par de viñetas. El cómo ha vuelto a la vida es algo que se me escapa, aunque teniendo en cuenta mis lagunas con los cómics de los 4F se ha podido contar perfectamente en algún sitio. Chorradas de Continuity Cop, lo sé.

A nivel artístico, este relanzamiento de los Cuatro Fantásticos sigue gozando de buena salud gracias al buen hacer de Iban Coello (cada vez le veo más suelto y cómodo) y de Iván Fiorelli. Además, en este volumen también participa el argentino Leandro Fernández, con la clase y oficio que le caracteriza.
En resumidas cuentas, ya entiendo que mucha gente me decía que si solo podía leer una serie de actualidad de Marvel tenía que ser esta. Vaya si lo entiendo. Deseando estoy de que Panini publique el tercer Premiere.


