Voy a empezar de manera tajante. La etapa de Philip Kennedy Johnson en el Increíble Hulk es la que más me ha gustado desde que Peter David dejase el título hace más de veinte años. Sí, me lo pasé bien con Paul Jenkins o Greg Pak, pero ni Mark Waid, ni Donny Cates, ni Al Ewing me hicieron vibrar. Sobre todo este último, que, tras un primer par de años brillantes, acabó enfangado mucho más de lo que me hubiera gustado, entrando en terrenos abstractos y metafísicos.

De momento, lo visto en la etapa de PKJ me ha flipado muchísimo más, anclando al personaje a un ámbito más físico (sin meta que valga) y apostando casi todas las cartas al terror intrínseco a la naturaleza de Hulk, desde su aspecto horripilante, pasando por los referentes literarios de Dr. Jekyll y Mr. Hyde (por la personalidad dual) o Frankenstein (por aquello de que el gigante verde es, a su accidentada manera, una creación de Banner). Con estos mimbres, el autor se ha marcado un inicio de etapa sumamente atractivo y prometedor.
Hulk No Turning Back
La era de los monstruos, como se llama este primer título, es un retorno a los orígenes en toda regla. La portada del recopilatorio, con su homenaje al primer número de Lee y Kirby, ya nos deja entrever por dónde van a ir los tiros. También recuerda a la serie televisiva de los años setenta protagonizada por Bill Bixby y Lou Ferrigno. Una referencia catódica nada casual, pues, por el momento, la estructura narrativa es muy similar a la de una producción de la pequeña pantalla, con Hulk enfrentándose al “monstruo de la semana” en cada grapa.

Ahora bien, el hecho de que haya mucha más acción que en los cómics firmados por Ewing, no quiere decir que estemos ante un tebeo vacío, ni mucho menos. Toda la destrucción y desenfreno que imprime PKJ a la historia está justificada. Los monstruos atacan a Hulk sin cuartel por la intervención de una entidad diabólica muy antigua con tintes lovecraftianos, y el escritor no tiene pudor en volcar sobre el procesador de texto todo lo que le gusta de sus autores literarios preferidos, algo que es positivo a todas luces. Los motivos por los que este nuevo enemigo quiere al alter ego de Banner no se conocen por el momento, pero confieren a la etapa un aire de misterio que le sienta muy bien.
Siguiendo con el desarrollo de personajes, el foco se centra, otra vez más, en el conflicto Banner-Hulk. El primero quiere estar solo, seguir con su sufrida vida nómada para no entablar ningún lazo y, de esa manera, evitar hacer daño a alguien. El segundo quiere salir y tiene más ganas que nunca de hacerse con el control de la situación. Una circunstancia que sirve de puente para que hablemos de otro de los grandes alicientes de la serie: el arte.

En este nuevo volumen de El Increíble Hulk nos encontramos con Nic Klein como dibujante regular del título. Recién llegado de Thor, el artista realiza el mejor trabajo de su carrera echando el resto en las escenas de transformación en las que Banner acaba cediendo ante de las ansías de liberarse del monstruo que alberga en su interior. Cuando llega este momento, el mundo se detiene, el texto desaparece y toda la atención se centra en un dibujo espectacular, grotesco, terrorífico. Una lección de Body Horror tan espeluznante como detallada. Lamentablemente, Klein no puede con el ritmo normal, por lo que tiene a Travel Foreman como notable sustituto. No brilla tanto, pero su estilo le va como un guante al tono de la serie
La serie que nos ocupa resulta tan refrescante porque se aleja del tebeo de superhéroes habitual de Marvel gracias a sus altas dosis de terror sobrenatural. PKJ nos regala todo un relato de Folk Horror en la América profunda, que se asemeja más a las historias clásicas de EC o Warren, o incluso a la macabra diversión pulp del Hellboy de Mike Mignola. Todo bien.

Para colmo, esta nueva etapa de Hulk engancha como pocas, sorprende por momentos y se lee rápido. Quizás demasiado rápido, porque aunque pasan muchas cosas, la trama principal avanza muy lentamente. Los autores se centran más en la emoción y la situación que en el desarrollo. Esta es la única pega que le encuentro. Eso sí, teniendo en cuenta lo bien que me lo he pasado, me parece un mal menor. Que cuenten conmigo para los siguientes.
La edición de Panini es sencilla. Tapa blanda, no hace falta nada más, con un par de artículos de Julián Clemente (que se nota que ha disfrutado de la serie) y una galería de portadas alternativas.


